Coronarán a la Virgen de San Nicolás con gran apoyo popular

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Más de 600.000 personas han colaborado en la obra en plata del orfebre Juan Carlos Pallarols

 

Más de 600.000 personas participaron con sus propias manos en la confección de las coronas de plata que serán impuestas el lunes a las imágenes de Nuestra Señora del Rosario y del Niño Jesús en el santuario de San Nicolás.

El tallado de las piezas fue dirigido por el orfebre Juan Carlos Pallarols, y la coronación será el punto culminante de una amplísima manifestación de afecto popular.

Personas de todo tipo -hombres y mujeres, sanos y enfermos, chicos y grandes- pudieron dar algunos golpes de cincel a las obras en preparación, que recorrieron escuelas, hospitales, iglesias y muchas otras instituciones en esta ciudad y en distintas provincias del país. Un contador especialmente dispuesto bajo las coronas había registrado hasta ayer 6.025.984 golpecitos de martillo sobre cinceles de acero, para ir moldeando las coronas.

Seguramente, no harían falta tantos golpes para concluir la obra, pero mucha gente quiso participar, no sentirse excluida de este homenaje a la Virgen, 25 años después del nacimiento de su devoción.

Y en uno de los últimos mensajes atribuidos a la Virgen, ella pidió que le pusieran una corona, pero señaló que debía ser «puesta por el pueblo».

El obispo de San Nicolás, monseñor Héctor Cardelli, encargó el trabajo al equipo de Pallarols.

Las coronas se tallan sobre plata obtenida de cadenitas, medallas, pulseras de las que los fieles se desprendieron para donar y que reunió el rector del santuario, presbítero Carlos Antonio Pérez. Y el papa Benedicto XVI bendijo personalmente en Roma el lingote que sería tallado para corona de la Virgen.

En su viejo taller de la calle Defensa, en el barrio de San Telmo, Pallarols comentó: «Dios me hizo instrumento para compartir con muchas otras personas esta habilidad que me dio, que no es un mérito mío».

«Lo que más me emociona -dijo el artista- es que la gente no se acerca para pedir: viene a agradecer, a ofrecer y, en todo caso, pide por otros, no por ella misma.»

Quienes fueron aportando su golpe a las coronas podían anotar impresiones en unos libros, que dicen en sus tapas: «Volvemos a trabajar juntos por la unión de los argentinos».

«Yo ayudé a armar la corona de la Virgen de San Nicolás. Estoy muy contento», anotó Jorge. «Pongo en tus manos mi vida. Gracias por lo que diste siempre. ¡¡Te amo!!», puso Roberto.

Uno de los últimos lugares adonde fue Pallarols para realizar este tallado simbólico fue el Cottolengo Don Orione, en Claypole, el lunes último. «Después de haber recorrido todo el país, para mí es un gran orgullo terminar el tallado del pueblo en el Pequeño Cottolengo de Claypole», dijo Pallarols, de 66 años, cuya tradición familiar en orfebrería se remonta a Barcelona en 1750. Su abuelo, José Pallarols Torras, talló la custodia que se usó en el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires de 1934.

«Siento gran identificación con el Cottolengo», comentó Pallarols. «Por un lado, mi padre, Carlos Pallarols Cuní, de quien heredé la vocación de orfebre, en 1936 talló las hebillas de un par de zapatos de Don Orione. Y de niño fui miembro de la Acción Católica en la Obra Don Orione».

Consideró que esta movilización general es, para él, una experiencia muy enriquecedora: «La gente reza conmigo y sé que reza por mí».

Mientras trabajaba en su taller, con paredes atiborradas de cuadros religiosos, de bocetos de crucifijos, de herramientas y de instrumentos musicales, sus asistentes Luis Alonso y Daniela Woll manejaban los sopletes y se oía levemente, como fondo, la música de un conjunto cubano que evocaba al Che Guevara.

Hoy, Pallarols irá a San Nicolás para ajustar las coronas que el lunes serán bendecidas en la misa al aire libre, que se celebrará a las 16.

 

www.lanacion.com

 

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