El pozo del turco, cercano a Alsina, encierra un misterio de amor…

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Leyendas del viejo Baradero: por Blanca Raggio de Asprella

 

El pozo del turco, cercano a Alsina, encierra un misterio de amor…

 

Anita había andado correteando por los baldíos vecinos, cuando casi cae a un antiguo pozo de balde ¡Uno de los tantos que se hayan conocidos o no en nuestra ciudad!

 

Cuando llegó a su casa, muda de susto, su abuela – después de sermonearla y darle un poco de agua de azahar para que volviera en sí, comenzó diciéndole: ¡Casi te pasa lo que le pasó a aquel turco cerca de Alsina, que desapareció en un pozo sin dejar rastros”.

Sería el agua de azahar o la curiosidad las que lograron que la niña fuera todo oído para escuchar las narraciones que tanto le interesaban…

 

“Abdullá había llegado muy joven del lejano Líbano y aquí, en la Argentina, enseguida le motejaron “el Turco”. Comenzó humildemente con una valija llena de chucherías que hacían la delicia de las chinitas de los rancheríos y suplían urgentes necesidades de más de una señora a quien los malos caminos le impedían comprar en el poblado más cercano.

 

Pronto “el Turco” se ganó el afecto de todos sus clientes. Entre ellos se encontraba Giuseppe “el gringo del almacén” casado con una criolla del Baradero.

De esta unión había nacido una niña que reunía lo mejor de ambas razas y “el Turco” sentía hacia ella el cariñoso afecto que inspiran los seres inocentes y hermosos.

 

El tiempo pasa, “el Turco” progresa en su negocio y ya anda por pagos más lejanos con su gran carro tirado por un esplendido caballo…

El negocio del “gringo” Giuseppe también se agranda y la pequeña Isabela, ya es una hermosa adolescente…

El paisanaje solo puede verla y admirarla detrás de las rejas de la pulpería y “malician” que el gringo no se la dará a cualquiera.

Como buen negociante, esperará la mejor oportunidad, el mejor partido…

 

Para “el Turco” eso no contaba, pues él tenia entrada libre en la casa y como siempre-desde que naciera Isabela- traía en cada viaje una prenda mas para el ajuar que la madre iba preparando y tenia guardado; con hojas de lavanda; en un gran arcón…

 

Todo llega y el nuevo vecino, hombre maduro y trabajador, dueño de tierras y con dinero; fue el mejor partido para el “gringo”… La opinión de Isabela poco importaba en este asunto… Y un día la fecha quedo fijada… Se aceleraron los preparativos del gran ajuar.

Esta vez fue Don Giuseppe quien habló al “Turco” pidiéndole la mejor tela para el vestido de novia. ¡Quería lo mejor para su hija!

 

La joven contemplaba asombrada como todos resolvían problemas tan suyos y acercándose a su amigo de siempre le pidió que trajese para “la vuelta” un tul bordado con dibujos parecidos a los que hace la escarcha sobre los pastos…

El “Turco” que no salía de su asombro, prometió la mejor mantilla que encontrara, a la futura desposada…

 

Esta “vuelta” para Abdullá fue a la vez larga y corta… y como lo prometiera, la más fina mantilla que encontrara en sus paisanos, los mayoristas, fue adquirida para la hermosa joven. ¡Isabela estaba maravillada ante los finos dibujos y no pudo reprimir el deseo de contemplarse con su atuendo nupcial completo!

El “Turco” pudo ver así a una encantadora figura, como surgida de un cuento de las Mil y una noches… ¡Un ser casi irreal! Al contemplarse se dio cuenta que algo en su interior se estaba destrozando…

La voz de la madre de la joven rompió el encanto…

“¡No puede entrar, Don! ¡Trae mala suerte ver a la novia con su vestido antes del casamiento!”

 

Así le hablaba al novio, que deseaba hablar con la joven para ultimar unos detalles y que se tuvo que ir, ante la advertencia supersticiosa de la mujer del “gringo”.

Al otro día de la boda, el “Turco” se despidió ante el asombro de todos, que lo tenían como a uno de los principales invitados.

La novia, ya lista para subir a la volanta, que la llevaría a Baradero, se acercó al “Turco” y le dijo: “Gracias Abú por tu regalo, es el mas lindo de todos”. Y ambos partieron para rumbos distintos…

 

Al día siguiente, los flamantes esposos en el nuevo hogar… Quedarían por mucho tiempo los comentarios de la gran fiesta que hizo el “gringo” para el casamiento de la hija… y también la triste noticia de la desaparición del “Turco” en el pozo que todos muy bien conocían, en el camino cercano a Alsina… ¿Qué paso a Abdullá? ¿Una distracción? ¡Algo inexplicable! ¡Todo desapareció, juntamente con él: carro, caballo, mercaderías… Las huellas terminaban en el borde del pozo.

 

¿Qué pasó esa mañana? Abú –como le llamaba Isabela- absorto en sus tristes pensamientos, dejó las riendas sueltas a la merced de su fiel caballo?

O acaso en el espejo improvisado de pozo creyó ver la imagen de una linda novia, con el velo bordado imitando los arabescos de la escarcha?.

¿Quién podría afirmarlo?

 

¡El “pozo del Turco” seguirá siendo para nosotros un misterioso secreto! ¡Un extraño cofre que encierra un mensaje de amor y que de tanto en tanto vuelve a ser noticia, porque no se sabe por qué –ya que todos conocen su existencia, profundidad y peligrosidad, con bastante frecuencia, el pozo atrae como un imán a nuevas victimas!

 

 

Fuente: Leyendas del viejo Baradero por Blanca Raggio Asprella.

Transcripción: Antonella Misenti

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2 COMENTARIOS

  1. Aunque no sea nativo de Baradero, conoci el pozo del turco, una vez fui a pescar al Rio Areco por el camino de tierra, y el pozo se encuntra antes de llegar al rio mano izquierda, y en una epoca estaba rodeado de un alambrado dado su peligrosidad. Dicen que su profundidad no se ha podido medir, es real existe, y la leyenda es que desaparecio en el un turco con su carro y su caballo, de ahi viene su nombre.

  2. Tengo 48 años, soy de Mercedes, Buenos Aires. En mi infancia escuché de mi abuelo (un gran aficionado a la pesca), mi padre y amigos de mi abuelo, la referencia a este lugar al que solían ir a pescar. Todo con la misma leyenda del Turco que aquí cuentan tal como dijo Luis en el otro comentario estaba «alambrado». Recuerdo que una noche de tormenta pasamos por el lugar luego de haber salido del paraje Cañada Honda…. una noche llena de relampagos y al pasar por ahí nos contaron nuevamente la leyenda que con ese escenario era algo así como un sitio digno de una película

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