Carlos Arturo Gianantonio .El maestro de la Pediatría Argentina

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19 de agosto de 1926-21 de octubre de 1989

“..Acompañar siempre, curar…tal vez”

El elogio es una alabanza. Un reconocimiento a quien construye una vida que fructifica y como tal posibilita que el tiempo no sea un puro pasar, sino concentración de experiencias, de enseñanzas, de búsquedas abiertas. 
No se trata en este elogio de plantear la imitación, porque empalidecerían las identidades personales y se restringirían los juegos de la libertad. 
Se trata del elogio de un hombre grande porque hizo de la práctica médica cotidiana, de las observaciones simples y de las interpretaciones sencillas, algo extraordinario. 
En el elogio se celebra el haber estado próximos a un hombre que construyó una vocación profunda y eso provoca una estimulación enorme. 
El que es llamado, al responder convoca, llama. 
El maestro genera discípulos. 
Son tantísimos los discípulos de Gianantonio que hoy gozan de esa herencia inefable y cada uno de ellos es un elogio encarnado, porque cultivan lo recibido y no lo repiten sino que lo recrean. 
No viven de la nostalgia y la remembranza sino que construyen una Pediatría equitativa. 
El maestro enfatizó la absoluta dignidad de los niños, su paridad antropológica y generó la respuesta a sus derechos, no como dádiva sino como exigencia de una relación médico-paciente que fuera tal: relación, vínculo empático, horizontalidad optada. 
Y ese vínculo tuvo en su práctica la máxima expresión respecto del niño enfermo, del niño sufriente. 
Provocó ampliación de conciencia respecto de los derechos que engendran el dolor, la vulnerabilidad, la precariedad… 
El maestro suscita ámbitos y contextos, climas y tonalidades. 
No se trata de alabar sus grados de perfección, se trata de ponderar la intensidad de sus búsquedas; no se trata de una vida sin errores, se trata de la fortaleza de tener conciencia de los límites. No se trata de ser el dueño de las respuestas sino el señor de las preguntas. 
El elogio festeja el interrogar, en el que la vida se hace inquietud y asombro. Sin ellos no hay ni ciencia, ni investigación, ni interpretación posibles. 
El maestro se incentivaba con las preguntas, se hacía socio de la frescura niña, y era aprendiz de toda inquietud. 
El Comité de Bioética lo vio anticiparse a cuestiones, planteos y métodos de trabajo que hoy se van consolidando. 
En el elogio se comparte la pasión por aprender. 
Lo elogiable no son los resultados obtenidos considerados parcialmente y en forma fragmentaria, lo elogioso es el aprendizaje que se desencadena en los procesos, en el desplegarse de las preguntas, en el sostener a lo largo del tiempo las interrogaciones, en la percepción holística, que abarca la problemática con amplitud giratoria y va a lo específico como momento de un todo en movimiento. 
El niño no es una entidad meramente individual, es un centro en el entramado circular de la familia, la sociedad, las instituciones, los poderes, los saberes y las estructuras. En fin, un centro en la incierta, problemática y fascinante construcción del mundo. 
El maestro acompañó las circunvoluciones de la vida niña y dejó resonando los ecos que hablan de esa percepción holística hasta el final: 
“…cuando ya no queda nada por hacer, resta una tarea pediátrica fundamental: acompañar a bien morir”. 
El giro holístico le hizo comprender que el que bien recibe en el nacimiento, prepara para siempre una buena despedida. 
Y el que acompaña en la despedida es testigo del misterioso ciclo del encuentro entre el asombro y la pregunta.
Dra. Josefina Semillán Dartiguelongue 
Filósofa

 

 El doctor Gianantonio fue para todos los pediatras del país una persona que reunía cualidades excepcionales, tanto como ser humano como por sus inmensos conocimientos médicos, una conjunción que no es tan frecuente en la medicina.

 

Gianantonio fue un verdadero humanista que bregó incansablemente por mejorar la atención de los niños en nuestro país, defender sus derechos y su dignidad, más allá de cualquier otra consideración. No hay duda de que en la pediatría argentina hubo un antes y un después de Gianantonio.

El produjo cambios tan notables -como la creación de la primera residencia en pediatría de la Argentina- que la enorme trascendencia de su accionar aún hoy perdura con una notable intensidad. Su presencia fue esencial para muchas generaciones de pediatras, era nuestro guía y el modelo que todos ansiábamos alcanzar.

Un ejemplo de conducta

Sus enseñanzas estaban fundamentalmente dadas por el ejemplo de su conducta; el solo verlo cómo atendía a un niño o cómo se dirigía a los padres con palabras llenas de consuelo y esperanza significaba un aprendizaje inigualable.

No sólo aprendíamos medicina, sino que principalmente aprendíamos cómo se ejerce la medicina, es decir, como se une la ciencia con el humanismo, los dos pilares fundamentales de nuestra profesión.

Gianantonio era enemigo de los homenajes hacia su persona y eludía sistemáticamente la notoriedad y figuración. No necesitaba eso porque sus valores estaban muy por encima de esas cosas. Por lo tanto, tampoco corresponde aquí extendernos en detallar sus múltiples logros.

Su humildad y su forma de ser tuvieron las características que sólo se alcanzan con la sabiduría, y él fue aún más: un maestro de la sabiduría.

Para los que tuvimos la enorme fortuna de estar con él , será por siempre nuestro guía y ejemplo. Nuestro querido maestro.(palabras del Dr José Ceriani Cernadas)

Su historia

Nació el 19 de Agosto de 1926, egresó como médico en 1954. Durante su servicio como practicante en los hospitales Argerich, de Clínicas, Tigre, Pirovano y, fundamentalmente, en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez de Buenos Aires (entre 1946-1954) completó su

formación, aun a costa de postergar la finalización de la carrera. En 1953 recibió el premio “Guillermina de Oliveira Cesar de Wilde” al mejor estudiante de Medicina de los hospitales. Y fue un entusiasta jugador del equipo de fútbol de los practicantes del Hospital de Niños hasta

que, recién egresado, viajó con una beca a Estados Unidos para desempeñarse como asistente del Jefe de Residentes en el St. Christopher´s Hospital for Children, de la Universidad de Temple, Pensylvania, bajo la dirección de Waldo Nelson.

Volvió a la Argentina donde llevó a cabo investigaciones clínicas que le reportaron un merecido reconocimiento internacional.Fue el primero en describir y reportar en el mundo “el SINDROME UREMICO HEMOLITICO”  Mientras recorría, entre 1957 y 1976, en el Hospital de Niños todos los peldaños de la carrera hospitalaria hasta dirigir el Departamento de Medicina, cumplía una destacada labor –entre 1958 y 1970– en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET); ingresó primero como becario de investigación y poco después accedió al cargo de Investigador principal full-time de la Carrera de Investigador Científico.

Por su propia experiencia, y como resultado de profundas reflexiones sobre la formación médica en la Argentina, en 1958 creó la Residencia pediátrica en el Hospital de Niños, primera iniciativa de enseñanza de posgrado que luego se extendería a todo el país. La adopción de esa iniciativa formativa, de la cual el doctor Gianantonio estaba “enamorado”, significó desarrollar un sistema de capacitación dinámico, eficiente y moderno, apto para la adecuación continua de objetivos y programas. Esta herramienta impactó en las sucesivas promociones de pediatras argentinos cambiando positiva y gradualmente el ejercicio de la Especialidad.

En 1977, durante el llamado “Proceso”, el Intendente Cacciatore pergenió la desactivación del Hospital por considerarlo “zurdo”. 
Para cumplir con su macabra decisión, envió al Hospital a la célebre pareja de triste memoria: Rothberg como director y Rosasco comoJefe del Departamento Quirúrgico. El Hospital fue objeto de una ciega cacería. Comenzó una encarnizada persecución dictando prescindibilidades y aplicando a importantes figuras de la Pediatría el conocido “Art. 6to”, que significaba “potencialmente subversivo y peligroso”. El Hospital sufrió la pérdida de un número considerablede pediatras prestigiosos, como los Dres. Matera, Vitaco, Robles Gorriti, Urkovich, Metz, etc., esta situación culminó con la renuncia del Dr.Gianantonio. Otros acreditados médicos también se vieron constreñidos a dejar el Hospital. Un verdadero vaciamiento de talentos. El daño fue enorme.

Hablaba poco pero jamás silenció sus convicciones de demócrata convencido y se comportó siempre como un hombre de coraje civil. Por ello renunció al Hospital de Niños y formó el Departamento de Pediatría del Hospital Italiano donde funcionaba un Comité de Ética que será siempre modelo.

 

 

 El emprendimiento en el que Gianantonio puso más esperanzas fue en el Instituto Pediátrico Social del Noroeste en 1960 y 1961 con asiento en Santiago del Estero que hubiera cambiado la pediatría de esa zona y en especial la enfermedad pediátrica, una de sus grandes preocupaciones. El derrocamiento del Dr. Frondizi terminó con un gobierno y con esa gran idea médica.

El trato y el tiempo que dedicaba a los niños y sus familias era producto de su amor por la pediatría a la que llegó por “vocación y convicción

La pediatría perdió su mejor exponente en los últimos 50 años. La Argentina perdió un científico con profundas preocupaciones sociales y los amigos a un amigo irremplazable. El solía decir que las residencias pediátricas eran su aporte más importante y los jóvenes residentes tenían en Carlos Gianantonio un ejemplo para siempre.

Gestor de hechos destinados a trascender, el Dr. Gianantonio, fue miembro fundador de la Sociedad Latinoamericana de Investigación Pediátrica (1962) y su presidente (1963-1964), miembro fundador del Subcomité de Residencias Médicas de la Asociación Médica Argentina (1959), miembro fundador de la Sociedad Argentina de Nefrología (1964), secretariocientífico del XIV Congreso Internacional de Pediatría (Buenos Aires, 1974), presidente de la Asociación Latinoamericana de Nefrología Pediátrica (1981-1984), presidente de la Sociedad Argentina de Pediatría (1984-1987), y miembro de la Sociedad Argentina de Investigación Clínica, de la American Academy of Pediatrics, de la International Pediatric Association de la International Pediatric Nephrology Association, de la Society of Nephrology, y de las sociedades de pediatría de la virtual totalidad de los países latinoamericanos.

El 20 de Julio de 1989 la Academia Nacional de Medicina lo distinguió eligiéndolo Miembro titular. Era el reconocimiento a la trayectoria de quien creara en 1979 el Departamento de Pediatría del Hospital Italiano, asesorara en numerosas oportunidades al Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública, y aportara toda su sabiduría y experiencia trabajando entre 1984 y 1987, con las autoridades nacionales y municipales para la organización y apertura del Hospital de Pediatría “Juan P. Garraham”.

Falleció en Buenos Aires el 21 de Octubre de 1995.

Palabras del Dr Larguía en su homenaje

Las personas y las sociedades necesitan modelos reconocidos e indiscutidos para compararse e intentar, aunque sea en algo, parecerse. Esta necesidad es básica y esencial para poder elegir metas y objetivos de vida y para establecer líneas de conducta para nuestras acciones.

Estas afirmaciones, válidas en general para todos los órdenes de la vida, lo son aún más cuando son referidas a la medicina y a los médicos en particular. Los médicos ejercemos una profesión que implica tener una fuerte vocación de servicio y estar dispuestos a asumir grandes responsabilidades.

Para nosotros, los médicos, no exceptuados de las imperfecciones inherentes de la condición humana, tener modelos es fundamental. Gianantonio fue un modelo excepcional. Fue un regalo y un privilegio para los pediatras, porque no se limitó a ser el espejo donde reflejarnos. Su vida fue además la de un maestro.
Hay muchas definiciones de maestro. De Carlos podemos decir sin discusión el mejor. Porque enseñó con tanta dedicación y humildad que siempre honró a los que de a poco aprendíamos. Como MAESTRO, con mayúsculas, no enseñó solamente medicina. Giananatonio con el ejemplo de su vida enseño moral y ética. Enseñó en resumen conductas de respeto y de amor al prójimo.

Carlos fue el consultor de todos los médicos pediatras y de todos sus especialistas. Fue siempre la persona de confianza para los padres y los médicos de cabecera de sus hijos. Era el consultor obligado por consenso, nunca debió ser impuesto. Su intervención era siempre oportuna. De su inmensa capacidad clínica y de sus actualizados conocimientos surgieron las opiniones e intervenciones más apropiadas y más justas. Pero su condición de consultor único alcanzaba el reconocimiento máximo por su capacidad de acompañar y consolar a hijos y sus padres y de fortalecer la confianza de estos en sus médicos de cabecera tantas veces tan imperfectos como lo somos.

Carlos Gianantonio brindó siempre su amistad con sus manos tan abiertas que fueron siempre en realidad, un abrazo que nos envolvió a todos. Para los médicos pediatras el orgullo y satisfacción máxima consistió en poder declamar su amistad y en buscar su sonrisa, su aprobación, que su grandeza le permitía demostrar.

Carlos Gianantonio ha dejado un vacío imposible de llenar. No hubo, hay, ni habrá nadie como él. Sin embargo, si todos aspiramos a parecernos un poco a él y sumamos esos parecidos, el último legado del MAESTRO se cumplirá y su pediatría vivirá para siempre como él hubiera querido.

 

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6 COMENTARIOS

  1. Buenos días, con el mayor de los respetos publico mi opinión.
    Como suele suceder, las historias tienen la posibilidad de ser vistas desde diversas ópticas-miradas, afortunadamente sucede esto. Lamentablemente, se expone por lo general sólo una de las tantas visiones-opiniones y siempre resultará esto injusto.
    Es una vergüenza cualquier insulto al Doctor Rosasco Palau, posiblemente se haya equivocado como ser humano (quién no se equivoca) y reconozco que estoy opinando con falta de conocimiento pleno de los hechos. Pero si hay algo que puedo asegurar es que el Doctor Rosasco Palau era un ser humano excepcional, honesto, justo, humilde, generoso, brillante, que ha dado mucho a la medicina no sólo de Argentina sino del mundo.
    Como siempre, en la triste y patética historia política de nuestro país, se hace sonar sólo una campana.
    Alegremente, siento un orgullo enorme por mi abuelo -el Doctor Rosasco- y tengo la certeza de que vivió en paz consigo mismo, padeciendo las injusticias que vive todo médico municipal, la ingratitud y este tipo de “cuentos” que sólo buscan descalificar a otros (lo cual siempre fue, es, y será una demostración de pobreza espiritual).
    Muhas gracias por darme este espacio, mi abuelo no necesita que yo publique esto, pero lo hago por el dolor que me provoca tal injusticia, y por la tristeza de que el mundo de la medicina no haya sabido reconocerlo.
    Saludos cordiales
    Bernarda

  2. DOCTOR CARLOS GIANANTONIO : No puedo dejar pasar la oportunidad sin manifestar mi eterno agradecimiento a quien le salvara la vida de mi hija mayor allà por la dècada del 70. Lamentablemente y aun cuando es una enfermedad de libro ( celiaquìa)o como se llame en la jerga mèdica, con mi esposa recorrimos muchos profesionales del interior de la provincia sin soluciòn, y fuè solo llegar a este personaje que hoy honramos, para que nos diera de inmediato la soluciòn.
    La historia de la medicina pediàtrica cambiò a partir de èl y su entrega en favor de los humildes lo destaca como una personalidad de las que hay pocas.
    HONOR Y GLORIA para aquel que hizo de esta profesiòn un culto

  3. Estoy llorando de agradecimiento a Dios y al Dr. Gianantonio, quien me salvara la vida en 1964 y contuviera a mis padres y abuelos en uno de los momentos más difíciles de sus vidas, al casi perder a su primera hija y nieta.Ningún otro médico supo diagnosticarme en aquella oportunidad, sino, sólo resignarse a mi inminente muerte o vida de discapacidad motora, que GRACIAS AL CIELO, no se dió en la realidad. Agradezco a Dios que por intermedio de ese ser que reconozco como iluminado y enviado del mismo, hoy estoy aquí, con vida y excelente condiciones de salud, 46 años después, para poder homenajear y recordar tan sentidamente al Dr. Carlos, a quien siempre recuerdo, recordaré y llevaré en mi corazón.Este día de Navidad es especial, mis padres y abuelos maternos que lo conocieron, hoy descansan en paz y por qué no?, quizás se hayan encontrado en el cielo con el Doctor. Todo mi reconocimiento humano y profesional para el mismo. Silvia Mogliani

  4. Mi agradecimiento eterno al Dr. Rosasco Palau, opero a mi hijo quien nacio con hipospadia. Fue en el año 1978 cuando consulte varios especialistas y muchos tenian opiniones muy diferentes unos con otros, sin bibliografia, sin internet y yo con 20 años de edad y un hijo con este padecimiento comence la busqueda de un milagro. Luego de recorrer y solo escuchar que hablaba cada uno de esos especialistas, Dios puso en mi camino al Dr Rosasco Palau, y su forma clara, brillante, humilde me mostraron al doctor excepcional que operaria a mi hijo.
    Ud. Doctor Rosasco Palau realizo una operacion perfecta salvando el futuro de mi hijo, Ud es parte de nuestras vida. Eternamente Gracias !!! Nadie por nada puede empañar su nombre !!!

  5. Quiero contarles que vivo, camino y he podido transitar la Vida por que Dios utilizo a este genio de la medicina por alla en los anios 1968 cuando me atendio en el Hospital de Ninos , el junto al Neurologo en Dr Fejerman ,me curaron…….sufri Polineuritis hoy en dia conocida como Gillian Barre …y no hay palabras para expresar mas que AGRADECIMIENTO ……atravese mucho dolor,mucha tristeza ,no podia caminar …..me habia quedado paralitica …mis piernas enyesadas eran un martirio….las biopsias realizadas por el Dr Garcia…..todo tan traumatico para aquella epoca ……sin embargo la tenacidad ,la inteligencia y el poder que el Dr Gianantonio tubo para poder vislumbrar que si se podia …….el hizo que mi vida fuera otra ….camine , corri…..use tacos altos ….y fui feliz, soy feliz y le doy gracias a Dios por que mi madre aquel dia que me llevo desesperada con alta temperatura al Hospital de Ninos lo cual seria mi casa por varios anios…se encontro con UNA EMINENCIA EN MEDICINA QUE SALVO MI VIDA Yo soy sobreviviente de Gillian -Barre gracias al Dr Carlos Gianantonio.Tengo 54 anios y jamas lo olvidare……su guardapolvo desprendido y lo que mas le gustaba que le regalaran caramelos …..”La Humildad de los Grandes”…….simple ,humilde y con una tenacidad que su conocimiento lo llevaria a salvar vidas .Gracias Dr

  6. Sufrí mal de Corea en mis 12 años, me diagnosticaron una muerte dolorosa y lenta, hasta que gracias a mis padres visitamos al doctor Gianantonio y su equipo del que recuerdo al Dr Mendilarzu, después de un chequeo y confirmación de la enfermedad, el dedicó mas de una hora solo a conversar conmigo y levantarme la moral, solo eso, algo que ningún médico hasta ese momento siquiera había dedicado ni 5 minutos, creo que allí esta el secreto de la medicina, la parte pscicológica es tan importante como la clínica, en cada visita se preocupaba mas en hablar conmigo que en mirar los análisis, y quizás milagrosamente, quizás por las ganas que puse, luego de dos años practicamente había desaparecido la enfermedad sin secuelas importantes, muy raro en este mal. Los Dres. que logran comprender lo importante y necesario que es hablar,escuchar y entender al paciente, son los que perduran en el recuerdo de la gente, los verdaderos “Médicos”

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