Adolescencia.

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Un paso lleno de obstáculos y riesgos en salud.

El embarazo precoz, el aborto y las infecciones de transmisión sexual, incluyendo VIH/SIDA, el abuso de alcohol y de otras sustancias, las adicciones,  son resultados de conductas de riesgos, que en los adolescentes limitan sus oportunidades para el desarrollo de un proyecto de vida adecuado y proporcionan afectaciones a su salud, que en ocasiones varía según el enfoque de género.

 

La sexualidad constituye sin lugar a dudas, un importante desafío para todos los que, desde la perspectiva de la educación integral, persiguen un mejoramiento de la calidad de vida y el perfeccionamiento de los modos de actuación en torno a la vida sexual y reproductiva, en las parejas y en las familias. La adolescencia es una etapa de la vida que trae consigo crecimientos, cambios, oportunidades y, con bastante frecuencia, riesgos para la salud sexual y reproductiva. Generalmente, estos riesgos son desconocidos por la mayoría de los adolescentes.

Estos cambios y reacciones pueden llevar a los adolescentes a ocultar sus impulsos y conductas sexuales, lo que hace más difícil la comunicación acerca del desarrollo sano de la sexualidad y limita la existencia de relaciones afectuosas y responsables entre los jóvenes y con sus familiares al abordar este aspecto tan importante de la vida

 

El índice de embarazo adolescente va en aumento en la Argentina y que la educación sexual en las escuelas es una de las principales herramientas para lograr que disminuya.
En todo el mundo, los trastornos de la salud reproductiva son la principal causa de enfermedad y muerte de las mujeres de entre 15 y 44 años de edad, incluyendo el VIH/sida. Aunque prevenibles, un 99% de todas las muertes derivadas de la maternidad ocurre en países en desarrollo.
El informe de las Naciones Unidas señala que «cada minuto, una mujer muere innecesariamente por causas relacionadas con el embarazo, de modo que se pierden cada año más de medio millón de vidas«.


Uno de cada seis nacimientos (son 600 mil anuales en Argentina) corresponde a mujeres de 15 a 19 años. Aseguró que, con mínimas variaciones, la tendencia es de un aumento de partos en chicas de esa edad. El índice de nacimientos en menores de 19 años —uno de cada seis partos anuales en Argentina— es mayor entre seis y diez veces a los registrados en España, Italia, Francia, Alemania y Canadá. Pero la diferencia se achica respecto a Estados Unidos, cuyo índice es menor en sólo un 20% al argentino. En América Latina, sin embargo, es inferior a los porcentajes de Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela.La difícil situación de las «niñas madres» fue puesta en el contexto de «la mayor cantidad de jóvenes en la historia de la humanidad». Según el UNFPA «dado que casi la mitad de la población mundial —unos 3.000 millones— son personas menores de 25 años, la actual generación de jóvenes es la mayor de la historia. De ellos, un 85% vive en países pobres y los países más pobres son los que tienen más altos porcentajes de jóvenes. Entre estos últimos, más de 500 millones de jóvenes viven con menos de 2 dólares diarios«.

 

 

 Los y las adolescentes de entre 15 y 18 años se enfrentan a dificultades en el acceso, permanencia y terminalidad en el sistema educativo; a problemas derivados de una maternidad temprana; y a la participación en varios tipos de situaciones de violencia que incluyen la de ser víctimas de la institucionalización discrecional por parte del Estado tanto por cuestiones asistenciales como por conflicto con la ley.

Con relación a la educación, se destaca una situación crítica para esta franja etaria, en especial para aquellos adolescentes que viven en hogares pobres. De acuerdo a datos censales, solamente el 61.2%  de los adolescentes entre 15 y 18 años asisten al sistema educativo, lo que significa que quedan fuera de él, casi 4 de cada 10 adolescentes (INDEC, 2001).

El 37.3% de los jóvenes desarrollan su escolaridad con sobre-edad. El mayor problema de los adolescentes que acceden es claramente el abandono interanual con el 13.6%, con tasas que oscilan entre el 9.5% y el 16.5%. A esta problemática se asocia el bajo nivel de egreso; los alumnos que en el año 2002 terminaron el Polimodal representaban sólo el 58.6% de la cohorte teórica de aquéllos matriculados en el 1° año de ese ciclo de enseñanza. Vale decir que el desgranamiento educativo a lo largo de ese ciclo superó el 40% (DINIECE, 2004). Por otro lado, una situación muy compleja es la que atraviesan los adolescentes que no estudian ni trabajan alcanzando un porcentaje que se aproxima al 14.1% de la población (EPH continua, 1º semestre de 2004).

Con relación a la educación, se destaca una situación crítica para los y las adolescentes, en especial para aquéllos que viven en hogares pobres.

El embarazo y la maternidad generan diversos tipos de problemas en este grupo etario. Aproximadamente, el 13.6% del total de nacimientos corresponde a madres adolescentes (10-19 años). En números absolutos, esto significa que de los 697.952 nacimientos que se registraron en el año 2002, 95.179 correspondieron a mujeres menores de veinte años. Como en los otros grupos de edad, la fecundidad adolescente también presenta diferencias regionales: la Ciudad de Buenos Aires tiene la tasa más baja de nacimientos de adolescentes (5.9 x mil) mientras que la provincia de Chaco exhibe la tasa más alta (22.6 x mil)

Una encuesta aplicada a 1600 adolescentes puérperas mayores de 15 años, permitió observar que más de la mitad de estas jóvenes habían abandonado la escuela antes de quedar embarazadas. El 60% de las que continuaron estudiando la abandonaron antes de cumplir el séptimo mes de embarazo (Ministerio de Salud/ CONAPRIS-CEDES). Otro punto crítico es la repitencia del embarazo adolescente que aumenta los riesgos para la salud de la madre y el niño.

La vida se pone también en riesgo. Los datos sobre mortalidad materna publicados muestran que en el año 2003, el 11.5% de las muertes maternas ocurrieron en adolescentes de entre 10 y 19 años. Por otra parte, de las más de 78.000 mujeres que egresaron de hospitales por causa de aborto, 11.015 correspondieron a adolescentes entre 15 y 19 años de edad. (Faur/Gherardi sobre datos del Ministerio de Salud, 2004)

Los riesgos de contraer el VIH-SIDA son cada vez mayores para los y las adolescentes. La razón hombre/mujer entre infectados pasó de 14.6 / 1 en 1988 a 2.8 /1 en 2004 (Ministerio de Salud, 2004). Sin embargo, entre la población de entre 13 y 24 años, la razón hombre/mujer es prácticamente de 1/1, lo que da cuenta de una preocupante feminización de la epidemia. Es de destacar que la principal vía de transmisión de sida para el sexo femenino es por medio de relaciones heterosexuales desprotegidas (78.2% de los casos) (Ministerio de Salud, 2003). Una importante medida ha sido la aprobación de una Ley Nacional que protege los derechos a la salud sexual y reproductiva de todas las mujeres argentinas, así como la consolidación de una política pública estatal que contribuye a garantizar el cumplimiento de estos derechos

Alrededor de 134 mil personas viven con VIH en Argentina, aunque el 50 por ciento de ellas desconoce su situación. Además, especialistas del área advirtieron que en la actualidad, la edad de mayor incidencia de infección de este mal se ubica entre los 15 y los 24 años.

En Argentina, desde la detección de la enfermedad en 1982 hasta diciembre de 2007 se notificaron 67.245 personas infectadas con el VIH, pero se estima que son alrededor de 134 mil las que viven con VIH.

Según se calcula, en el último año unas 2,5 millones de personas fueron infectadas, mientras que el 80 por ciento de las nuevas transmisiones son por vía sexual.


«La transmisión del VIH es mayor en los adolescentes que en los adultos. Las cifras siguen creciendo porque hay mucho desconocimiento: los chicos eligen practicar sexo oral porque creen que así conservan su virginidad y evitan el contagio de enfermedades como el VIH, cuando en realidad están expuestos al riesgo», explicó el licenciado Sebastián Vázquez Montoto.

Además, el especialista destacó que en la última encuesta realizada por el Centro Latinoamericano Salud y Mujer (CELSAM), «el 62 por ciento de las adolescentes respondió que no utilizó ningún método anticonceptivo durante su primera relación sexual».

Los expertos no dudaron en señalar al uso del preservativo como «la única medida» para evitar la transmisión de la enfermedad.

Si bien existe información sobre conductas de riesgo y medidas preventivas en la transmisión del VIH, en el momento de las relaciones sexuales muchas personas, principalmente adolescentes y jóvenes, no utilizan el preservativo.

Los números demostraron en todo caso que la epidemia es abrumadora y que se deben seguir fortaleciendo las medidas para luchar contra el VIH.

«En la Argentina la epidemia crece sobre todo en parejas heterosexuales que tienen sexo ocasional sin protección, especialmente los más jóvenes. Lo llamativo es que cerca del 60 por ciento de los portadores de VIH ignoran que viven con Sida», comentó Isabel Cassetti, médica infectóloga, miembro del Comité Asesor de normas de Tratamiento Antirretroviral dependiente del Ministerio de Salud y del Comité de Honor de Adolescentes por la Vida (AXV).

Este año, Adolescentes por la Vida (AXV), asociación civil, decidió encarar su campaña de concientización y educación de VIH/SIDA a través de un doble foco: «Usá forro, siempre» y «Discriminar no te protege».


«El desconocimiento de la enfermedad y la fuerte creencia del nunca me va a pasar, llevan a los adolescentes a una situación doblemente peligrosa al mismo tiempo: por un lado la discriminación y, por otro, la falta de conocimiento de los métodos de prevención que los ponen en situaciones de riesgo de contraerlo», comentó Vázquez Montoto, presidente de AXV.

De acuerdo con lo informado, la campaña «Todos Somos Positivos» suma un nuevo eje: la prevención y apuesta en 2008 a un mensaje que apunta especialmente a los adolescentes y jóvenes, con el lema: «¡Rescate! Usá forro, siempre».

Hay otras enfermedades de transmisión sexual que deben prevenirse: gonococia, sífilis, herpes genital, clamidias, tricomonas, el virus del papiloma humano (HPV relacionado al Cáncer de cuello uterino y verrugas genitales) Hepatitis B, Hepatitis C, infección por Citomegalovirus.


Necesidad de la autorresponsabilidad sexual en la adolescencia


Se conoce que la sexualidad humana depende menos de los mecanismos fisiológicos y mucho más de los contextos sociales, donde el aprendizaje constituye un aspecto esencial.  Por ello el propio desarrollo social ha conducido al inicio precoz de las relaciones sexuales en adolescentes de ambos sexos. 

Esto evidencia que los adolescentes requieren de programas especiales que atiendan sus necesidades de salud y muy en particular, aquellos relativos a su conducta sexual y reproductiva. Ahora bien, para lograr buenos resultados en éstos se deben conocer, desde la perspectiva del adolescente, las percepciones sobre su vida sexual y reproductiva, así como educarlos para que asuman comportamientos responsables, sustentados en fuertes vínculos con la pareja, con su familia y la comunidad.


Es necesario incrementar las actividades educativas en salud sexual y reproductiva, pues los sentimientos y las decisiones están relacionados con un comportamiento responsable o no. En muchos países este problema en el adolescente está presente, las estrategias educativas, en gran medida, están dirigidas a medicalizar la atención a los adolescentes y no a tratarlos con un enfoque social; estas estrategias y las habilidades en algunos programas no toman en cuenta la comunicación.

Debido a ello, los resultados de esta labor educativa, cuando más, logran un individuo informado, pero esto no indica que esta información se traduzca en una conducta sexualmente responsable. Por ello, para lograr resultados en las estrategias dirigidas a los adolescentes es necesario fortalecer el comportamiento sexual responsable, donde un componente fundamental es el dominio sobre cómo protegerse en las relaciones sexuales.

Un aspecto muy importante a considerar para disminuir los riesgos en la salud sexual y reproductiva de los(as) adolescentes, sería lograr la participación efectiva de ellos en el diseño, planificación, monitoreo, y desde una forma integral, en todos los escenarios donde se desarrollan las acciones dirigidas a la salud del adolescente, incluidas en los programas de salud. Esto podría contribuir a implantar en los adolescentes un comportamiento sexual responsable, donde un componente fundamental es el dominio sobre cómo protegerse en las relaciones sexuales.

Los hallazgos encontrados en los trabajos revisados permiten hacer algunas reflexiones, en primer lugar puede señalarse que los(as) adolescentes piensan y actúan en su vida sexual condicionados por el contexto social, aunque el proceso de iniciación y mantenimiento de las relaciones sexuales se ven influenciadas por sus características personales, el ambiente familiar y las relaciones de pareja. 
La presencia de percepciones y comportamientos sexuales riesgosos, en las que se destaca una iniciación sexual precoz, predominantemente sin protección, marcada por diferencias de género, en las que el varón asume una posición más irreflexiva, y la mujer se deja influenciar más por los prejuicios sociales que la discriminan, reflejan la necesidad de actuar sobre las formas de pensar de los adolescentes con acciones educativas innovadoras que modifiquen sus conocimientos, percepciones y comportamientos frente a esto.

La revalorización de la elección, del poder decir: NO y su importancia, el sentirse “dueño exclusivo de su cuerpo y de su intimidad”,  el saber por qué se puede decidir que no es el momento, que no están dadas las condiciones y que lo único importante es PRESERVAR la salud propia, y la del compañero/a, jerarquizando el gran derecho y libertad de expresión,  fortalecen  su  autoestima.

  Los adolescentes tienden a “uniformar”, no sólo su vestimenta exterior  sino también su comportamiento; en lo referente al comportamiento sexual, es llamativo ver  como, las chicas “copian” las actuaciones de sus amigas (siendo los únicos referentes válidos de esa edad), muchas veces se impone la “formalización de un acto sexual”, para no quedar afuera del resto; lo mismo pasa con los varones, donde pareciera ser “medida de Machismo”, un inicio sexual precoz y una cantidad numerosa de parejas sexuales, como si persiguieran la vieja costumbre de “juntar figuritas” tan sólo para mostrarse más capaz o ganadores.

Los adolescentes deben saber que, los padres hemos pasado por esto, aunque generaciones atrás, las sensaciones de bienestar y disconformidad han sido las mismas, y que, hemos tenido  las mismas acciones de reafirmación en y hacia el camino de la adultez, con esto quiero decir que, aunque sea difícil entablar estos temas, padres e hijos debemos saber escucharnos, sobre todo, los padres debemos ser capaces de escuchar a nuestros hijos sin prejuicios y con un amor que, los ayude a crecer de la mejor manera, porque en esta etapa tan llena de riesgos, la palabra justa, un abrazo, nuestro tiempo, la confianza en ellos, son generadores de una fuerza capaz de sostenerlos en su difícil camino de poder elegir.

Los padres debemos aceptar los cambios que a los hijos les son tan necesarios para crecer en esta etapa donde impera la autoindependencia, la autorrealización, e intentar por sobre todas las cosas la comunicación –cuando sea posible, cuando ellos así lo dispongan –La mejor manera es ESCUCHARLOS; respetarlos y educarlos en una sexualidad responsable, sin perder el rol que nos compete: no somos amigos de nuestros hijos, la función “paternal”, nos obliga a enmarcarlos dentro de límites contenedores, siendo “guías”, acompañándolos en sus incertidumbres, cuestionamientos y desafíos hacia una adultez sana y comprometida. Esos límites deben estar claros desde pequeños, coherente y ejemplificadores, porque hay una edad que, para  empezar a ponerlos, ya es tarde.

El castigo físico, la humillación verbal, sólo enseña a responder con violencia frente a la vida y disminuye notablemente la autoestima en los niños.

Por su parte, la familia, debe fortificar la personalidad de su hijo desde que nace, en parte poniendo límites de crianza, pero por otro lado enseñando a los hijos a enfrentar y resolver los conflictos, usando el diálogo permanente.

Fuentes:

UNICEF Argentina.

ONU. Fondo de Población (UNFPA) de las Naciones Unidas.

 

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1 COMENTARIO

  1. Me parece muy importante entrarle a estos temas en forma seria y sostenida, no como un informe esporádico que pasa y se va. Realmente esto son los problemas que deberían ocuparnos.
    Reconocer que la mirada hacia el embarazo adolescente cambió, para bien o para mal cambió, ya no es un estigma, por el contrario he visto cómo la madres acompañan orgullosas a su hijas embarazadas a la escuela y cómo la niña está orgullosa de tener algo propio.
    En el problema de uso del profilàctico habría que entrarle sin hipocresía al papel del poder de la iglesia que se opone al mismo y la mirada casi suicida de muchos jóvenes como en tantas otras cosas.
    Y no deberíamos desconocer que el caracter disciplinador del barrio o del trabajo se ha perdido tanto o más que el de la familia, nos hemos encerrado en nosotros mismos y existen casos de tres generaciones de desocupados, en ese entorno por suerte hay mucha gente que estudia seriamente el problema; la posibilidad de conocerlos está en nuestra propia inquietud y en superar el poder de los medios que nos «tinellisan» constantemente.

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