El camino de Axel: de la foto viral a la vida real

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Axel Yamil Antúnez caminando sobre el campo helado.

La helada mañana del 18 de junio Axel Yamil Antúnez de Sosa quedó inmortalizado en una imagen que muestra  sus ganas de aprender. Ocurrió en la Picada Verde de la Colonia Caá Guazú, una zona de serranías, en el centro de Misiones.

Una maestra contemplaba la escarcha sobre la canchita de fútbol que está atrás de la Escuela 196 y decidió plasmar en una foto la gélida mañana. Pero repentinamente apareció Axel con su enorme campera y la mochila llena de ilusiones rumbo al aula. Su diminuta figura en el medio de la escarcha tomó otra dimensión cuando la fotografía llegó a las redes sociales y despertó la admiración de cientos de miles de argentinos que por un momento se olvidaron de la Selección Nacional -eran lo días del Mundial- y sus necesidades.

Hubo hasta un pequeño escándalo. El Ministerio de Educación de la Nación hizo un posteo en el que valoraba el “ejemplo” de caminar cada día hasta la escuela. Pero muchos usuarios salieron al cruce y plantearon que, en vez de valorar, el ministerio de resolver la situación de carencia de ese chico. De Axel, ese chico que avanzaba en soledad, ajeno a todo. ¿Cómo terminó el asunto?El posteo del ministerio desapareció. 

Axel Antunez con su padre

Axel Antunez con su padre

Axel nada sabe de redes sociales, ni de fotos virales. Tampoco entiende por qué tanta gente extraña lo va a ver en la escuela o en su casa y le hace preguntas. Clarín lo encontró en su casa, sobre un cerro, a tres kilómetros de la escuela. “No fue hoy a estudiar porque el tiempo estaba feo, anunciaban lluvias y tormentas”, explicó Ramona Fleitas, su mamá. No miente: durante la madrugada, los relámpagos y la tibia brisa vaticinaban un inminente temporal que finalmente se disipó.

La familia -tiene ocho hijos de entre tres y dieciocho años- vive en una casa de madera con piso de tierra y llena de goteras que resiste a duras penas el paso del tiempo.

Con picardía, Axel dice que no le gusta ir a la escuela, pero su mamá asegura que por las mañanas es el primero en levantarse y pedir la ropa para vestirse. El chico jura que no tiene miedo de cruzar los arroyos, aún en aquellos días en que crece por las lluvias.

Su maestra, Andrea Sosa, no deja de sorprenderse por sus ganas de aprender. La docente tiene en el aula seis alumnos, de los cuales Axel y otro chico son de primer grado.

Axel Antunez haciendo los deberes

Axel Antunez haciendo los deberes

Andrea Ratti, la directora de la Escuela 196, destaca el rol que tiene la escuela en la colonia. “No podemos decir que el Estado está ausente acá porque los chicos tienen una escuela donde estudiar, reciben la copa de leche”, enumera, pasando por alto que los baños no funcionan y las llaves térmicas saltan cuando ponen a funcionar las estufas.

 

Todos los días, el pequeño Axel es el primero en salir de la casa porque camina mas despacio que sus hermanos mayores, que asisten a la misma escuela.

El único ingreso fijo de la familia es la pensión “Madre de siete hijos” que recibe Ramona. La economía familiar se completa con el dinero de algunas changas que pueda conseguir su esposo, Miguel Antúnez De Sosa, quien también se dedica a cultivar mandioca, batatas, porotos, maíz para el sustento de su familia.

La pareja no pide mucho. “Queremos que arreglen el camino porque es imposible transitar y que hagan un puentecito para que los chicos puedan cruzar el arroyo”, resume Miguel. En realidad deben trasponer dos cursos de agua, pero los vecinos del paraje ya construyeron una de las pasarelas a principios de año.

Mate en mano, Miguel y Ramona cuentan que “al abuelito (ya falleció) lo tuvimos que sacar en un carro para poder llevarlo al hospital porque no podía entrar la ambulancia ni un remís a buscarlo porque el camino está feo y no hay puentes”.

 

 Con la pensión y algún otro dinero que pueda ingresar en la economía familiar, Ramona y Miguel logran que todos sus hijos vayan a la escuela. “A principios de año gasté más de 5.000 pesos para comprarle la ropa, calzados y útiles eligiendo lo más barato. Y ahora le voy comprando a cada uno un calzado por mes porque no alcanza para más”, se sincera Ramona, que nació muy cerca de allí, en Picada Naranjal.Unas bolsas de cemento, un poco de arena y algunos ladrillos donados por un intendente a la familia sirvieron para construir la base de una nueva casa. Miguel admite que intentó conseguir algún tipo de ayuda para terminar la obra, pero sus pedidos no tuvieron eco.

Indiferente a la pobreza, Axel le da los últimos retoques a la tarea que quedó pendiente. Guarda el cuaderno en la mochila y observa que el sol empieza a ganar su batalla contra las nubes. Sonríe. Sabe que mañana volverá a atravesar la cancha de la escuela donde una fría mañana se convirtió en viral.

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