Sábado 20 de noviembre de 2010

Semblanza de Santiago Ayala “el chúcaro”

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Por Juan Carlos Fiorillo – Dicen que una luna enamorada de los bailarines allá en el cielo, iluminó un lugar para que ellos pudieran danzar como palomas con pies de ángeles sobre el escenario mágico de la zamba dibujada entre los hombres libres del mundo. La danza, lenguaje maravilloso de la expresión corporal.

Un 16 de octubre de 1918, nace en el barrio San Vicente de Córdoba, el bailarín de danzas nativas Santiago Ayala, más conocido como “El Chúcaro” (su nombre completo Segundo Santiago Ayala), zapateador, malambista y creador de innumerables coreografías gauchescas.

Mezcla de talento y diablo, prestancia y gallardía, este genio y figura fue un caminador del mundo, un visitante de los tablados embrujados del baile con toda la sangre natural que le andaba fluyendo del alma.

Un hombre de honda inspiración artística. De niño su sueño era tal vez verse reflejado bailando en un escenario. De grande enseñar lo aprendido a los más chicos. Porque siempre le preocupó poder  dejar  una escuela de lo que él modestamente llamaba el baile popular. Con el tiempo su sueño se cumplió, creó el Ballet Folklórico Nacional.

Un cuerpo privilegiado para descubrir y articular los movimientos vitales del baile para dejarlo en las inocentes manos que dibujan las coreografías, esas que como un susurro se quedan en el aire presentido. Tuvo el tiempo suficiente para amasar la historia de la danza folklórica con las más bellas imágenes sobre innumerables escenarios.

Si San Vicente fue su cuna, Buenos Aires su destino de gloria. Este inicial dibujante, después bailarín de música criolla, recreador de malambos, de viejas justas de contrapunto, zapateador excepcional, gran creador de mudanzas y fantasías, por el año 1937 llegó a la gran capital y para sobrevivir comenzó a trabajar  desde su oficio de caricaturista, donde se destacó plenamente. Su sobrenombre proviene precisamente porque firmaba sus trabajos con un caballito corcoveando.

chucaro

A “El Chúcaro” lo recuerdan canciones y poemas.

Será que el Chúcaro siempre

Fue siempre chúcaro y gris

Que no le duran mujeres,

Las gasta en el baile

Hasta hacerlas morir.

(Horacio Guarany)

 Desde el cine, Pedro Giménez y José Rodríguez fueron sus referentes de época. Espeche su compinche. El Bagual Fuentes su amigo de entonces. Con el entusiasmo de perfeccionarse visitó numerosos museos estudiando las vestimentas nativas y tradicionales.

Desde cada tema diseñó el espacio, los personajes y los paisajes; con devoción de artesano devolvió el ambiente campero y el recuerdo dormido de los pueblos más viejos. Y como un arquitecto del folklore dejó en cada cuadro el paraíso del malambo, eterna geografía en su plástica figura, imagen digna de la mejor puesta escénica.

Fueron sus parejas de baile Rosita, una porteña del barrio de Palermo; luego, la primera “Dolores” fue Dolores Román, española, a quien conoció en 1944 y con quien se casa al año siguiente, hasta l947; la otra “Dolores” fue Norma Serfera. También bailó con Norma Ré y otras compañeras con las que supo dejar ese hermoso mensaje del folklore para justificar su vida. Recorrió de punta a punta los vértices de la danza para crear grandes coreografías para sus espectáculos.

En 1953 con la profesora Norma Viola inicia la Compañía de Arte Folklórico de Santiago Ayala “El Chúcaro”. Y por su empuje en 1990, el gobierno nacional crea el Ballet Folklórico Argentino, del cual son nombrados directores.

Actuó en distintas películas, entre otras, “El gaucho”, “La novela de un joven pobre” (junto a Leo Dan y Niní Marshall en 1968), y en “Argentinísima” 1 y 2.

Duende colosal de todas la salamancas, supo sorprender a los paisanos de todas las comarcas, dejando un estilo formidable que fue su síntesis de malambo, misterio y mudanzas.

El 13 septiembre de 1994 al fallecer en Buenos Aires, un martes a la hora en que andaba ya pintando la primavera, tenía 75 años. Sus restos fueron llevados a Cerro Colorado, en Córdoba, a compartir el espacio celestial con su entrañable amigo Atahualpa Yupanqui. Descansan bajo un viejo árbol plantado por el “cantor de artes olvidadas” hace más de medio siglo.

Voy a recordar a un grande

patriarca de nuestras danzas

las guitarras y los bombos

ya mismo lo están nombrando

no voy a pedir por él

un minuto de silencio

para El Chúcaro yo pido

un minuto de malambo.

(César Isella)

 

A don Santiago Ayala, “El Chúcaro”, lo seguirán nombrando las canciones.

Fuente: Folkloreadas

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Comentarios (2)

  1. jose luis Dijo:

    realmente, todos aprendimos con el chucaro, el pais nesecita de grandes hombres como el que fue dibujando el paisaje de nuestra patria con sus mudansas, que las podemos ver en todos los exenarios del mundo.jose luis desde madrid..

  2. Eduardo Martínez Vieyra Dijo:

    Realmente, el Chúcaro transformó a nuestro folclore en un arte escénico. Fué el modelo a seguir para la estandarización de la postura de brazos, porte y gallardía al bailar.
    Como coreógrafo aún en nuestros dias se copian elementos de sus cuadros, y como historiador nos enseñó a modelar un personaje de época mas real que los parámetros que derivaron del circo criollo.
    Mi mayor placer: el haberlo conocido.

    Eduardo, Córdoba, Argentina

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