Definición del gorila redomao

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UNA ANÉCDOTA

Definición del gorila redomao

Hay cosas que en la vida no se olvidan jamás. Sucesos, palabras e imágenes acuden a nuestra memoria con mayor frecuencia y, en nuestro caso, recordamos una discusión ocurrida a principios de la década del 70 y que tuvo lugar en la recordada confitería Vega. En una de las mesas se hallaba un hombre del radicalismo local que, con los años, llegó a ser diputado nacional y se hallaban dos o tres baraderenses más y un dirigente que todavía actúa en la política nacional cuyo nombre es Julio. La discusión se daba en torno al peronismo que por esas épocas continuaba proscrito. Las voces fueron subiendo de tono hasta que, en un momento Julio, golpeando la mesa con su puño, le dijo al otro: “Gorila redomao”, frase que nunca vamos a olvidar y a la que con frecuencia recurrimos cuando hay que calificar a alguien que se pasa de gorila.

Digamos que esa palabra nació para distinguir a quienes sentían odio por el peronismo y por lo que ese movimiento representaba en la política nacional.

Podría trazarse un paralelo entre el gorila redomao y el vasco del cuento aquél que, aún con su boca espumante, seguía diciendo que el jabón que masticaba, aunque con cierto gusto a él, era queso. Todo lo que tenga olor, aunque más no sea un tufillo a peronismo, será rechazado por el gorila redomao. Hará uso de dos lápices de distinto grosor: con el más fino marcará todo aquello que lleve agua a su molino mientras que con el grueso tachará de peronista a todo lo que tenga que ver con lo ruin, lo inmoral, lo corrupto.

Existen gorilas tanto en el ámbito público como en el privado. Los hallamos de todo pelaje y, aunque no debiera, ocurre que entre aquellos que se dicen acérrimos peronistas, también los hay.

Tenemos entre nosotros algunos políticos que, aunque se vistan con ropaje peronista, debajo de ese vestido se asoman, gruesos e hirsutos, los pelos que delatan su condición de primates. En cada manifestación pública revelan una de las condiciones esenciales del gorila: son antiobreros, creen que ellos, sea porque han estudiado, sea porque tienen dinero abundante, son más que  los otros y además, su trato cotidiano se da con personas que, o bien son “peronistas de los 45 minutos del segundo tiempo” o colaboradores de los regímenes políticos que hicieron del antiperonismo su razón de existir. Una proyección “cuasi” histórica nos indica que esas relaciones están más cerca de los que en setiembre del 55 cantaban victoria que de aquellos otros muchos que lloraban amargamente la dicha perdida. Extraño comportamiento el de estos peronistas siempre rodeados de gente que no lo parece, (ellos tampoco).

Bueno es recordar a esta altura que, cuando algo tiene pico, plumas y vuela es un ave y, por analogía, cuando algunos que se dicen peronistas no hablan como tales, no actúan como se espera que lo hicieran los peronistas, se rodean de hombres de dudoso peronismo y de conocidos antiperonistas y además no se les recuerda militancia alguna a lo largo de la vida, ya no quedan dudas: no son peronistas.

Cuando uno los escucha hablar de temas políticos recuerda una anécdota muy a cuento: un hombre cumplía años y sus amigos se reunieron para, entre todos, hacerle un regalo importante. Regalémosle un casa dijo uno y otro respondió, “No, ya tiene una”, regalémosle entonces un automóvil propuso otro y la respuesta fue la misma. Así se evaluaron unas cuantas propuestas y como la respuesta seguía repitiéndose, al fin alguien dijo: “Entonces regalémosle un libro”. También en este caso alguien contestó: “No, ya tiene uno”. Estos hombres que se autoproclaman dirigentes del peronismo, ¿tendrán un libro? ¿lo habrán leído alguna vez?

Ser peronista, además de una definición política, es también una cuestión cultural. Uno puede decirse peronista, pero será en los hechos que deba demostrar que lo es. En casos, estos autocalificados ni siquiera tienen un discurso que denote su peronismo: sus palabras suelen ser las mismas que pronuncia un radical, un socialista amarillo o un liberal. Se trata de discursos “intercambiables” y el peronismo, ese “hecho maldito del país burgués”, según la histórica definición de uno de los más brillantes hombres que dio ese movimiento, John William Cooke, es diferente de los demás. Es muy otra cosa.

Esta ha sido una mera y general descripción que intenta, quizás más aburriendo que convenciendo, explicar qué es un gorila redomao. No obstante debemos advertir que cualquier coincidencia entre nuestra descripción y comportamientos que conocemos en Baradero, es nada más que una casualidad.

 G. M

Texto publicado en El Diario de Baradero el 13-09-2008

 

 

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