A 21 años de la muerte de el «Negro» Olmedo.

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El cómico Alberto Olmedo falleció el sábado 5 de marzo de 1988, hace ya 21 años, al caer desde un piso 11, en Mar del Plata. Pero para muchos sigue vivo en el recuerdo de un tipo de humor que en su momento parecía zafado y en estos días es un añorado modelo de sutilezas.

Cuando cayó del piso 11, Olmedo estaba en compañía de su ex pareja Nancy Herrera, y su muerte fue el disparador de muchísimas especulaciones en la farándula. Se habló -y se habla- de drogas, alcohol, juegos peligrosos en el balcón. Infinidad de situaciones y acusaciones que muchos prefieren ni mencionar.

Hay tantos Olmedocomo admiradores y detractores, sin duda; entre los primeros los que lo siguen festejando en reposiciones de TV como si estuviera vivo, y entre los segundos quienes ven en sus filmes «Los colimbas se divierten» o «Rambito y Rambón», similitudes con las Fuerzas Armadas durante el período carapintada.

Olmedo, nacido en un conventillo del barrio rosarino de Pichincha, llevó el apellido de su madre Matilde Olmedo, ya que su padre, José Mautone, abandonó a su sufrida pareja después de un largo período en el que hizo gala de los peores desplantes machistas.

Ocurrente, repentista, Alberto, nacido el 24 de agosto de 1933, fue actor, puede decirse, desde que la suerte lo encontró trabajando en el teatro La Comedia, de su ciudad natal.

Nunca le fue fiel a los libretos que le escribían, ni en «La revista de Jean Cartier», donde era un profesor de locución, ni cuando hizo «Joe Bazooka», siquiera cuando ingresó al consagratorio «Capitán Piluso», escrito por su incondicional coequiper Humberto Ortiz (Coquito).

Los chicos de dos generaciones se embanderaron con Piluso, un acontecimiento que trascendió la pequeña pantalla e incluyó una multitudinaria pelea de catch en el Luna Park con el entonces muy exitoso Martín Karadagian.

En marzo de 1958 se casó con Judith Jaroslavskyy luego de unas vacaciones en Uruguay pagadas por sus compañeros de trabajo la pareja se instaló en una pensión de Azcuénaga y French.

 

La familia

Su primer hijo, Fernando, nació en 1959, el segundo, Marcelo, en 1962 y Mariano, el tercero, en 1964. Ese fue el año de su entrada por la puerta grande: los hermanos Sofovich, Gerardo y Hugo, lo convocan para «Operación Ja Ja», y el triunfo de encontrarse en un elenco de primeras figuras fue en paralelo con su separación de Judith, quien no le perdonó ciertas «licencias extramatrimoniales».

Su segunda pareja fue Tita Russ, compañera de elenco en el teatro Buenos Aires en la pieza «En Villa Bonete ha sonado un cohete».Se casaron vía México y con ella tuvo a sus hijos, Javier en 1968 y Sabrina, en 1970.

Olmedo ya era un ídolo: se sucedían «No toca botón», «El botón», «El chupete», «Fresco y Batata», con Porcel; «Alberto y Susana», con Susana Giménez; cada vez con cachet más alto y con mejores condiciones de trabajo.

En el cine ya era protagonista con «Expertos en pinchazos», «El rey de los exhortos», «A los cirujanos se les va la mano», «Las mujeres son cosa de guapos», «Basta de mujeres«; varios de estos films con Porcel y otros con Susana Giménez y Moria Casán.

A principios de los ’80 era difícil discernir entre ficción y vida privada; en 1981 se separó de Russ y comenzó su relación con Nancy Herrera, de 20 años, mujer de la que nunca pudo separarse y con quien viajó por el mundo.

El universo Olmedo comenzó a llenarse de mujeres hermosas que agigantaban las fantasías populares: Beatriz Salomón, Silvia Pérez, Susana Romero, Adriana Brodsky, Divina Gloria, Ethel Rojo.

Surgieron entonces los personajes de Chiquito Reyes, el Manosanta y Perkins el mucamo, aunque el principal atractivo era el personaje Alberto Olmedo, ése de los sobreentendidos, la improvisación y la mirada cómplice.

Justo cuando alcanzaba esa gloria, en plena temporada marplatense de su obra «Eramos tan pobres», cayó de un balcón del edificio Maral 39 e inició la leyenda. Era de madrugada. Y es el día de hoy que muchos recuerdan aquella imagen de Alberto «pegado» al piso y boca arriba.

 

Las frases que inmortalizó Alberto Olmedo

 

Los personajes que a lo largo de su carrera interpretó dejaron frases para el recuerdo que en la actualidad, luego de 20 años, siguen siendo íconos en el lenguaje de la sociedad argentina.

«Ru-cu-cu» (El mago ucraniano)
«No toca botón» (El mago ucraniano)
«Y… si no me tienen fe» (El manosanta)
«¡Adianchi!» (El manosanta)
«¿Me trajiste a la nena?» (El manosanta)
«¡De acá!» (El dictador de Costa Pobre)
«Eramos tan pobres…» (Borges)
«Soy Pitufo, pero no bolufo» (El Pitufo)
«Piluso es bueno» (El Capitán Piluso)
«A tomar la leche» (El Capitán Piluso)
«A ésta, le rompo el bloqueo» (El psicoanalista)

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