La estupidez

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Por Inambú Carrasquero – Días atrás,  esta página nos ofrecía información acerca de determinadas patologías del comportamiento humano; pudimos así conocer sobre la Mitomanía y la Cleptomanía, trastornos de conducta bastante frecuentes que contribuyen a dificultar aún más, si fuera posible en estos tiempos, las relaciones interpersonales.

 

Creí que se constituiría en un humilde complemento de aquel valioso aporte, el acercar alguna información referente a otro fenómeno de la conducta humana: La Estupidez.

 

Existen innumerables teorías que han intentado definir y clasificar a la Estupidez, pero ninguna, hasta el presente, puede ser considerada correcta y mucho menos, definitiva.

 

La mayoría de los autores opina que, si bien, entraría en la categoría de Enfermedad Mental, debido a que el Estúpido evidencia una alteración en su razonamiento y en su comportamiento, en su facultad de reconocer la realidad y en la valoración adecuada de su entorno, no ha quedado claramente demostrado que papel juega el grado de inteligencia, ya que éste no resultó significativo en ninguno de los millones de pacientes estudiados.

 

Otras corrientes se han inclinado por ubicarla dentro de los trastornos orgánicos, pero la evidencia clínica ha demostrado que un altísimo porcentaje de estúpidos, luego de seguimientos prolongados, gozaban de excelente estado físico, he incluso demostraban una cuota muy superior al término medio de energía y entusiasmo; es más común, concluyen, observar un estúpido hiperactivo que un estúpido apático.

 

Donde se han encontrado mas coincidencias en el campo investigativo, es en la aceptación de la conveniencia de considerar a la Estupidez como un trastorno funcional, ya que sea como sea, altera la conducta y el desempeño del sujeto que la padece y lo que es peor,  afecta, altera y exaspera a cuanto individuo sano tome contacto con el estúpido.

 

A fines de los años 60, tuvo algún predicamento la teoría elaborada por un científico canadiense que logró establecer cierta precisión en el diagnostico de la Estupidez,  arribando a él por descarte, es decir, se trata de ir desechando todos los trastornos y enfermedades mentales conocidas, agotando todas las posibilidades, hasta llegar al punto en que,  a falta de otra cosa para descartar, no queda mas remedio que diagnosticar Estupidez. Cabe destacar que se estila hasta el presente, no comunicar jamás dicho diagnostico a los pacientes.

 

Hoy, 50 años después, éste sigue siendo el método de diagnóstico considerado mas seguro, además, la Comunidad Científica Internacional admite que son muy pocos los estudios que se están realizando al respecto, debido al cansancio y a la desazón de los científicos, que consideran que no llegaran jamás a abarcar la diversidad de este fenómeno.

 

Para peor,a la fecha, la O.M.S. no se hace cargo de ninguno de los resultados obtenidos y admite que no está en condiciones de avalar ninguna definición que especifique los límites de la Estupidez,  sus causas y eventuales tratamientos, aduciendo que se carece de patrones confiables para ello. Prefiere conceder que se trata de un Síndrome, aparentemente, permanente o crónico, cuyas causas se desconocen, que se manifiesta individualmente, solo en la conducta del individuo, sin que afecte su salud orgánica,

 

A partir de esta postura de la O.M.S., algunas escuelas coincidieron en denominarlo Síndrome de la  Máquina de Enfermar (a los demás), por cuanto la Estupidez no enferma al individuo que la padece pero si puede enfermar a quienes tienen contacto prolongado con él; gastritis, úlceras, hipertensión, urticarias, taquicardias, trastornos respiratorios, caída del cabello, várices, trastornos en el sueño y en la alimentación, estreñimiento y falta de apetito sexual, son algunas de las afecciones comprobadas en personas que  comparten una hora diaria o más con un estúpido.

La Asociación Psiquiátrica Internacional acepta que se trata de un fenómeno individual, por cuanto está probado que cada afectado puede presentar síntomas totalmente novedosos, es decir, es difícil encontrar un estúpido igual a otro.

 

Teniendo en cuenta todo lo antedicho, surge que lo único adecuado es entonces, centrarnos en el comportamiento particular del estúpido, para identificarlo certeramente y, sin caer en la paranoia, rajar lo más lejos posible.

 

Se presentan como individuos voluntariosos y creativos, emprendedores y tenaces, pero dueños de una subjetividad tan particular, que los hace percibir la realidad de un modo incomprensible para los demás; en efecto, a partir de esa visión distorsionada, antojadiza, extraña o directamente estrafalaria del entorno y sus circunstancias, elaboran conductas y estrategias que resultan en extremo peligrosas para quienes tengan la desgracia de tener que interactuar con ellos; su escala de valores está totalmente trastocada por lo que, sus metas, sus límites y sus apreciaciones, no tienen nada que ver con las del resto del mundo,

 

La Estupidez suele provocar hiperactividad social en el individuo (Figuretismo),  participación compulsiva en la vida de los demás y de todo lo que se les ponga al alcance; Es muy difícil encontrar un estúpido que se quede tranquilamente en su casa mirando la tele, de ninguna manera, el estúpido sale, se inmiscuye, participa, opina, procede, toma la iniciativa y se fija metas. Tienen, eso sí, una envidiable e indestructible autoestima, JAMAS toma conciencia un estúpido de lo perjudicial, molesto, inaguantable, inadmisible e insufrible de su comportamiento; él va feliz por la vida,  convencido de que es el iluminado que le estaba faltando al mundo, mientras que, los que deben relacionarse con él, se ven sumidos en la perplejidad y desesperación más absolutas, estado que puede hasta causarles la muerte.

 

No se ha establecido con exactitud, en realidad, nada puede saberse con exactitud tratándose de la Estupidez, pues, como ya dijimos, es un fenómeno sorprendente, pero no parece ser la maldad el disparador del comportamiento del estúpido; el estúpido no es malo, es estúpido y no toma conciencia de los estragos que causa a su paso,  cosa que sí hace el sujeto que actúa con maldad; el malo puede desistir de un acto de maldad porque es capaz de calcular que no le resulta conveniente o beneficioso, el estúpido en cambio, no posee esa capacidad, por lo que deducimos que es muchísimo mas peligroso un estúpido que un malvado.

 

Para facilitar su comprensión, estableceremos tres niveles de Estupidez:

a)   Estupidez Leve o Incipiente

Este sería el nivel más llevadero para el entorno;  el estúpido leve es, por lo general, bastante pasivo, mantiene un perfil sostenidamente bajo de participación,  evita  abarcar  terrenos complejos y limita su radio de acción, por lo que, neutralizar sus efectos no resulta tan complicado; este vendría a ser el estúpido “ timorato “

b)   Estupidez Severa o Exasperante.

Esta clase de estúpido ya es de cuidado;  odia pasar desapercibido, le aterra el anonimato y siente que no existe si no está inmiscuído en todo lo que le atañe, que es, por supuesto, absolutamente todo lo que ocurra o exista y que él pueda abarcar; por suerte, a menudo, sufre ataques de inseguridad, por lo que solo avanza hasta los niveles medios en los ámbitos donde ha conseguido instalarse; es sumamente difícil combatirlo ya que es dueño de una perseverancia, una constancia y una energía que lo hacen muy resistente.    

     c)   Estupidez Severísima o Desesperante (o Síndrome del Fundamentalista)

A este nivel podemos observar la Estupidez en su estado mas exelso;  éste es el estúpido de gabinete, digno de observación y de  estudio, pero también de muchísimo cuidado, puesto que es el más peligroso; en ningún otro caso, podremos observar tan claramente, la increíble y perfecta conjugación de necedad, egocentrismo, vanidad exacerbada, competitividad exagerada y la más absoluta ausencia de culpa, de duda y escrúpulos. Jamás pasará desapercibido, nunca resignará los primeros lugares por los cuales luchará con vehemencia y demencia; no se andará con chiquitajes, apuntará siempre a las alturas y no existe razón, argumento o fuerza que lo haga retroceder; en una ciudad, querrá ser el intendente; en un país, el presidente; en un medio de comunicación, el director o periodista estrella; en un elenco, la primera figura; en cualquier grupo, el líder; en el barrio, el langa; siente que los segundos lugares no se han hecho para él. Este estúpido es el más perseverante y obstinado, por lo que a menudo, lo vemos ocupando lugares destacados; el estúpido Severísimo o Fundamentalista es resistente como las cucarachas, tenaz como la pantera rosa y peligroso como dejarnos atender por un odontólogo que acaba de bajarse un cajón de cerveza.

 

Analicemos ahora cuales son las consecuencias de la Estupidez: el estúpido viene a ser el perfecto “perro del hortelano”; veamos por qué: se caracteriza por ser el más formidable luchador para alcanzar la meta que se ha propuesto, para ello es capaz de los mayores esfuerzos, de los más sofisticados artilugios, componendas o alianzas y podrá llegar a los mayores sacrificios, pero, aquí la conducta que lo hace inconfundible, una vez alcanzado el propósito, no sabe que hacer con él; invariablemente, en ese punto, es incapaz de desempeñarse o desenvolverse, se muestra perplejo, irresoluto, desorientado, indeciso, inoperante, inútil e inservible. Otra actitud típica del estúpido es su obstinada oposición frente a cualquier iniciativa noble o positiva de los demás; la causa más abnegada o provechosa será combatida o boicoteada por él, mientras que el propósito más inútil o inverosímil será defendido hasta la muerte por el estúpido.

 

Recordemos, a modo de ejemplo, que la lucha más difícil que debió librar San Martín, no fue contra los españoles, sino contra la legión de estúpidos que se oponían o entorpecían su gesta libertadora.

 

Los estúpidos fundamentalistas que planean y llevan a cabo terribles atentados terroristas que cobran miles de víctimas inocentes, son otra muestra.

 

Jesús mismo, fue entregado por un estúpido y nosotros, sin ir mas lejos, cargamos con el pecado original y nos debatimos en este valle de lágrimas, gracias a que Adán y Eva, cometieron la soberana estupidez de desobedecer a Dios al divino botón.

 

Ni hablar de los gobernantes, que se rompieron los cuernos por llegar a serlo, que tienen en sus manos la felicidad, tranquilidad, bienestar y seguridad de sus pueblos y se la niegan a causa de su increíble estupidez.

 

Y aquí, retirémonos a la intimidad de nuestra cucha y ahí en silencio, repasemos los últimos acontecimientos acaecidos en nuestra ciudad, no sintamos vergüenza si nos viene el impulso de llorar o gritar, ¿no ha estado la estupidez presente en todo momento?.

 

Podríamos seguir largamente dando ejemplos, pero dejémoslo aquí.

 

Para finalizar, una obviedad: cuidémonos de los estúpidos, y una reflexión: “la inteligencia humana es limitada, pero la estupidez no tiene límites”

 

Inambú Carrasquero

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