Cosas que (me) pasan

8
56
La conozco desde que soy muy chiquito. Es vecina mía. Vive a media cuadra de casa. Se llama María y tiene unos jóvenes 96 años. María y su marido, del cual no recuerdo su nombre de pila porque para mi siempre fue Don Alimena, tenían una costumbre que hoy en algunos vecinos del barrio persiste y que es salir a la puerta a tomar un poco de fresco en los acalorados días de verano o en las agradables tardes de primavera. Recuerdo aquellas pasadas por la puerta de la casa de María y Don Alimena donde con mi madre nos deteníamos para saludarlos y charlar un rato en una de las tantas paradas que hacíamos camino a algún lado. Me acuerdo que usaban unos sillones blancos con unas tiras plásticas de color celeste. Ellos tenían, tienen, un árbol en la puerta de su casa que les da una linda sombra. El mismo árbol ya no me parece taaaannn grande cómo en aquellos tiempos. Esta como quien dice al alcance.

Con el transcurrir de los años, María se quedó sola y sola continua con su costumbre de salir a tomar un poquito de fresco o de sol a la puerta de su casa. Yo también mantuve mi costumbre. Cada vez que pasaba y la encontraba allí con la mirada puesta en la Plaza Colón, en alguno de los chicos que por ahí corretean, la sorprendía con mi saludo y, porque no, con mi avanzado crecimiento.

Pero un fin de semana, de esos en los que me vengo para Baradero, pasé por su casa y no la vi. Al fin semana siguiente lo mismo. En las últimos encuentros María me había contado de algunos achaques que la tenían a mal traer, pero siempre aunque sea un ratito a la puerta se asomaba, ayudada por su bastón o salía junto a algunas de “las chicas” que la cuidaban a pasear por la Plaza. Pero de un tiempo a esta parte nada de esto pasaba. Me preocupé. Mi mamá me dijo que había tenido no se qué problema y que la habían tenido que internar. Me preocupé. Pero no pude ir a verla porque los tiempos a veces no se adecuan a los deseos de uno. El fin de semana siguiente pregunté por María. Mi mamá me dijo que estaba mejor, que ya estaba en su casa, que la había ido a ver y que se había puesto muy contenta con la visita. “Además preguntó por uds Julián, así que vas a tener que ir, aunque sea un ratito a verla. Aunque pensándolo bien que vaya alguno de tus hermanos, porque vos estás resfriado y capaz que la contagias”. Un poco triste lo acepté. La semana siguiente me encontró ya recuperado de mis mocos y pude ir a verla. Se puso realmente contenta. Estaba en su cuarto. Nos hizo pasar y nos invitó a sentarnos en la cama. Ahí me miro detenidamente y como siempre le causó sorpresa no solo lo grande que estaba físicamente sino también en término de años. Me disculpé por no haber podido ir antes a saludarla y le explique que era por miedo a contagiarla de mi resfrío. Me contestó algo que me quedó rebotando en la cabeza: “María ya no tiene miedo…bah aunque algo de miedo tiene…”. Después de eso mi mamá al ver que se ponía un poco tristona le cambió de tema. Sobre el cabezal de la cama tenía una cantidad de rosarios, medallitas y algo que me llenó de emoción encontrar ahí, el souvenir de mi confirmación. María habla pausado, habla de sus gustos a la hora de comer, de que no cena más que un te o café con leche, que la televisión la aburre por eso no la tiene en el cuarto, nos contó que la gata la acompaña acostándose en la cama con ella, le preguntó a mi mamá sobre qué nos cocina, a mi si tenía novia y otras tantas cosas más, en fin preguntas de abuela . En el tren de la conversación le nombro aquél árbol que tiene en la vereda y me cuenta que ya está bastante viejo, que perdió algunas hojas. Yo le digo que igual sigue dando sombra y que tiene algunas cuantas ramas llenas de verde. Le pregunto por la edad del árbol. “Y ese árbol debe tener unos 25 años”. Pienso que son unos cuantos. Casi como los míos, aunque él tenga tres años más que yo. Para mi siempre estuvo crecido. Charlamos un buen tiempo con pero la visita había llegado a su fin. María quiere que nos quedemos un rato más. Nos quedamos y seguimos charlando. María recuerda. Dice tener una memoria bastante particular que recuerda aquellas cosas lindas que le pasaron hace mucho ( algunas feas también, pero más las lindas) pero que no recuerda aquellas cosas cotidianas, las del día a día, como por ejemplo qué almorzó ayer.

A pesar de los achaques, a pesar de estar aún débil, a pesar de estar en la cama y sin muchas fuerzas en los huesos María está llena de proyectos. Por lo pronto quiere volver a asomarse a la puerta o dar una vuelta por la plaza caminando, despacito y con el bastón. La verdad es que esta mujer es increíble. Antes de irnos le pasamos el parte de cada uno de mis hermanos, le contamos en qué andan, ella sorprendentemente los tiene bien presente y los recuerda por nombre (cosa que pone a prueba a más de uno que nos conoce) y los asocia con alguna característica en especial. El de rulos, el que pasa siempre en bici, el chiquito, el mayor, el del medio. Le doy un beso. Nos agradece por la visita. Nos pide que volvamos a visitarla nos deja saludos para mi abuelo y mis hermanos y me desea que tenga una linda semana en Buenos Aires.

Al salir de la casa me topo con el árbol. Lo miro. Es cierto está un poco viejito, su corteza da prueba de ello. Perdió algunas ramas y algunas hojas después del último viento, pero aún conserva más de los dos tercios verdes. Los vientos de la vida y de los años lo azotaron, pero ahí sigue, firme como María, acompañándola, reverdeciendo día a día, y como ella proyectando su vida más allá de esos vientos y de esos miedos que la azotan. “La corteza” de María dice que ya no tiene miedo a nada… pero adentrándose uno en ella descubre que “algo de miedo tiene”. Como todos. Escondemos esos miedos detrás de aquellas duras cortezas. Pero no todos tenemos las agallas de María de hacer frente a esos miedos, aunque ahí sigan, y no permitirle que frenen las ganas de crecer y seguir adelante.

 

Comentarios de Facebook

[fbcomments]

8 COMENTARIOS

  1. Me encantó¡¡¡¡¡¡ Todos tenemos una Maria en nuestro barrio
    Un saludo
    Mariana

  2. julian me encanto lo que escribiste sobre Maria, ella es una gran mujer y Oscar su marido tambien fue un gran hombre. ojala esta primavera la volvamos a ver sentada en su vereda!!

  3. Que DON de gente tenés Julián. Que buen trabaja hizo tu mamá y tu familia con vos y tus hermanos. Que Dios te bendiga. NO CAMBIES .

  4. Juli q hermoso lo q escribiste, se puede sentir el AMOR q pusiste al hacerlo.Es muy lindo q un joven como vos cuente q se pueden compartir cosas muy lindas con los abuelos, o los mayores.Espero todos lo puedan valorar.Besos.

  5. Hola Julián, ¿Como estas?

    Debo decirte que no te conozco personalmente. Pero tampoco conozco a otros que al igual que vos, me emocionan o me llevan a lugares inhóspitos a través de la escritura.
    Me parece interesante y necesario que podamos expresarnos, nuestra palabras, ideas e imaginación nos empujan desde adentro y sino las precipitamos hacia un papel, nos pesan y quizás nos confunden.
    Hoy es María, ya un personaje hermoso que acabo de conocer, de imaginarme y de comenzar a ver en lugares comunes a los que probablemente nunca asistió. De eso se trata, de proponer para que otros dispongan.

    Bueno Julián, felicitaciones por la iniciativa de publicar en este medio tu escrito y espero seguir leyendote.

    Saludos.

    Rodolfo Lacabanne

DEJAR UN COMENTARIO

Por favor ingresa tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí