Bajó el cuadro de Scarface para poner el de Maradona: la historia de Christian Bragarnik, el controvertido empresario que acercó a Diego a Gimnasia

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El domingo, a 11.000 kilómetros de distancia, la persona que logró que Diego Armando Maradona volviera a dirigir en la Argentina chequeaba la presentación en La Plata a través de su celular. En el entretiempo del partido Elche contra Lugo, abrió su teléfono y sonrió cuando comprobó lo que siempre intuyó: que habría una revolución. Y codeó a su partenaire haciéndolo cómplice de su travesura y de su gran negocio. A su lado, nada más ni nada menos que Daniel Angelici le retribuyó la sonrisa. Otra vez, el representante más poderoso del fútbol argentino había ganado la partida.

Con más de 100 jugadores como clientes y con técnicos en Independiente, Racing, Huracán, Rosario Central, Colón y Argentinos Juniors entre otros equipos, Christian Bragarnik se transformó de cinco años a esta parte en el nuevo dueño del fútbol argentino. Su vínculo con Maradona data de 2018, cuando mates mediante en la quinta de Bella Vista donde mora el Diez, le aconsejó no meterse en Bielorrusia y en cambio arribar de su mano a México, al Dorados de Sinaloa, para relanzar su carrera. Allí, según publicó en su momento el diario Récord, el Diez firmó contrato a cambio de 150.000 dólares mensuales, convirtiéndose en el segundo entrenador mejor pago del país. Lejos está Gimnasia de abonar esa cifra aunque el negocio igual es redondo: según pudo averiguar Infobae, de lo que paguen los nuevos sponsors al club le quedará el 20% y todo el resto irá a las arcas del team Maradona. Algo lógico y que también le cierra a la comisión directiva del club, que con ese porcentaje más los nuevos socios que está haciendo cubriría sin problemas la inversión.

Lo que pocos saben es que no fue Bragarnik el impulsor de la idea. La concretó él, pero quien generó el contacto es un ex delantero uruguayo que militó en el Ascenso (en la B Metropolitana y la C) entre 1992 y el 2000. Amigo del presidente de Gimnasia, Gabriel Pellegrino, fue el primer nexo. A partir de ahí, Bragarnik se hizo cargo de toda la operación junto al tándem Morla-Stinfale, los abogados que siguen a Diego a sol y sombra. No fue casual la publicidad constante de la bebida energizante Speed en la conferencia de prensa del domingo, ya que la licencia de esa bebida la tiene Víctor Stinfale, conocido también como el rey de la noche electrónica porteña.

Desde Alicante, donde está intentando cerrar el gerenciamiento del club Elche que juega en la Segunda de España, (ya tiene participación en los clubes Unión La Calera y San Luis de Quillota en Chile), Bragarnik le dijo a Infobae que no pensaba hacer declaraciones sobre la movida Maradona ni las informaciones televisivas que este fin de semana lo involucraron en presuntas actividades ilícitas. «Actuarán mis abogados», fue todo lo que expresó. Lo cierto es que su nombre siempre estuvo rodeado de un halo de misterio. Según los registros oficiales, nació el 13 de agosto de 1971 y creció en el barrio de Flores, donde alimentó, como la mayoría de los pibes argentinos, su sueños de ser futbolista profesional. En su imaginación, jugar en Vélez, equipo del que es hincha, y hacerle un gol a Brasil en la final de un Mundial era un logro al alcance de la mano.

Pero la realidad lo confinó a un lugar más modesto en la cancha: como volante central, hizo Inferiores en Comunicaciones y Almagro y su carrera se limitó a un paso por la última categoría del fútbol nacional, la D, donde jugó en Justo José de Urquiza y Yupanqui. Como en esa escala amateur el fútbol no da de comer, para sustentarse Bragarnik se conchabó en un videoclub llamado Leiland, de la calle Yerbal casi esquina Bogotá donde alquilaba VHS y editaba videos de fiestas de casamiento. Uno de sus clientes era el jugador de Arsenal, Mariano Monrroy, a quien le hizo un compilado con sus mejores jugadas y se lo envió a Marcelo Fuentes, un ex jugador afincado en México. El delantero terminó siendo transferido al Irapuato, filial del poderoso Querétaro, en 400.000 dólares y ahí se ganó la estima de la familia Grondona en la Argentina y del empresario Tirso Martínez Sánchez en México, quién lo incorporó para que dirigiera la parte deportiva de ambos clubes.

Un joven Bragarnik: la edición del video de Mariano Monrroy con el que fue vendido a México le abrió las puertas del mundo empresarial

Un joven Bragarnik: la edición del video de Mariano Monrroy con el que fue vendido a México le abrió las puertas del mundo empresarial

Claro que hubo un inconveniente: al año, Tirso quedó detenido por lavado de dinero proveniente del narcotráfico, sus equipos fueron eliminados de la Liga y Bragarnik en 2004 debió pegar la vuelta a la Argentina. Pero ya no lo haría al videoclub, sino directamente al fútbol, de la mano de Julio Grondona hijo. De hecho, en 2007, viajando junto a Arsenal a México por la Copa Sudamericana, volvió a relacionarse con el fútbol azteca. Se hizo amigo de Jorge Hank, hijo primogénito del hombre que manejaba el Grupo Caliente en México, que tenía el club Xolos de Tijuana y era dueño de hipódromos, bingos, casinos y financista del hegemónico Partido Revolucionario Institucional de México. Así se convirtió en asesor futbolístico de ese imperio, con un detalle: el Grupo Caliente estaba investigado en Estados Unidos por ser presuntamente el vínculo de los narcos para lavar dinero de la droga y Hank padre terminó preso después de que le encontraran 88 armas de guerra en su casa, aunque salió indemne tras 15 días en la cárcel. Otra vez las peores sospechas pendían sobre su cabeza.

«Él trabajaba con multimillonarios, sí, pero no preguntaba de dónde venía o salía la plata. Sólo asesoraba en la llegada de técnicos y jugadores. Y como le iba bien, empezaron a llamarlo de todos los clubes mexicanos, con lo que eso significa», cuenta un amigo que pide reserva, y que asegura que Bragarnik ni siquiera toma una copa de vino en las comidas. Por su parte, César Merlo, el periodista que más sabe de fútbol mexicano afirma que «en Mexico opera con los clubes del grupo Caliente, ya que es amigo personal de Hank, y todo pasa por él. Pero ojo que también realiza tratos con otras instituciones como el Cruz Azul y el América, que son los más grandes de allá».

A partir de ahí, sus días se dividieron entre México y la Argentina. Gerenció de hecho Defensa y Justicia, se expandió por Godoy Cruz, Santa Fe, Tucumán, Córdoba hasta hacer pata ancha en los grandes de Buenos Aires, con Racing e Independiente a la cabeza y conseguir penetrar en el mundo Boca, tras acercar a Benedetto primero, gestionar la llegada de Zárate después y repatriar de México a Iván Marcone. Su feeling para los negocios lo hizo amigo íntimo de Daniel Angelici, con quién estuvo en España analizando al Elche este fin de semana y con quien cena regularmente en Pilar. Y también es muy cercano a Víctor Blanco, el mandamás de Racing.

Bragarnik, junto a Diego Cocca, uno de los entrenadores de su staff

Bragarnik, junto a Diego Cocca, uno de los entrenadores de su staff

Pero su nombre, igual, siempre se mantuvo en el bajo perfil. Aún cuando tuvo que lidiar con un reporte de la AFIP por una operación sospechosa con un pase a México, que quedó en la nada. Aún cuando fue allanado en la causa del club Independiente por una denuncia de financiamiento a la barra para que no insultaran a sus jugadores y técnicos, cuestión que también quedó archivada. Hasta que llegó la revolución Maradona y quedó en el ojo del huracán. Primero lo llevó a México, al Dorados de Sinaloa, y ahora logró lo imposible: que volviera a dirigir en la Argentina, tratando de salvar del descenso a Gimnasia. En su oficina de Puerto Madero, el viejo poster de Al Pacino posando en Scarface fue reemplazado por una gigantografía del Diez. Pasar de una imagen de película de mafia al rostro del fútbol no está nada mal. Y para el Lobo Platense, la movida según como termine será el cielo o el infierno. Pero para Bragarnik, dicen sus íntimos, la gloria ya está asegurada.

infobae.com

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