clientelismo político…de «amores y lealtades cautivas»

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clientelismo

El clientelismo político es un sistema extraoficial de intercambio de favores, en el cual los titulares de cargos políticos regulan la concesión de prestaciones, obtenidas a través de su función pública o de contactos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral.

En un sistema de clientelismo, el poder sobre las decisiones del aparato administrativo del Estado se utiliza para obtener beneficio privado; el patrón —sea directamente un funcionario él mismo, u otra persona dotada de suficiente poder como para influir sobre los funcionarios— toma decisiones que favorecen a sus clientes, y que estos compensan con la perpetuación en el poder del funcionario implicado o de su entorno. La relación puede fortalecerse mediante la amenaza de utilizar esa misma capacidad de decisión para perjudicar a quienes no colaboren con el sistema.

Las relaciones clientelares están profundamente arraigadas en la democracia latinoamericana, aunque no se limitan en modo alguno a ella; el control de los sindicatos en los Estados Unidos, por ejemplo, estuvo asociado durante la mayor parte del siglo XX a formas muy marcadas de clientelismo; también resulta paradigmática, a este respecto, la habitual relación entre los principales medios de comunicación comerciales y privados, y los principales partidos cercanos a cualquiera de los principales organismos de poder, fenómeno particularmente característico de sistemas con fuerte consolidación o predominio de situaciones de bipartidismo. En general, los sistemas clientelares aparecen donde la necesidad de integrar rápidamente un elevado número de participantes a un sistema político sin tradición organizativa lleva al desarrollo de sistemas de mediación informal entre la acción estatal y las necesidades de las comunidades.

Sin embargo, la relación entre cliente y patrón no es simétrica: existe en ella una neta dominación, motivada por las dotaciones sumamente desiguales de capital social, simbólico y económico de patrones y clientes. Además de las diferencias producidas por el acceso desigual al poder estatal o económico, es la posición histórica de los agentes en el campo clientelar —su reconocimiento público como «necesitados» o «dispensadores»— lo que le da el carácter de un espacio históricamente constituido, con instituciones específicas y leyes propias de funcionamiento.

Javier Auyero, Profesor de sociología, autor de varias obras (Favores por votos, Caja de Herramientas, Zona gris, Inflamable, clientelismo político, la vida de los pobres, vidas beligerantes) Opina sobre el Estado extorsionador, publicado en Pagina 12 y responde a una entrevista sobre “clientelismo político”


El Estado extorsionador

 

Por Javier Auyero *

En uno de sus más celebrados ensayos, el sociólogo e historiador Charles Tilly, recientemente fallecido, afirma que la formación del Estado es uno de los ejemplos más importantes de crimen organizado. La construcción del Estado es, según esta visión, un proceso que opera a base de extorsión con la ventaja de la legitimidad. Dado que los gobiernos son los que usualmente simulan, estimulan y/o fabrican las amenazas de guerra externa, y que las actividades represivas de estos mismos gobiernos frecuentemente constituyen la peor amenaza a la subsistencia de sus ciudadanos, en esencia muchos gobiernos funcionan, según Tilly, igual que los extorsionadores. Claro que hay una diferencia, los extorsionadores, en la definición convencional, operan sin la venia del gobierno.

Si definimos a un extorsionador como alguien que crea un peligro y luego nos cobra por librarnos de él, se puede entender la protección que dan los gobiernos como una extorsión. Se produce o se falsifica un peligro y luego se cobra para evitar que esto afecte a los ciudadanos. No hace falta mucha imaginación sociológica para ver que esta manera novedosa de entender a la construcción y funcionamiento de los Estados modernos se puede aplicar a situaciones contemporáneas como la creada alrededor de Irak y la “guerra contra el terrorismo”. Pero también se puede utilizar la idea del Estado como extorsión organizada para analizar casos no ligados a guerras externas, sino a situaciones menos conocidas y menos deslumbrantes. El caso de los actuales desalojos en la ciudad de Buenos Aires es uno de ellos. Productos de la valorización inmobiliaria, de los cambios en el poder judicial, y de una política que, en sus efectos, aparenta ser coordinada, los desalojos han crecido exponencialmente durante el último año. En los primeros ocho meses de este año que culmina se llevó a cabo un promedio de un procedimiento de desalojo por día.

Veamos lo que sucede habitualmente cuando hay un desalojo en la ciudad. Junto a la policía que lleva a cabo el procedimiento de desalojo, suelen aparecer funcionarios municipales de segundo rango. Los funcionarios judiciales, según un reciente estudio del Centro de Estudios Legales y Sociales, rara vez se toman el trabajo de hacerse presentes. Mientras los desalojados (muchas veces inquilinos engañados por alguien que dice ser propietario del inmueble) sacan sus pocas pertenencias, el funcionario municipal les comunica la existencia de un “subsidio” para gente en “situación de calle” (subsidio al que sólo se puede acceder una vez que se está en la calle y no antes, como aconsejaría el sentido común). Este subsidio, en el mejor de los casos, costea los gastos de habitación por seis meses. Pasado ese período, el Estado asume que la “situación de calle” se resolverá. Frente a la destitución creada por el propio Estado, se ofrece algo de protección paliativa y fe en lo que expertos urbanistas describen como quimera.

Si pensamos en lo que sucede en cada desalojo veremos que el Estado genera un peligro y al mismo tiempo una protección degradada, a cambio de un silencioso consentimiento. Si bien son distintos poderes y distintas dependencias las que operan en los desalojos, el Estado como un todo funciona como una organización de extorsión.

En momentos en que la “corrupción” está en boca de todos (pocas veces un término fue tan inútil política y analíticamente), quizá sería mejor pensar que el Estado funciona como una organización extorsiva aun en ausencia de actividades ilícitas. Como en el caso de las mafias y de los Estados en guerra, sabemos que cuando el Estado funciona de esta manera, el sufrimiento de los ciudadanos más vulnerables termina siendo el ineluctable resultado.

* Profesor de Sociología de la Universidad de Texas-Austin. Autor de Inflamable (Paidós) y La zona gris (Siglo XXI).

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-116998-2008-12-19.html

 

Clientelismo: un etnógrafo en la villa

Por Javier Auyero *

 

“El clientelismo no es un mero canje de favores por votos, sino toda una forma de vida y de ver el mundo. Para el «cliente» es una estrategia de supervivencia, mientras que para el político es una manera de construir su base de poder.”

 A esta conclusión llegó Javier Auyero, hijo del diputado nacional Carlos Auyero, profesor de sociología de la Universidad del Estado de Nueva York (Stony Brook), al estudiar las redes clientelares en una villa del conurbano bonaerense, a la que llama «Villa Paraíso», para proteger la identidad de sus habitantes. De ese trabajo surgió La política de los pobres, editada ahora en Manantial, luego de haber tenido una excelente crítica en ámbitos académicos estadounidenses.

— ¿Qué es el clientelismo?

—Se habla de clientelismo político como el mero intercambio de favores por votos, cosa que existe. Pero esto no significa que los valores promuevan en forma automática el apoyo político. Lo que en realidad motiva el respaldo son las redes de intercambio, que son mucho más complejas que un simple reparto de zapatillas con la firma de un gobernador.

— ¿Cómo se hace clientelismo en la provincia de Buenos Aires?

—Se hace todos los días, no sólo en épocas de elecciones. Hoy muchas familias sobreviven con lo que consiguen a través de punteros, unidades básicas, comités, agencias municipales. Por ejemplo, si en los hospitales no hay medicinas, uno puede encontrarlas en las unidades básicas. A través del clientelismo se resuelven cotidianamente los problemas que la gente no puede resolver debido al desempleo y la retirada del Estado en su función de bienestar, no en su función punitiva. Se solucionarán problemas, se llenarán estómagos pero también se construyen relaciones de dominación, de dependencia. Se establecen amores o lealtades cautivas. Es curioso que habiendo tantos estudios sobre peronismo, no haya uno sobre unidades básicas, que son las instituciones, junto a la sociedad de fomento y a los sindicatos, más importantes de la vida popular.

— ¿Y por qué?

—Porque el estudio de la política está dominado por una visión espectacular de ella. Se estudian las instituciones, los partidos y la llamada »opinión pública» pero no se ve la política cotidiana, la política informal. Y en realidad buena parte de la política se hace en los márgenes de las instituciones formales y por fuera de los medios de comunicación; lo que pretendo, así, es invitar a hacer etnografía política, tan poco practicada en la Argentina.

— ¿Te sorprendieron tus hallazgos?

—Sí, sobre todo la normalización de este tipo de práctica. La palabra clientelismo hasta tres o cuatro años no se usaba mucho. En la villa había quienes acusaban a los políticos de hacer uso de la gente, mientras quienes estaban dentro de las redes lo veían como algo natural. Eso me sorprendió. Y lo otro que me sorprendió es que quienes están dentro de estas redes tienen una visión muy particular de lo que es el peronismo. No es la visión del peronismo como un movimiento que defendía la idea de un Estado fuerte, de sindicatos fuertes o como una impugnación de las pretensiones socioculturales de las elites. El «buen peronismo» dentro de estas redes es el peronismo que da, el de los mitos de Evita, la que repartía cosas. No es la Evita revolucionaria. Las punteras peronistas hablan con un discurso sumamente articulado, con frases hechas muy potentes, que luego uno encuentra en La Razón de mi Vida. Escuchándolas empecé a pensar que lo que hacían ellas era una performance de Evita. Pero, una actuación de una Evita que establece un puente de amor, en el caso de estas punteras, entre el intendente y el pueblo.

— ¿Y cómo actúan los otros partidos?

—Hay dos formas. Una es la impugnación total. No sólo del clientelismo, sino también del cliente. Es decir »Ustedes son unos estúpidos que le dan el apoyo a esta gente a cambio de favores». El peronismo no inventó el clientelismo. El radicalismo sabe de clientelismo tanto o más que los peronistas.

—En la Argentina en crisis, ¿se puede hacer política de otra forma que no sea estableciendo relaciones clientelares?

—La generalización de protestas y acciones colectivas en el interior en la última década demuestra que hay otras formas que entran en tensión con éstas. Sin embargo, durante mucho tiempo se pensó que con la democracia, el clientelismo iba a desaparecer. Pero, en cambio, se está consolidando un clientelismo que yo llamo de avanzada. No es un remanente de viejas formas de hacer política. Si el Estado sigue desapareciendo, si se consolida el hiper -desempleo, lo que tenemos en el horizonte más o menos cercano es más de estas formas clientelares.

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5 COMENTARIOS

  1. No leí la nota, pero me imagino que contará la cloaca que existe en el tema politico.
    Esto habria que enseñarlo en la escuela… pero claro,…. para los politicos actuales a la escuela se tiene que ir a «»MORFARRRR»»» (entonces los pibes no aprenden y favorecen sus planes clientelistas)

    SIGA EL CIRCO!!!!!

  2. Dra.Erb: Si hubiese un club de fans yo encabezaria el grupo del sociologo Javier Auyero.Me fascina su lectura y las investigaciones ^in situ^ que ha realizado.Son buenisimos y con una amena argumentacion: Vidas Beligerantes- La zona Gris-La politica de los Pobres- Favores por votos-Clientelismo politico-Trotta Miguel tambien en La metamorfosis del Clientelismo- Clientelismo politico.Cliente y Patron- como otros tantos como Margulis que escribio con Auyero tambien,sobre los jovenes.-como Torres Pablo,Tenti Fanfani etc.- Material que utilizamos en nuestro trabajo en formacion para el trabajo en las zonas marginales.-Poder entender la forma de vida,lasubcultura que es la villa,sus necesidades y llevarles educacion.-Ya que nuestro trabajo es dentro de las villas pero educando.- cariños Noemi

  3. Excelente!! Auyero es un investigador del cual los argentinos nos debemos sentir orgullosos.
    El realiza un excelente analisis porque no es el tipico intelectual de escritorio, el sale a la calle, vive la sociedad.

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