Adiós Maestro… Julio Héctor San Lorenzo, un implacable centrodelantero goleador, oriundo de Posadas, Misiones, donde nació el 20 de diciembre de 1934, se radicó de pequeño junto con su familia en San Martín, en el noroeste bonaerense. Dio sus primeros pasos futbolísticos durante cuatro años en las inferiores de River, donde entabló amistad con el arquero Amadeo Carrizo, quien lo acompañaba a los entrenamientos. Jugó en la Cuarta y en Tercera, pero como el entrenador Renato Cesarini lo ponía de puntero derecho y en su puesto natural estaban Walter Gómez y Norberto Menéndez, tomó otros rumbos. Eligió Sportivo Baradero, donde rápidamente se convirtió en el goleador y la figura del equipo que se coronó campeón invicto de la liga local en 1957. Recaló en Nueva Chicago a comienzos de 1958 para reforzar al equipo que participaba en la vieja Primera B Metropolitana, por entonces la segunda categoría del fútbol argentino. Alberto Daquarti, Norberto Calandria, Julio San Lorenzo, Jorge Edgardo D’Ascenzo y Oscar Casanova. Apellidos que se recitan casi de memoria porque integraron la mejor delantera de la historia del club de Mataderos y una de las más renombradas del fútbol de Ascenso. A la «Máquina Verdinegra», tal como se los conocía, solo les faltó coronar todo su potencial con un título. Su mayor momento de esplendor fue en 1958, cuando anotaron 71 goles de los 85 que convirtió el equipo de Mataderos que se consagró subcampeón, cuatro puntos detrás de Ferro. Ese mismo año fue protagonista de una memorable anécdota en uno de sus días más felices de su vida. El equipo estaba peleando la definición del campeonato y el sábado 1° de noviembre, obligado por un vicepresidente, tuvo que presentarse a jugar ante Excursionistas. Esa noche se casaba por iglesia con Lita y la postergación en el horario del partido lo puso en un aprieto. «Hago tres goles y me voy», les dijo a sus compañeros. Cumplió la promesa y marcó los tres tantos para la goleada 5-1, pero llegó tarde a la ceremonia en la iglesia. Su juego atildado, la prestancia en el área y sus dotes para definir lo catapultaron al fútbol grande.
Néstor Pipo Rossi se lo llevó a Racing en 1963, donde jugó 25 partidos y con 16 tantos fue el goleador del equipo. Después, actuó durante dos temporadas en Banfield: anotó 16 goles en 45 encuentros, pero una seria lesión en la rodilla derecha (rotura de los meniscos externo e interno) lo condicionó. Tuvo un fugaz paso por América de Cali y regresó a Nueva Chicago en 1970, donde se retiró a los 35 años tras un breve interinato como DT -junto con Juan Manuel Guerra- ante la prematura dimisión de quien ocupaba ese cargo, Mario El Atómico Boyé, otra gloria del fútbol. Su corazón se detuvo en la madrugada del jueves, a los 81 años, mientras descansaba en su casa del barrio Ejército Argentino, en Santiago del Estero, la provincia que lo cobijó en las últimas tres décadas. Se fue en silencio, como lo hacen los grandes, pero con el recuerdo imborrable de haber dejado su sello personal en la historia del fútbol argentino. (Fuente Clarín) El club Sportivo Baradero siente un profundo pesar por la desaparición física de Julio y le extiende el más sentido pésame a su familia.
SPORTIVO BARADERO•JUEVES, 28 DE JULIO DE 2016










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