Historias baraderenses

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La «radio» de Pablo Spies

 

Pablo Spies fue un vecino ingenioso, muy habilidoso y aplicaba esas y otras condiciones que tenía, para poner en práctica un humor que a veces resultaba un tanto corrosivo para quienes eran víctimas de él.

Tenía un taller electromecánico en calle Laprida al 1000, donde actualmente funciona un comercio de reparación y venta de motos, que se convirtió, con el paso de los años, en una especie de leyenda para muchos baraderenses. Por allí pasaban todos los «vagos» de la época (década del 50) que se reunían a urdir alguna trapisonda. De esos cónclaves surgió el cañón casero que Spies y sus amigos montaron en la barranca del predio correspondiente a la Fundación «Arturo Figueroa Salas» y dispararon contra un buque que surcaba el Paraná. Las consecuencias no fueron para nada agradables y los ejecutores del disparo debieron dar una serie de explicaciones a las autoridades navales a efectos de convencerlas de que se había tratado nada más que de una broma aunque, por supuesto, muy poco usual.

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De todas las anécdotas que rodearon la existencia de Pablo Spies, la más recordada, sin lugar a dudas, fue su «radio». En el taller había una clásica radio de esos tiempos, de esas grandes, con caja de madera, a la que Pablo había conectado un micrófono al parlante. En razón de esto, quien deseara hacerlo, podía hablar ante ese micrófono saliendo su voz por el parlante de la radio, con este detalle: el que hablaba quedaba oculto de las miradas de los que estaban en el taller, tras una especie de tabique que había sido dispuesto convenientemente a esos efectos.

Cuando entre quienes frecuentaban el lugar aparecía alguien a quien quería gastársele alguna broma, la «radio» empezaba a funcionar. Así ocurrió en cierta ocasión cuando se acercó al taller otro de los más recordados personajes de Baradero, «Tronco» Formica, quien se dedicaba a la pesca y a toda tarea que le permitiera ganarse la vida con mucho ingenio y honestidad y quien, entre esas cosas, se ocupaba de satisfacer algunos encargos que le daban en la rotisería de Marconi, que estaba en el sitio ocupado hoy por el Bar «Pelecho»; allí, doña Manuela, le encargaba algunas cosas necesarias para el negocio que Formica buscaba y traía. En la oportunidad a que nos referimos, la «radio» dio una noticia que decía más o menos así: «Se supo que el Sr. Formica se robó una manzana de lo de Marconi». Sorprendido, el aludido tuvo una reacción instantánea respondiéndole a la «radio»: «Eso no es cierto», a lo que desde el aparato surgió una voz diciendo: «Sí que es cierto».

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Todos coinciden en que «la máxima» fue la que planearon con un guardabarreras de Río Tala al que hicieron víctima de una broma que podría calificarse de bastante más que pesada. Para concretarla debieron hacer un trabajo paciente ya que hubo que convencer al hombre puesto de venir a comer un asado al taller, pues tenía que abandonar el cuidado del paso a nivel por unas horas. Tanto hicieron que al final lograron convencerlo, aunque el hombre dejó su puesto en manos de un amigo entre mil recomendaciones.

La noche programada el hombre vino, lo sentaron a la mesa en la que se sirvió el asado mientras la radio sonaba como fondo de la charla que mantenían los comensales. De repente, la voz del «locutor», interrumpió bruscamente la transmisión radial habitual para dar a conocer una noticia con carácter de urgente: «Tragedia ferroviaria, en un paso a nivel de Río Tala que se encontraba con las barreras altas, el tren arrolló a un colectivo repleto de pasajeros». Pablo recordaba lo ocurrido de inmediato así: «El tipo se puso blanco, se paró y salió a toda velocidad. No lo vimos nunca más».

Durante un tiempo, Spies, su «radio» y sus amigos continuaron con sus bromas hasta que la trampa se hizo conocida y dejó de ser eficaz. Lo que aún perdura es la historia de aquellas bromas ingeniosas, también producto de una época muy distinta a la que hoy vivimos.

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3 COMENTARIOS

  1. La verdad, que reencontrarme con Pablo es éste lugar me resultó muy agradable. Recuerdo que siendo solo un nene, Pablo me decía » vos sos un pibe re bueno, lástima que tan pelotudo» frase que se la repetía a la mayoría de los pibes del barrio. Ha llegado a corrernos más de una cuadra para cagarnos una patada en el culo, por vivos, subestimabamos su velocidad.
    Un capo, un humorista de primera, basta recordar «el matungo» del corso que meaba y todo, un tipo que te enseñaba cada joda que podía llegar a realizar. Felicitaciones por el recuerdo y nunca voy a olvidar el día que «el famoso puteador social «Loro Chueco» buscaba una bolsa de red que había perdido… entre renguera y renguera puteaba, iba por Laprida desde Bulnes hasta Passo, puteando, sabiendo que su bolsa no tenía patas, pero OH! casualidad, no apareció hasta el día siguiente, cuando amaneció COLGADA DESDE LA FLORIPA DEL ALUMBRADO PÚBLICO con un cartel visible en su interior con grandes culo de botella y abajo un PRRRRRRRRR, LORO CHUECO!!!…

  2. buenisimo este recuerdo, pablo un fenomeno de persona, como se dice UN LOCO LINDO, jeje como nos cagabamos de risa con sus historias, la verdad que hoy dia hace falta gente como esta.

  3. La verdad que del tío Pablo me acuerdo y mucho…
    Sí, era mi tío y me acuerdo mucho de sus historias…
    Una vez me acuerdo que contó que se había cortado las falnges de algunos dedos. Las falanges las puso en una bolsa con hielo y así se fue manejando hasta el hospital. Un loco mi tío…

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