Convulsiones febriles

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Motivo muy frecuente de consulta en las guardias pediátricas, las convulsiones febriles constituyen en general un motivo de preocupación en los padres por el episodio en sí mismo y por el pronóstico a largo plazo de su hijo.

Las convulsiones febriles, son aquéllas que se presentan desde los 6 meses hasta generalmente los 6 años, en curso de una enfermedad común, frecuentemente viral, con temperatura > 38º. Las CF pueden  ocurrir antes de que la fiebre sea evidente y al inicio o tardíamente en el curso de una enfermedad febril.

 

Se trata de niños sanos , en quienes los antecedentes familiares de haber padecido convulsiones febriles suman importancia fundamental en el diagnóstico ya que, están presentes en un 24% de los casos.

El episodio típico de convulsión febril, dura menos de 15 minutos, es de tipo tónico-clónico generalizado, y al finalizar,  se recuperan normalmente.

 

¿Pueden  recurrir las convulsiones febriles?

El 30% de los niños presentan CF recurrentes durante enfermedades subsecuentes.
Los factores de riesgo para la recurrencia (a diferencia del riesgo de una primera convulsión febril) incluyen

  • el inicio antes de los 18 meses,
  • una temperatura más baja (cerca de los 38°C), menor duración de la fiebre (menos de una hora) antes del episodio
  • antecedentes familiares de CF.

 De los niños que presentan estos factores el 76% tendrá una recurrencia comparado con el 4% que no presenta factores de riesgo.

¿Cuál es el riesgo de que ocurra epilepsia?. Estas características están ausentes en las CF simples, que constituyen el 75% de los episodios.
Estudios prospectivos de cohorte han identificado otros factores de riesgo para epilepsia, incluyendo anormalidad neurológica, historia familiar de epilepsia, y menor duración de la fiebre (menos de una hora) antes de la convulsión.

La mayoría de los niños que presentan CF no desarrollan epilepsia. Las CF se clasifican como simples o complejas, las complejas se asocian a un riesgo aumentado de epilepsia y se definen por al menos  una de las siguientes características: duración mayor de 15 minutos, múltiples episodios en las primeras 24 horas, y características focales

 Niños sin factores de riesgo tienen 2,4% de posibilidades de desarrollar convulsiones afebriles por 25 años comparados con el 1,4% para la población general.

Pacientes con historia de por lo menos una característica compleja, anormalidad neurológica y antecedentes familiares tienen un riesgo del 10% de desarrollar epilepsia a la edad de 7 años. Las convulsiones febriles prolongadas aumentan a 21% el riesgo de incidencia de epilepsia.  Para los niños que presentan las tres características de una convulsión febril compleja, el riesgo aumenta a 49%.

¿Los convulsiones febriles afectan la capacidad de aprendizaje  y el comportamiento?

Las CF son de buen pronóstico; estudios poblacionales demuestran intelecto y comportamiento normal, incluso para los niños con convulsiones febriles complejas.


¿Qué estudios deben realizarse?

Electroencefalografía (EEG)
No existe evidencia de que las descargas epileptiformes en niños con CF tengan implicancias diagnósticas o pronósticas incluso en el subgrupo de pacientes con convulsiones febriles complejas, por lo tanto, no hay razón  para realizar EEG en las CF.

Neuroimágnes (NI)  TAC cerebro ó RMN
Las NI no son necesarias en niños que presentan una convulsión febril simple.

Análisis de laboratorio
No son necesarios análisis de laboratorio de rutina en niños con convulsiones febriles y se deben solicitar  sólo cuando existan indicaciones específicas.

Manejo
Es natural que, los padres de niños que presentaron una convulsión febril suelen experimentar temor y ansiedad y esta situación puede generar en el futuro tensiones que interfieren en la vida cotidiana, generando miedo a la posibilidad de repetición del episodio. 

 Por este motivo es fundamental informarse  sobre la causa y el pronóstico de este trastorno para aliviar la ansiedad y desarrollar una vida normal.

Las indicaciones para proporcionar el tratamiento agudo en el hogar incluye a niños con riesgo elevado de repetición, una convulsión febril inicial prolongada, o cuando el niño se encuentra alejado de la  intervención médica.

 Antitérmicos como paracetamol e ibuprofeno son útiles para aliviar el  malestar de un niño febril. Sin embargo, tentativas rigurosas para reducir la temperatura con estas drogas no son recomendadas ya que no existe evidencia que ésta disminuye la repetición de las convulsiones febriles.

En cuanto al tratamiento medicamentoso a largo plazo para evitar las recurrencias, no reduce las mismas en forma significativa y se asocia a efectos adversos que, deben valorarse a la hora de su instalación.

Es importante para la familia contar con el apoyo de su médico de cabecera quien sabrá disipar sus dudas y si es necesario, derivar a un especialista neurólogo.

 

Las siguientes recomendaciones pueden ser útiles ante un niño con una

convulsión:

Mantener la calma.

Evitar que el niño se golpee con algún objeto. Lo mejor es

colocarle tumbado de lado en un sitio seguro, por ejemplo el

suelo.

Comprobar que el niño puede respirar bien, sin atragantarse, pero

no es necesario introducir ningún objeto en la boca que pudiera

dañarle.(no se va a ahogar con la lengua, sí puede empeorar su entrada de aire,o inducir el vómito con riesgo de aspiración,  al introducirle objetos en la boca)

Esperar a que pare, si es posible, comprobando el tiempo de

duración de la convulsión con un reloj. Seguro que es menos del

que piensa.

Si se prolonga por más de 10 minutos es conveniente trasladarlo a

un centro sanitario o, si ya había tenido alguna convulsión más y

su pediatra se lo ha aconsejado, administrarle medicación.

Recuerde que el mayor peligro para el niño y su familia puede ser

un accidente de tránsito.

Si ha cedido la convulsión, bien por sí sola o con medicación, ayudar a su hijo a recuperarse. Si es la primera vez que le ocurre, es aconsejable acudir a un centro sanitario para confirmar que se trata de una convulsión febril y para que le ayuden a tranquilizarse. Y, en cualquier caso, conviene que un médico explore al niño en busca del origen de la fiebre, lo más habitual es que sea una infección por un virus.

 

Fuentes: Asociación Española de Pediatría// Manejo de las convulsiones febriles: un tema de controversias Dres. Lynette G Sadler, Ingrid E Sheffer

Alejandra Erb – Pediatra

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