Acumulación de Fernández

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Cuando las novelas se adelantan a los hechos. Por Hernán Carbonel.

¿Puede adelantarse el arte -la literatura, en este caso- a la realidad, preverla, ser precursora? Por supuesto. Ejemplos huelgan. Uno: hace ocho años entrevisté a Federico Jeanmaire con motivo de la publicación de su novela Fernández mata a Fernández. Dicha entrevista, junto con una reseña, fue publicada por LA GACETA Literaria. En ella, todos los personajes (Raúl, gay, portero de edificio; José Antonio, jubilado, ex periodista; Gastón, director de un diario; Juan Eusebio, anciano, presunto ex guerrillero; Marta, viejecita devota; María Ester, jueza) llevan por apellido Fernández.

Libro en mano, entre otras, encuentro estas líneas subrayadas: “rol que cumplen los medios masivos de comunicación en las sociedades contemporáneas”; “suele ocurrir que allí, en las minucias, residen los secretos más profundos”; “otro Fernández más. Parece increíble”; “todos somos Fernández”.

Ahora, la editorial Planeta decidió reeditarlo bajo el sello Tusquets (en 2011 había salido por Alfaguara, meses antes de que Cristina Fernández fuera reelecta con el 54% de los votos) atendiendo el contexto de una candidatura que parece copiar aquella multiplicación nominal.

Patitos en fila

En la entrevista, Jeanmaire hablaba de la necesidad de que no existiera un narrador, sino que la historia fuera montada sobre muchas voces porque “quería contar la anarquía”; del trabajo sobre la oralidad, “uno de los sitios fundamentales para observar el estado de la cultura en cualquier sociedad”, y del rol activo que debía tomar el lector ante esta estructura. Frente a la presencia de un gen netamente argentino en la novela, Jeanmaire decía que “hemos construido una cultura que está bastante más atenta a los discursos, a lo que se dice, y no le presta ninguna atención a los hechos”.

Dijo, también, que los Fernández no siempre habían sido Fernández, sino que, al principio, eran Martínez, hasta que “una mañana, mientras tomaba mate, escuché a Aníbal Fernández decir que Lilita Carrió no tenía los patitos en fila. Me reí mucho. Sospecho que ninguno, ya, en este lado del mundo, tenemos los patitos en fila”. Hacía mención, además, a los edificios de departamentos como epicentro del chismerío, que recuerdan el archiconocido enunciado “pueblo chico, infierno grande”: “Tengo experiencia de ambas cuestiones. Nací en un pueblo chico, Baradero, en la provincia de Buenos Aires, y vivo desde hace muchísimos años en edificios de departamentos en la capital. Creéme que no existen diferencias entre los unos y los otros”.

Escribió Borges en Kafka y sus precursores que “cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro” ya que, si Kafka no hubiese escrito lo que escribió, no percibiríamos el valor de otros autores ulteriores. El libro de Jeanmaire, en su caso fue precursor no de una novelística, pero sí de una realidad por entonces inesperada. Atiende el pasado, pero más aún el futuro. En esta reedición ¿Fernández seguirá matando a Fernández, o lo retroalimentará hasta engordarlo?

PERFIL

Federico Jeanmaire (Baradero, 1957) es licenciado en Letras. Publicó, entre otras, las novelas Montevideo, Papá, La guerra civil, Tacos altos y Amores enanos. Con Mitre (1998), obtuvo el Premio Especial Ricardo Rojas. En 2008 ganó el Premio Emecé con Vida interior; y en 2009, el Premio Clarín de Novela con Más liviano que el aire.

© LA GACETA

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