El ‘bullying’ y el suicidio adolescente

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Las niñas que ha sufrido acoso escolar tienen más riesgo de suicidio que los chicos.

Padres, profesores y pediatras deberían estar »encima» del »bullying» como lo están en casa o en el colegio de los deberes o de la obesidad en la consulta. Porque, tal y como acaba de demostrar un nuevo trabajo, los niños y las niñas que han sido víctimas de acoso escolar tienen más riesgo de suicidio antes de cumplir los 25 años.

 

El trabajo, realizado a partir de la investigación »Estudio Epidemiológico y Multicéntrico de Psiquiatría Infantil en Finlandia», constata además que son ellas, más que ellos, las que cuando han sido maltratadas tienen más posibilidades de quitarse la vida pasados los años.

 

Por ello, en el estudio se recuerda «que el número de suicidios femeninos se reduciría en un 10% si se eliminara la frecuente victimización escolar de las niñas. Nuestros datos apoyan activamente que los médicos indaguen sobre el »bullying» en los chequeos médicos de los primeros años escolares», concluyen los investigadores.

 

Dirigidos por Anat Brunstein Klomek, del Instituto Psiquiátrico de Nueva York y de la Universidad de Columbia (ambos en EEUU), los autores incluyeron a 5.302 niños finlandeses nacidos en 1981. De todos ellos, recogieron los datos aportados por sus padres y profesores en los que se estableció si a los ocho años habían acosado a otros compañeros de clase de forma frecuente, alguna vez o casi a diario o, por el contrario, fueron víctimas de los abusos.

 

«Ser acosador o víctima a los ocho años es un factor de riesgo de trastornos psiquiátricos en la edad adulta», comentan los autores en el último »»Journal of Academy Child and Adolescent Psychiatry». Mientras que «sufrir acoso escolar de forma frecuente es un factor independiente del riesgo de padecer problemas de ansiedad, ser un acosador lo es de sufrir trastorno antisocial de la personalidad. Varios trabajos muestran que las víctimas, y no los que infringen el abuso, experimentan muchos más síntomas depresivos», agregan.

 

Quitarse la vida o intentarlo

 

En esta línea de investigación, los autores quisieron establecer la relación entre los comportamientos de »bullying» [niños acosadores o víctimas] y el riesgo de intenciones suicidas o suicidios llevados a la práctica antes de los 25 años. Para ello indagaron en el Registro de Altas Hospitalarias Finlandés entre 1995 y 2005.

 

Incluso para que ciertas variables, como los problemas de conducta o la depresión, no influyeran en los resultados, los científicos también »contaron» con esta documentación en su análisis.

 

Los resultados muestran que un 47,2% de los chicos y un 23% de las chicas fueron acosadores de otros compañeros alguna vez mientras que esta actitud era habitual en el 9% y en el 0,9%, respectivamente.

 

La otra cara de la moneda la representó el 47,8% de los niños y el 36% de las niñas que confesaron haber sido víctimas de abusos alguna vez. De forma frecuente, lo fueron el 9% y el 3%, respectivamente.

 

En cuanto al número de fallecidos antes de los 25 años, los datos muestran a 24 chicos (un 54% por suicidio) y a 16 chicas (el 11% se quitó la vida). Los intentos de suicidio durante la época de estudio fueron 17 en el sexo masculino y 25 en el femenino.

 

A la luz de todos estas cifras, los autores destacan que «es más común el intento de suicidio o su consecución entre chicos que han sido acosadores o víctimas frecuentes, frente a los que no tienen comportamientos de »bullying», siempre y cuando no se tengan en cuenta otras variables como la depresión. Sin embargo, en las chicas ser víctima frecuente está relacionado con un mayor riesgo de que se quiten la vida con los años, incluso aunque se tenga en cuenta el estado depresivo».

 

En otras palabras, las «niñas parecen más vulnerables a los acontecimientos estresantes que suceden en la vida, además de que sus factores genéticos las hacen más proclives a la depresión. Estos datos encierran un importante mensaje de salud pública. Se deben desarrollar estrategias de prevención de suicidio durante los primeros años escolares, especialmente entre los estudiantes involucrados en conductas de acoso escolar, particularmente entre las menores que son víctimas», establecen los autores en sus conclusiones.

 

  

Que es el Bullying?

El acoso escolar (también conocido como hostigamiento escolar, matonaje escolar o, incluso, por su término inglés bullying) es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado. Estadísticamente, el tipo de violencia dominante es el emocional y se da mayoritariamente en el aula y patio de los centros escolares. Los protagonistas de los casos de acoso escolar suelen ser niños y niñas en proceso de entrada en la adolescencia (12-13 años), siendo ligeramente mayor el porcentaje de niñas en el perfil de víctimas.

 

El acoso escolar es una forma característica y extrema de violencia escolar.

 

El acoso escolar es una especie de tortura, metódica y sistemática, en la que el agresor sume a la víctima, a menudo con el silencio, la indiferencia o la complicidad de otros compañeros.

Este tipo de violencia escolar se caracteriza, por tanto, por una reiteración encaminada a conseguir la intimidación de la víctima, implicando un abuso de poder en tanto que es ejercida por un agresor más fuerte (ya sea esta fortaleza real o percibida subjetivamente) que aquella. El sujeto maltratado queda, así, expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador, generándose como consecuencia una serie de secuelas psicológicas (aunque estas no formen parte del diagnóstico); es común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana. En algunos casos, la dureza de la situación puede acarrear pensamientos sobre el suicidio.

 

Se han descrito hasta 8 modalidades de acoso escolar, con la siguiente incidencia entre las víctimas  

 

 -Bloqueo social

 

 

Hostigamiento

Manipulación

Coacciones

Exclusión social

Intimidación

Agresiones

Amenazas

 

 

Cómo podemos descubrir si nuestro hijo o hija está siendo acosado?

El miedo y la vergüenza impiden, en muchas ocasiones, que los niños y adolescentes hablen de ello con su familia. Si su hijo o su hija le ha contado lo que le pasa es que tiene mucho valor. A nadie le gusta mostrarse vulnerable. Si esto no sucediera, éstas son posibles señales de alarma que deben tener en cuenta:

• Si su ropa, libros u otras pertenencias están rotas o le faltan.

• Si presenta golpes o cortes.

• Si sufre cambios de estado de ánimo. Parece triste, lloroso o deprimido.

• Tiene pocos, o ningún amigo, para su tiempo de ocio.

• Parece nervioso, irritado. Tiene problemas para dormir o pesadillas.

• Pierde el apetito.

• No quiere asistir a clases y para ello simula sentirse enfermo.

• Se queja de dolores de cabeza, de estómago u otras dolencias.

• Pierde el interés en los estudios y baja su rendimiento académico.

 

¿Qué se puede hacer por las víctimas y por los agresores?

Éste es uno de los trabajos más importantes que tienen por delante las escuelas.

 

En primer lugar, es fundamental lograr que se detecten a tiempo los casos y sepan tratar el tema, a las víctimas y a los agresores.

No se nos puede olvidar que es más fácil que un niño agredido supere esta situación que cambiar la conducta del agresor. Con estos niños y jóvenes hay que hacer un trabajo muy serio para atajar la violencia de su conducta.

 

Pero el bullying tiene tres actores y muchas veces olvidamos al principal, que es el espectador. Porque el bullying es un fenómeno grupal y su abordaje grupal es la mejor manera de enfrentarlo. Enseñar al grupo a rechazar la violencia, darle herramientas para resolver los conflictos, ayudarle a desarrollar la empatía, el respeto mutuo, etc. Son las claves para prevenir y afrontar el acoso escolar.

 

Todo ello requiere que la escuela tenga en marcha una buen programa o política antibullying y de mejora de la convivencia.

 

Qué pueden hacer las escuelas para hacerle frente al bullying?

Trabajar desde la prevención. Hacerlo de forma transversal, desde todas las materias… Porque si no hay una buena convivencia en la escuela, si hay miedo en los alumnos y en los docentes… no habrá ni calidad educativa, ni igualdad de oportunidades.

 

Las escuelas han de garantizar la seguridad de los alumnos, y también de los adultos que trabajan en ellas. Eso necesita de una planificación, de un análisis de la situación, requiere herramientas y protocolos de intervención… en definitiva un plan de acción, una política antiviolencia.

 

Todo eso no se logra con una charla o con un seminario de capacitación. Requiere una política y un presupuesto que la sustente. El problema no es los recursos sino la voluntad política. Las prioridades de los gobiernos se reflejan en el reparto del presupuesto.

 

 

La intervención del papá y la mamá son determinantes. Los estudios demuestran que el comportamiento hacia sus hijos y su estado emocional son elementos importantes que pueden predecir la aparición de conductas violentas en los chicos y chicas.

 

Las familias necesitan recursos, no acusaciones. La educación de los hijos en los tiempos que corren no es nada fácil. Por eso no sería una mala idea promover las escuelas para padres y madres, leer sobre el tema, buscar ayuda porque prevenir y reducir el acoso es posible, y la clave del éxito comienza en la familia.

 

Fuente:El Mundo, España – Patricia Matey

 

 

 

Alejandra Erb – Pediatra

 

 

 

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1 COMENTARIO

  1. Conozco un chico que sigue sufriendo estos hostigamientos…Pero el es grande y muy fuerte…y espero que algún día sea alguien importante para que luche por los mas debiles y nunca mas los alumnos tengan que sufrir humillaciones….Sé que lo logrará…por que es una gran persona…a pesar de todas las dificultades de compañeros, profesores , y demas adultos que se presentan….No tenemos más que buscar….hay casos de discriminación y hostigamiento…y estamos ciegos..y mudos.

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