Educación: la respuesta más acertada al trabajo infantil.

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Casi dos millones de niños y niñas menores de 15 años se ven obligados a realizar trabajos en las ciudades y el campo argentino, y cualquiera que haya caminado por la calle durante los últimos años podía comprobarlo en un país con 47,8 por ciento de la población en situación de pobreza, 16,3 por ciento de adultos sin trabajo y 16,6 subocupados*.

En verdad, la erradicación de la explotación laboral infantil pasa por eso mismo: trabajo genuino para los padres y el compromiso de toda la sociedad. Pero la tercera pieza clave de este rompecabezas es el Estado: la articulación de políticas públicas de educación, de desarrollo social y de salud a favor de los niños, como una prioridad.

Y sin embargo, los sucesivos gobiernos nacionales se han empecinado en negar el fenómeno. Recién a partir de este 2004 el Estado argentino se ha decidido a encarar, por lo menos, un diagnóstico sobre la situación.

“Para que los niños no trabajen se necesita una sociedad más justa y equitativa”, razona la secretaria de Trabajo de la Nación, Noemí Rial. Y va más allá: “No vamos a erradicar el trabajo infantil si no somos un poco menos hipócritas, porque si les pagamos mal a los padres ellos no van a poder mandar a sus chicos a la escuela ni mantener una casa”. Y aún en este contexto, dice Rial, es posible avanzar.

La mayor parte de los niños trabajadores vive en las grandes ciudades, donde asisten a albañiles en la construcción, confeccionan calzados, bijouterie y prendas de vestir en emprendimientos familiares y pequeños talleres. Los chicos piden monedas y abren las puertas de los autos en las calles, limpian vidrios, son prostituídos, llenan carros con kilos de cartón, realizan las tareas domésticas en casas particulares o en sus propios hogares y cuidan a sus hermanitos cuando sus padres no están. No hay forma de no tropezar con ellos en cada esquina, pero a veces resultan invisibles a los transeúntes.

Los niños campesinos –en su mayoría- trabajan junto a sus familias, empujados por la abusiva forma de contrato “a destajo”. En el 2004, por ejemplo, se llegó a pagar en Mendoza entre 36 y 85 centavos el tacho de uva (de 21 kilos). Pero también hay bandas organizadas que “alquilan” niños por menor paga que un adulto, como en la “tarefa” (cosecha) de la yerba mate mesopotámica, donde la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) estima que entre 6.000 y 7.000 niños dejan la escuela durante la temporada de cosecha.

La Organización Internacional del Trabajo calculó que reemplazar el trabajo de todos los niños en actividad en el mundo por una educación universal representaría una inversión de 760 mil millones de dólares hasta el año 2020, que a su vez podría generar beneficios por 5,1 billones de dólares, una cifra siete veces mayor que los costos totales estimados para lograr el objetivo.

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Aún así, la explotación del trabajo infantil es un flagelo en crecimiento en todo el planeta. La OIT estima que en el mundo trabajan 246 millones de niños, de los cuales uno 179 millones realizan actividades caracterizadas como “peores formas de trabajo infantil”, que ponen en peligro su integridad física, mental y moral.

¿La pobreza es causa del trabajo infantil, o el trabajo infantil es causa de pobreza?

La explotación del trabajo infantil en la Argentina ha crecido junto a la pobreza y a la precarización y la falta de empleo para los adultos. Según datos de UNICEF, entre 1995 y 2002 la brecha de ingresos entre ricos y pobres se duplicó y entre 2001 y 2003 se han empobrecido 1.150.000 niños más, a razón de 1.570 niños por día. Así, de los 252.000 niños de 5 a 14 años registrados que trabajaban en 1995 se pasó en el 2000 a casi el doble, 482.803, o 91,6 por ciento más.

Si se tiene en cuenta una definición más amplia para el trabajo infantil, que incluya las tareas de “atender en la casa cuando los mayores no están”, en esos cinco años la cifra se multiplicó por cinco y llegó a los 1.503.925, según la actualización del diagnóstico elaborado por el “Programa InFocus sobre el Trabajo Infantil” (IPEC) de la OIT y el Ministerio de Trabajo en base a la Encuesta de Desarrollo Social de 1997. Y semejante panorama, antes de la crisis de 2001.

La pobreza, ciertamente, es una de las principales razones que obliga a que los niños trabajen, pero no es la única causa.

El problema tiene orígenes complejos, en los que, según UNICEF, influyen la falta de equidad en la distribución del ingreso, la ineficacia –y a veces la inexistencia- de las políticas públicas de fortalecimiento familiar, el avance del sector informal de la economía y las dificultades de los sistemas educativos para obtener resultados en contextos de diversidad sociocultural.

Lo cierto es que las consecuencias de la entrada precoz al mundo laboral en situación de explotación se ven a corto y a largo plazo. Está comprobado que muchos de los niños que trabajan se exponen a situaciones de riesgo –accidentes y enfermedades- y muchas veces bajan su rendimiento en la escuela, como antesala de repeticiones y abandono de sus estudios. En el futuro, estos niños excluidos del sistema educativo serán adultos que, posiblemente, tengan acceso a trabajos menos calificados y con menores ingresos.

“El trabajo infantil reproduce la pobreza, no la soluciona –afirma la oficial de Educación de UNICEF en Argentina, Elena Duro-. Un niño que trabaja y deja de estudiar para mejorar las condiciones de vida de su familia será un adulto poco calificado que sólo podrá optar por trabajos mal remunerados”.

Duro sostiene que el tiempo en que los niños deben abocarse a tareas laborales es tiempo robado a sus juegos, amigos, estudios y descanso. Así, al momento de planificar acciones contra la explotación del trabajo infantil, la especialista subraya la importancia de considerar no sólo cuánto ganan los niños que trabajan como parte de la estrategia de supervivencia familiar, sino también cuánto pierden, desde una perspectiva que tenga en cuenta sus derechos.

Actualmente existe un significativo consenso mundial sobre el daño que ocasiona en el desarrollo infantil la inclusión temprana de los niños y niñas dentro del mundo laboral. Está claro que el trabajo infantil es perjudicial para los niños en la medida que impide que puedan disfrutar de su infancia, obstaculiza su desarrollo provocando daños físicos y psicológicos que persisten durante toda su vida e impide el disfrute pleno del derecho a la educación y por lo tanto a un futuro mejor como ciudadano disfrutando plenamente de sus derechos entre ellos el de un trabajo decente. En suma, el trabajo infantil es un problema que perjudica a las familias, a las comunidades y a la sociedad en su conjunto y perpetúa el círculo vicioso de la pobreza.

 A pesar de que todos coinciden en que la única tarea de un niño es ir a la escuela, en la Argentina, 456.207 niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años trabajan o realizan actividades económicas que afectan su escolarización. Y de ese total, los 193.000 que tienen menos de 14 años, lo hacen en forma ilegal, ya que ésa es la edad mínima de admisión al empleo en nuestro país.
En el Gran Buenos Aires, la edad promedio a la que los chicos comienzan a trabajar es 9 años y ganan menos de 30 $ por mes. Lo hacen recolectando basura o en tareas domésticas pesadas, en medioambientes peligrosos o en condiciones que ponen en riesgo su salud. En el noroeste, es común ver a chiquitos de 5 o 6 años trabajando de sol a sol en las cosechas de algodón, tabaco y verduras, a la par de sus padres.
Con motivo de conmemorarse ayer, 12 de junio, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, la OIT lanzó una nueva campaña con el lema “La educación es la respuesta acertada al trabajo infantil”. Esta organización estima en 165 millones los niños, de 5 a 14 años de edad, que trabajan.

Esta problemática está estrechamente vinculada a la pobreza ya que una familia carenciada puede no tener los medios de pagar gastos inherentes a la educación, o necesitar de la contribución que la niña o el niño trabajador aporta al ingreso familiar, y atribuirle más importancia a ese ingreso que a su educación. Por otro lado, cuando una familia tiene que escoger entre enviar a su hijo o a su hija a la escuela, suele ser la niña la que sale perdiendo.
En las zonas rurales, la situación se agrava: el 62% de los chicos que trabaja no asiste a la escuela, según datos de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes.
Organizaciones sindicales y sociales denunciaron «el incremento visible de la explotación laboral y sexual comercial de niños, niñas y adolescentes» en el país y reclamaron al Estado «medidas urgentes» de control para esta problemática.

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http://www.periodismosocial.net/area_infancia_informes.cfm

 

 

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1 COMENTARIO

  1. OTRO ARTICULO DOCTORA QUE TOCA LA REALIDAD EN CARNE VIVA!En algunos de los aportes que comente,sobre los menores,que los roles se habian invertido,quedan en las casas cuidando a hermanos menores,realizando tareas de adultos,o dividiendose en su organiozacion fliar.esos roles,el mayor con otros seguidos en edad,utilizan el carro para cartonear,y/o levantar de la calle todo aquello q puede serles util,las madres tienen mejor acceso a empleos temporarios,como empleadas domesticas o cuidando niños que no son precisamente sus hijos,el hombre alguna changa temporaria tambien o nada…..en la casa, o a veces suelen verse flias enteras en un carro volviendo por la madrugada desde cap.al conurbano,y aledaños.ALGUNA VEZ HABIAN TENIDO UN EMPLEO LOS PADRES……Con respecto a salud,y educacion primero esta comer,ello demas queda relegado,por eso la mortandad,la desnutricion,lafalta de politicas que favorezcan estos aspectos,coinciden con algunos de los conceptos vertidos por el DR.FRANCISO (PACO) QUE uD. MENCIONA EN OTRO APORTE.-Entonces se penso,que llevando los cursos de terminalidad de la escuela,la preparacion en los cursos de formacion para el trabajo,los oficios con los centros de formacion profesional,los ciclos complementarios,la propuesta de la salita,del hospital movil,a los lugares mas marginales podriamos aportar el granito de arena para que por lo menos aunque se en el comedor comunitario,en las capillas,en las casas de flias.se alfabeticen,terminen la escuela,aprendadn un oficio,formen cooperativas,microemprendimientos,recuperen la dignidad,dejen las calles,y por sobre todo el trajado social en cuanto a las drogas,como prevencion y apoyo y derivacion.-Lo dwcia Freire Paulo,defensor de la Educacion Popular,cuanto mas conocimientos,y acceso al mundo del trabajo,mas libres seran los individuos.No hay mejor lugar para un chico que estar en la escuela.-

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