Imágenes de un cuarto de siglo neoyorkino – por Hugo Pezzini

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Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

Hace poco más de unos tres años, después de veintiocho vividos en la Avenida Central Park West, de Manhattan, me mudé a Pleasantville, un valle rodeado de colinas boscosas en el Estado de New York. Estoy ahora a exactamente cincuenta y tres minutos de distancia ferroviaria de de Grand Central Terminal Station, la “Estación Retiro” de Manhattan.

Esta mudanza no sólo significa el abandono de esta isla, Manhattan. Es también el abandono de una urbe donde se manifiesta la mayor concentración edilicia del planeta. A continuación, para mí sigue este ingreso a un espacio de suaves colinas boscosas, con casas engarzadas en espacios disímiles —como joyas en una alhaja suntuosa. Chalets, ranchos y palacetes, construidos todos ellos de acuerdo a pincipios estéticos que parecieran inspirados en la arquitectura de los cuentos de hadas, Esos mismos principios estéticos, por otra parte, son los que rigen y caracterizan a la región de la Nueva Inglaterra norteamericana, que alberga a este, mi nuevo pueblo.Dejo atrás lo hiperurbano, la megalópolis,para ingresar a este bucólico paraíso de Pleasantville. Al hacerlo descubro la influencia sobre mi destino del humor abtruso de Hécate y sus secuaces -esas jocosas deidades olímpicas, a quienes Homero y Ovidio les atributen un cierto sadismo de efecto tragicómico por medio del cual se divierten. Excediendo de ese , su humor abtruso, estas deidades me demandan -y, como su precio para permitir mi mudanza me cobran – que desmonte y abandone para siempre un espacio que yo había estado construyendo como una expresión y extensión de mi propia existencia e identidad durante todo ese cuarto de siglo . Veámoslo juntos. 

 

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

Esa fue mi “casa de hombre solo en casa sola” (Julio Cortázar) en todos esos veinticinco años: Leí alguna vez en la revista Esquire —“Escudero”, una publicación norteamericana de altísima respetabilidad— que Manhattan posee el más alto porcentaje del planeta de personas que viven solas en un espacio habitacional individual [single-occupancy household] de toda la tierra. Lo digo otra vez, y de la misma manera: esta isla concentra el número más alto de la escala mundial de gente que vive sola en su departamento. In-di-vi-duos.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

Entiendo mi morada como una extensión de mi propio cuerpo, de mi personalidad, dije antes. En consecuencia de eso dicho, he debido reflexionar. Y lo  hice. Lo hice con la intención o el empeño de articular aquí y de forma explícita para vos, las razones que me llevaron a transformar mi entorno en una “instalación”. Llamo así a la (mi) construcción, que —en una entrevista realizada por la fotógrafa del Centro Internacional de Fotografía, Leda Costa , [ella ha editado un corto film documental sobre mi hogar]— definí como “una instalación artística”. Mi hogar.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

La muy imaginativa escritora irlandesa Emer Martin [“Premio Libro del año” en Dublin, Irlanda, por su novela Breakfast in Babylon] describió mi departamento como The Inside of Hugo’s Head [“El interior del cráneo de Hugo”] y tal vez no haya creado esa expresión tan sólo por ironía. Todas mis pinturas, mis construcciones, alguna escultura, objetos de mi afección, mis más de dos mil doscientos libros, toda mi música en CDs, mi cine en DVDs, y varias colecciones de artefactos diversos que atesoro se fueron acumulando a lo largo de los años sobre las repisas, en los estantes, en mesas, en cómodas, en cajones y en cofres de mi hábitat de Central Park West [frente a The Pool, o también The Pond —uno de los lagos más intimistas y hermosos de ese mítico parque]. Esto dejo.

Mi hogar está lleno de homenajes: “citaciones” [quotations] y “capillitas” [shrines] que evocan momentos o recuerdos materializados en esas creaciones. Abrís la puerta de entrada a mi hogar y te reciben objetos, uno ya detrás de la puerta misma: bastante alto en la pared hay una pintura mía titulada “Te digo adiós”, en la que en imágenes crudas y semi-abstractas evoco a Baradero en el punto geográfico que durante mi infancia marcaba la “puerta” de entrada o salida del pueblo [es por eso que esa obra está ubicada detrás de la puerta].

La puerta de Baradero era lo que todos llamábamos, “La barrera”, o “El paso a nivel”, o “Las vías del tren”. Bajo esta pintura que recuerda ese lugar, se encuentra una suerte de perchero construido con una madera, que fuera sin duda arrojada a tierra firme por las mareas: erosionada y lavada casi hasta la blancura por el mar de Cape Cod, A ese tronco lo hallamos con mi tercera esposa, Luitgard Elizabet Carden Forbes, en las arenas de la isla privada de su familia [Naushon Island, del Archipiélago de las Islas Elizabeth].

De ese perchero cuelgan paraguas en ganchos de bronce, que le apliqué a este madero marítimo para transformarlo en una suerte de perchero. Los paraguas a la entrada vienen al caso: esta fue una inspiración que me despertó la memoria del paragüero (un receptáculo similar a un balde labrado de plata) que vi en el palier del departamento del baraderense Coco Fernández [Ralph Cooper, en EE.UU.] la primera vez que lo visité; allá por el 88, en Brooklyn Heights —. Brooklyn Heights es el barrio ribereño desde cuyo mundialmente famoso promenade se aprecia Manhattan como desde ningún otro lugar. No obstante, con respecto a best view, tal vez haya que exceptuar la rambla de East New York, por pura paradoja intencional, en New Jersey. Esa podría el mejor promontorio para apreciar la belleza de la isla de Manhattan.

Cuando fui a la casa de Coco Fernández por primera vez y vi el paraguero de marras, yo era todavía demasiado nuevo en este país. Mi falta de hábito con tamañas despreocupaciones económicas, hizo que me sorprendiera al ver esa “holgura ” tan natural aquí, que permite a alguien tener media o una docena de paraguas siempre al alcance de la mano, para que quienquiera que venga de visita pueda apropiarse de uno, si llueve en el momento de la partida.

Recordando a Coco —hoy fallecido— y sus paraguas, (re)-creé este artefacto de madero marino y ganchos de bronce. Este artefacto ‘votivo’  (“Coco Fernández” in memoriam) recibe en mi departamento a mis visitantes.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com
Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com
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A unos pocos pasos más allá del paraguero, cuelga un pesado “diorama-escultura”, por medio del cual devuelvo su tridimensionalidad original a las latas de sopa  Campbell’s  que Andy Warhol bidimensionara, al transformarlas en pinturas. Construí el diorama con un marco [inspirado en los tradicionales embalajes argentinos de mercadería, que eran en general cajones de madera]. Este artefacto de ebanístería alberga cincuenta y cuatro latas de sopa Campbell’s, que tuve que soldar con estaño, una a una y a muy baja temperatura: las latas son reales y con su contenido intacto —la sopa líquidda misma. El  producto mismo. Conceptualmente tenía que ser así; con todo original e intacto: las etiquetas Campbell’s de delicado papel y los adhesivos del supermercado con los precios que pagué cuando las adquirí.

Por supuesto que este es un artefacto “consagrado” a Andy Warhol:  Soldé cincuenta y cuatro latas como homenaje al (o una cita del) Studio 54th., la discoteca donde se exhibian y socializaban noche a noche Andy Warhol y su clan.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

Bajo la pintura más grande de mi departamento (Resident Alien), tengo una mesa de planchar de madera muy rústica con patas tijera, construida en el Siglo XIX. La hallé en un mercado de pulgas de Madison Avenue y es ahora mi mesa de diccionarios. Se localiza bien a mano: a la derecha  del gran sofá del living room. Detrás del sofá colgué un enorme espejo horizontal con un pesado marco celeste, hermosamente decrépito. Este espejo es en realidad una puerta completa y original. La rescaté, en el mismo momento de cruzarme con ella, de la vereda de una casa que estaban demoliendo en mi barrio. La recogí ¡tenía que colgarla en mi departamento! Por veinte dólares un muchacho de la empresa de demolición me ayudó a arrastrarla hasta mi hogar]. Alojado bajo esa mesa de planchar tengo otro hallazgo de mis paseos por los anticuarios y mercados de pulgas que existen en New York City:. Este es el estuche del bajo eléctrico de Phil Kramer [Philip Taylor Kramer], uno de los músicos de la banda de rock progresivo Iron Butterfly, quien desapareciera misteriosamente y cuyo cadáver se halló en el fondo de un precipicio de California, cinco años después. Hallazgos.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

No obstante, la instalación más voluminosa de mi hogar es mi baño y se inspira en una costumbre muy generalizada de los hispanos que viven aquí. Porque son muy religiosos es común ver en sus casas pequeños “altares”. En general tienen tan sólo una imagen [Nuestra Señora de Guadalupe, si son mexicanos, por ejemplo], algunas fotografías de familiares fallecidos, una o dos velas votivas, una botellita de agua bendita, tal vez. Hace muchos años [puede ser que hace ya un par de décadas] yo estaba trabajando en una larga monografía sobre el escritor e ilustrador inglés William Blake, autor de los Songs of Heaven & Hell [Canciones del paraíso y del infierno]. Pero primero estas fotos a continuación, y después sigo.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com
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La obra de William Blake refleja su gran interés en el tema de la relación entre lo sagrado y lo profano [ las imágenes de Jesus y de Santanás son recurrentes en su poesía, que por otra parte se las inspiró la lectura ávida de “los Paraísos” (el perdido y el recuperado) de su compatriota John Milton.

Aprovechando la dualidad maniquea blackeana, y ya que un baño es un espacio a la vez sagrado [lo sagrado literalmente es “lo oculto/ lo intocable/ lo que debe protegerse”] y profano [dado el carácter “polucionado y contaminante”, porque la tradición le atribuye todo lo escatológico]. Fue así que decidí transformar mi baño en un espacio de expresión de religiosidad: es mi “Baño-Altar”.

Está organizado de modo “multidenominacional”, ya que hay artefactos que van desde el catolicismo —hallados y adquiridos en el mismísimo Vaticano, algunos— hasta la macumba, el vudú, la brujería, el budismo zen, lo hinduista, el judaísmo. Mi más preciada pieza es una mezuza de plata e incrustaciones de gemas preciosas que me trajo de Jerusalén una académica israelí que se hospedó en casa durante unas conferencias de New York University.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com
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Tengo interpretaciones pop de la religiosidad [una imagen de la cantante Madonna Ciccone como la “Madonna con el Niño en brazos” [el niño es el cantor Billy Idol]. Cuelga del techo una verdadera “teja” del Estado de Tejas [Texas], que una vez fuera parte de México, con una imagen de la Virgen de Guadalupe, la patrona [¿no debería ser “matrona”?] de ese país latinoamericano de la América del Norte.

El cielorraso del baño, a la manera del enormísimo fresco de Miguel Ángel en la Capilla Sistina [algunos prefieren “Sixtina”], está casi totalmente ocupado por una pintura original del artista plástico argentino Hector Borla, llamada La Nueva Mascotita —que es un desnudo muy sexy de una mujer bastante entrada en años, dominando el “esférico” con su talón.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

La creencia en la suerte que atraen o brindan las mascotas, y el fervor casi religioso del hincha de fútbol, justifican la presencia de esta ninfa sacralizando el baño-altar de un argentino. Esta pintura fue parte de una exposición hecha en Buenos Aires en la década del sesenta, si no me equivoco, llamada Arte y Fútbol. Participaron muchos pintores y para ese fin crearon obras de arte como ésta, específicamente sobre la mitología futbolística. Junto con varios otros artefactos me lo dejó un amigo, el fotógrafo argentino Luis Escariz cuando se fue a vivir a la Isla de Pascua [en 1967 o 68]. Escariz era reportero gráfico de la desaparecida “revista para hombres de empresa” Rapport, de la cual yo era, a la sazón, columnista y secretario de redacción.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

Tengo una pantalla de TV LCD de 46 pulgadas con un brazo articulado que oculta una sorpresa: detrás escondo tres espadas de samurái. Este es un codeo, en homenaje al cine de Quentin Tarantino. El director norteamericano es un gran admirador de los filmes japoneses y chinos de artes marciales, en los que de forma frecuente hay escenas donde armas ocultas están al alcance de la mano. Las curvas y largas espadas katana de atrás de mi pantalla de TVson como la que halla Bruce Willis en una casa de empeños, en la clásica escena del film Pulp Fiction. 

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

Una de mis tres espadas secretas es una katana “escamoteadora”: dentro de su vaina  alberga una segunda arma —la wakizashi [la espada menor del samurái, esa que él empleará si por algún error esgrimístico fuera despojado de su katana. . . o por última vez para cometer seppuku: el harakiri]. La segunda espada en mi soporte portaespadas es una katana regular, sin sorpresas. La tercera es una katana de entrenamiento: la hoja es una lámina de esa madera muy dura y oscura llamada ébano.

Además de toda mi obra personal, en casa tengo mis mates. Es una creciente colección de mates con sus bombillas  uno de los cuales utilizo para mis amargos con yerba Rosamonte. El último kilo de Rosamonte me lo regaló mi amiga Cristina Wuthrich cuando estuvo aquí.

Las cuatro paredes de una de mis habitaciones están tapizada con algo más de medio centenar de gorras y sombreros, entre los que hay un auténtico chambergo inglés de Manchester, Inglaterra —Es desde el Reino Unido que los estancieros ingleses trajeron los chambergos nuestro país. Me lo contó el sombrerero que me lo vendió en Camden Town [el barrio suburbano de Londres donde vivió y murió Amy Winehouse]. Ese viejo inglés me contó la siguiente leyenda, cuya autenticidad no he comprobado: El chambergo era para los capataces, y las boinas vascas o francesas [basques] para los peones. Era por cómo estaban coronadas las cabezas de los jinetes, que cualquiera podía determinar con facilidad y desde lejos [sobre todo el estanciero, imagino] el rango y autoridad (capataz o peón) del elemento humano durante los arreos u otras faenas campestres.

Tengo legítimos “Stetsons” de vintage auténtico. Tengo un  Stetson de la década del 40 que es idéntico al que usa Al Pacino en El Padrino I. Guardo varios bastones, porque me gustan y en recuerdo de Borges y de Mujica Láinez. También he colgado algunas litografías importantes: las tres caricaturas de Borges, por David Levine —el “Hermenegildo Sábat” norteamericano. Tengo una copia firmada del proyecto de la envoltura del Parlamento de Berlín, por Christo. Es mío también un cartoon al acuarela, ideado en elogio al historietista e ilustrador [fallecido] Paul Olswang. Está firmado por el artista, Robert Crumb, cuyo trabajo se hiciera tan valioso que una vez cambió unos originales suyos por una casa en Provenza, Francia.

Poseo, por último, “Sol”, del desaparecido pintor sampedrino Prelato, un cuadro de rara belleza que fuera de mamá, y me regaló para uno de mis casamientos. Y además en Central Park West cuelgan todas mis obras, de las cuales podría hablar interminablemente, indefinidamente.

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com

A manera de épilogo: en una pared de mi nuevo hogar de las colinas y valles de Pleasantville (las dos próximas fotos, abajo) exhibo ese “Sol” de Prelato, y aquí brillará todo su impresionismo, “capturando el instante fugaz de la luz”, ad aeternum.

Mi hogar en Pleasantville

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Algunas imágenes más de mi hogar de la avenida Central Park West, Manhattan

Hugo Pezzini’s Central Park West Apartment/Art Installation. All photos by Leda Costa, www.ledacosta.com
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Las imágenes epigrafadas con su nombre son obras de Leda Costa.

Esta artista es una fotógrafa formada en el New York International Center of Photography. Su estudio actual se halla en Seattle, Estado de Washington EE.UU.

Leda Costa (arriba) es la nieta de Clarita Bernardi

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Foto por Leda Costa

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