Cuentos, historias y leyendas de Baradero: Cuando don Alberto y Juan Domingo se encontraron en Olivos

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El apellido Basavilbaso existe en Baradero desde hace muchos años. Domingo Basavilbaso era el nombre del designado por el Virrey para que, en el siglo XVI, estableciera en el Virreynato del Río de la Plata el primer correo de postas en nuestra tierra.
La esposa del miembro de nuestra Primera Junta de gobierno, Miguel de Azcuénaga, también era Basavilbaso, al igual que su prima. El matrimonio vivió en la Residencia de Olivos, por entonces de su propiedad y rediseñada por alguien también relacionado con nuestra comunidad: el arquitecto Prilidiano Pueyrredón. Tras herencias, la Residencia terminó en manos de un familiar, Carlos Villate, soltero y sin hijos, quien la donó para que fuera el hogar veraniego del Presidente de la Nación, en ese entonces don Hipólito Yrigoyen. quien jamás fue siquiera a conocerla, sí lo hicieron sus sucesores de facto, José Félix Uriburu y Agustín Pedro Justo.
Al asumir la presidencia, el general Perón no utilizó Olivos como residencia permanente, sólo pasaba allí algunos días en los que aprovechó para introducir modernas reformas. También organizó una recepción para agradecer a los herederos de los propietarios originales, algo que ningún presidente había hecho. Entre ellos estaba don Alberto Basavilbaso, un característico vecino de nuestra ciudad invitado directamente por el presidente de la Nación.
A esta altura resulta necesario decir que don Alberto Basavilbaso era simpatizante del “viejo y glorioso” partido Conservador, por lo que no se contaba entre los simpatizantes del gobierno justicialista. Sin embargo, y como corresponde, concurrió para recibir el saludo del General.
El protocolo había establecido que los agasajados debían formar una línea para el saludo. Cuando lo hicieron, Perón apareció y estrechó la mano de cada uno de ellos hasta llegar a don Alberto Basavilbaso, quien no pudo contenerse y dijo: “sepa, señor presidente, que no obstante pertenecer a una idea política distinta a la suya igualmente he concurrido”. Perón, ningún lerdo para las repuestas, dijo: “entonces mi deseo es que también usted sepa que, por la razón que ha expresado, le estoy doblemente agradecido que haya venido.”
De vuelta en Baradero, un impresionado Basavilbaso le relató a su esposa lo ocurrido, y ella luego se lo contó a sus nietos hasta llegar a nosotros en forma de tradición oral, algo fundamental para atesorar nuestro pasado y conocernos mejor en el presente.
Gabriel Moretti

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