Cosas que (me) pasan

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En mi casa ya es una cuestión casi legendaria. Es tradicional que con la llegada del invierno, lleguen a nuestras camas, además de las frazadas, las bolsas de agua caliente. Las rojas, las verdes, la azul y la amarilla. Hay una por cama, son seis. Mi abuela era la principal impulsora del uso de las bolsas.
Ni siquiera en Capital nos deja de acompañar esta costumbre. A mí siempre me dio fiaca hacerla. Esperar que el agua hierva, prepararla y toda esa ceremonia que me lleva a desistir de la idea de contar con ella en las noches. Pero mis pies congelados hoy me han obligado a deponer mi actitud y es por ello que hoy está presente en mi cama. Tengo los pies muy fríos y es por eso que reforcé el abrigo de mi cama colocando, además de la bolsa, una frazada doblada en dos sobre el cubrecama, y en los pies me dejé puestas las medias gruesas. Como la bolsa estaba muy caliente la puse entre la primera sábana y la frazada que tengo siempre. Con todo esto dispuesto me metí en la cama y comencé con mi descanso.
A mitad de la noche, ya madrugada, las ganas de ir al baño interrumpieron mi sueño y me desperté. Como siempre me bajo de la cama pero algo no estaba bien, algo había cambiado, algo ya no estaba allí. Mis medias habían desaparecido. Estaba descalzo. Sí, descalzo. Rápidamente y para no tomar frío, subí los pies a la cama y comencé la búsqueda. Tome aire y me sumergí en el mar de sabanas de mi cama para encontrar de ese par de medias que había «naufragado». No se veía nada, la oscuridad era total. Me acosté boca abajo con las manos orientadas a los pies de la cama. Éstas al principio hicieron un reconocimiento del terreno, del campo de acción, pues ellas eran extrañas en ese ámbito. Frecuentaban el extremo contrario usualmente, allí nunca habían llegado, solo en ocasiones de estirar la cama, pero eso sucedía a la mañana cuando había luz. Así como hay sector para fumadores y sector para no fumadores, baño para mujeres y baños para hombres, peluquerías masculinas y peluquerías femeninas, hay lugares que son campo de los pies y otros que lo son de las manos.
Esto ya me pasó un par de veces con otras medias. En algunas ocasiones lo solucioné utilizando los mismos pies para rastrearlas y una vez localizadas entraban en acción las manos. Aquí lo intenté pero no resultó. Todo se complicaba aún más al darme cuenta de que no eran sólo las medias las que estaban perdidas, también lo estaba la bolsa de agua caliente. Salgo del terreno de las sábanas y paso a la otra capa, la de la sábana y la frazada. Capa en la que había depositado la bolsa porque estaba muy caliente y tenía miedo de quemarme. Tomo aire y me sumerjo en este nuevo mar. Las manos comienzan a tantear. Yo comienzo a tener calor, pero mis pies todo lo contrario, comienzan a enfriarse ya que están afuera, en contacto con el aire. Hay señales de que la bolsa no está muy lejos, la temperatura de la frazada y la sábana van en aumento a medida que nos acercamos al extremo de la cama.
Con la temperatura en aumento es que llego hasta el lugar donde las sábanas y las frazadas se meten debajo del colchón. Allí estaba la bolsa. La tomo con mi mano derecha y la saco de la oscuridad. Aún estaba caliente, no como al principio pero…De las medias ni noticias. Revise bien la guarida de la bolsa y no encontré nada, las medias marrones siguen sin aparecer. Tomo aire y me vuelvo a sumergir en las profundidades de mi cama. Otra vez entre las sábanas y ahora con un poco más de experiencia mis manos recorren el terreno y nada encuentran. Pruebo con los pies y nada. Paso al otro nivel, el de la frazada y el mismo resultado negativo. ¿Cómo puede desaparecer un par de medias? ¿Cómo pueden irse así sin previo aviso? Si dejar rastro ni nada. Es como si las hubiera agarrado una polilla que estuvo haciendo ayuno todo el otoño, todo el verano y toda la primavera pasada. En la cama definitivamente no estaban. Comienzo a buscar por afuera. Me pongo cabeza abajo y me asomo por el lado izquierdo a la capa inferior, la que comprende el piso y el elástico de mi cama. Busco, miro con atención y no veo nada más que algunas pelusas y el par de zapatillas que no usos desde hace ya dos semanas. Para asegurarme me asomo desde el otro lado y nada nuevo veo. A los pies de la cama, como siempre, están los zapatos que usé en el día. Ya sin tener dónde buscar llego hasta ellos y para mi sorpresa ahí las encuentro a las dos. Metidas una en cada uno de los zapatos. ¡Adentro de los zapatos estaban las muy jodidas! Cómo llegaron ahí, es algo que no sé con seguridad pero que sospecho. Voy a tener que estar atento. Para mí son las plantillas, la de los zapatos, esas nuevas que compré. Esas son las que las llevan por mal camino. No les tengo que perder pisada.

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4 COMENTARIOS

  1. LO MEJOR QUE HAY ES UN PAR DE PIERNAS PARA QUITARSE EL FRIO, JAJAJAJA, SALUDITOS

  2. Julián:
    Espectacular el artículo.
    Me alegraste la mañana. Un consejo: Mejor comprate una frazada eléctrica
    y dormí con suelas de goma, por las dudas.

  3. Buenisimoooo!!!! me siento acompañada jaja… mis amigas me cargan porq dicen q parezco una vieja usando la bolsita de agua caliente… lo cierto es q me importan poco sus cargadas porq todas las noches me acompaña mi fiel bolsita… sin ella y sin un buen par de medias bucaneras abajo del piyama seria imposible dormirme… pero por suerte a mi nunca se me piantaron jaja

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