La línea invisible que nos une al todo

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Debería comenzar por decir que abordar piezas tan sentidas desde un lugar técnico parecería frío e inapropiado, pero no por ello hay que dejar de señalar el carácter que le impone la calidad del trabajo. Las líneas son perfectas y equilibradas. Las vetas parecen haber esperado que la gubia se detenga en ellas. La nobleza de la madera elegida para cada pieza da cuenta de una sabiduría que excede lo profesional y nos lleva directamente a la conexión espiritual que Torcello mantiene con cada bloque. Porque donde nosotros vemos bloques de madera maciza, toscos, sin color ni brillo, la artista advierte ese potencial de obra subyacente en el cual trabajará hasta sacar de él todo lo que impide apreciar su
pureza.

Aquellos que se detienen ante el banco Enredamaderas de Pablo Reinoso en el MALBA quizás desconozcan que para este escultor, Jorge Michel ha sido su maestro zen y le honra ser reconocido como su discípulo.

Sus colegas recuerdan a Michel de un modo más romántico y pintoresco. Para Pablo Larreta había despertado amores “A raudales”, mientras que a Juan Cavallero le gusta compartir la anécdota de aquel día que comenzó a hablarle a la pareja de un invitado y en pocos minutos la tomó de la mano y la llevó hacia la puerta ante la sorpresa de todos, que no podían creer el modo en que la dama había sido cautivada y la imposibilidad de reacción que esto había provocado al caballero en cuestión. Dicen que finalmente regresaron a la reunión y sonriendo Michel dijo: “solo quería demostrarles que aún puedo hacerlo”.

De modo que no sorprende que también cautivara a la más joven de sus admiradoras, de apenas cinco años, haciéndole creer que tenía fuerza suficiente como para mover un bloque de piedra que la superaba varias veces en tamaño. María Torcello pudo disfrutar de la magia de ese abuelo adoptivo sólo hasta sus 12 años, pero conserva intacta la pasión por la escultura y sus materiales.

Dos bloques de lapacho inconclusos de Jorge Michel han sido transformados en una obra a través de la intervención de Torcello. Dos y Uno -el título que la artista les asignó- es en mi opinión una pieza de amplio significado.
En primer término, evoca la historia de las grandes construcciones de la India y Egipto, donde hoy sabemos que comenzaban a trabajar los padres, continuaban sus hijos y a veces lograban finalizarlas sus nietos.
Pese a no haber sido esa la intención de Dos y Uno, yo encuentro en ella la huella del oficio transmitido de generación en generación. Haber elegido el lapacho marcado para darle forma -con propia impronta e identidad- trasluce el carácter de homenaje de la pieza, y por cierto la búsqueda de esa línea que une la materia, la mente y el espíritu perseguida por la artista.

“Esto que has puesto aquí, en el circo,
tus piedras, tus maderas, tus metales;

no son lo que parecen y esto es cierto:
no representa, no reemplazan, no disfrazan la muerte,
Son tu vida”.

De este modo Jorge Michel dejaba su mensaje en un poema escrito en 1989. Y resulta completamente adecuado para mencionar algunas de las piezas de Torcello exhibidas en ODA. Entre ellas, Hogar (2019) en la cual al mirar hacia adentro se encuentra el universo entero; Ying Yang (2019) que la artista describe como “extremos que se tocan” (y efectivamente en la talla -con independencia de los dibujos que forman las vetas- los extremos están en contacto).

Correspondencia (2018) es quizás una de las piezas más exquisitas de la presente exhibición: como en todos los casos, las vetas acompañan la línea de la talla y se lucen con el bruñido, pero en particular en esta obra hay una línea en la madera que Torcello supo tomar para, lejos de esconderla como defecto, hacerla lucir en toda su complejidad.

“Nuestra mente proyecta imágenes dimensionales en distintos planos de conciencia, existiendo y sucediendo todo al mismo tiempo. Tenemos la capacidad de ver solo una a la vez. Eso no quiere decir que las demás no existan”. Así Torcello pone en palabras su obra, permitiéndonos encontrar el enlace espiritual con quien despertara en ella la pasión por la escultura en consonancia con un modo de ver la vida dentro de un movimiento cósmico, eterno e infinito.

Hasta el 10 de Mayo en OdA. Oficina de arte (Paraná 759 – Pso 1 – CABA)

Busco tanto en las formas externas como internas, la línea invisible que nos une al todo. Ese patrón de creación universal marca el camino y eleva la manifestación de nuestro ser desde lo más denso que es la materia hacia lo más elevado que es el espíritu.
Los dos extremos existen simultáneamente. Llevar la mirada al aspecto mas elevado, encontrar el propio sentido a la realidad y compartirla.
El espíritu trasciende la forma, trasciende el tiempo y trasciende el espacio.
La mente tiene el conocimiento para manipular la materia y el amor tiene el poder para darle sentido a todo.
Encontrar esa línea que une materia, mente y espíritu, comprender las fuerzas que nos gobiernan, y simplemente, entregarse a ese movimiento cósmico, eterno e infinito.

María Torcello

Se parece a la vida, esto que hacemos.
¿no es el tiempo un inmenso mármol improbable que tallamos a sístole y a diástole.
A sueños indescifrables, a pasiones, a desgracias?
¿No es la geografía ese plan imposible, ese homenaje a la distancia, esa materia seccionada
por el vértigo, por la ansiedad, por los alisios guardados en los pliegues de los mapas?
Se parece a la vida esta bella terquedad de poderle a la muerte.
Es la vida.
Es la vida, otra vez, esto que hacemos.
Esto que se muestra no es soberbia solamente, no quiere ser metáfora de nada, no representa algo que no está, que va a llegar cuando amanezca.
Esto que has puesto aquí, en el circo, tus piedras, tus maderas, tus metales;
no son lo que parecen y esto es cierto: no representan, no reemplazan, no disfrazan la muerte,
Son tu vida.
Cómo pasar sin saludarla con la parte de atrás de la mirada.

Jorge Michel
1989

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