La Nueva Revolución: un compromiso de TODOS

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todos-contamos LA SIGUIENTE REVOLUCIÓN: DÉMOSLE A CADA NIÑO Y A CADA NIÑA LA OPORTUNIDAD DE SOBREVIVIR.

Cada año cerca de nueve millones de niños y niñas en países en desarrollo mueren antes de cumplir los cinco años de edad, principalmente por causas prevenibles y tratables. La mayoría de estas muertes se podrían haber evitado. Pero la realidad es que no todos los niños tienen las mismas oportunidades para sobrevivir y los niños y niñas de las comunidades más pobres corren siempre más riesgos de morir en sus primeros momentos de vida.

Es tan sólo un reducido número de enfermedades y condiciones las que representan en la actualidad las principales causas de muerte de los niños y niñas más pequeños. La neumonía, la diarrea, la malaria, el VIH y el SIDA y las complicaciones durante y después del parto causan más del 90% de las muertes de niños menores de cinco años. Aquellos que sufren malnutrición corren un riesgo mucho más alto de morir por estas causas ya que no tienen la fortaleza suficiente para combatirlas.

Existen soluciones probadas y de bajo coste para luchar contra todas estas causas pero resulta obvio que nos están siendo desplegadas a la escala que se precisa. Es precisamente la voluntad y la intención (de políticos, población, organizaciones, empresas, etc) lo que más se precisa para lograr que las soluciones se pongan en marcha a todos los niveles. Porque, en esto y en todo, Todos Contamos.

¿Qué necesitamos cambiar?

Los gobiernos y donantes occidentales tienen que doblar el gasto en atención sanitaria básica y para combatir la malnutrición en los países en desarrollo. Pero estos países también tienen que cumplir con su parte y desarrollar planes nacionales para abordar la mortalidad infantil. Los recursos deben centrarse en mejorar la salud y nutrición de las madres y en ayudar a los recién nacidos a sobrevivir.

¿Por qué ahora?

Justo en este momento contamos con una oportunidad enorme. En el año 2000, los líderes mundiales prometieron reducir el número de muertes de menores de cinco años en dos tercios para el año 2015. Este era y todavía es el Cuarto Objetivo de Desarrollo del Milenio y sólo podremos cumplir con esa promesa si actuamos ya y ahora. Porque TODOS sabemos que las promesas no son suficientes.

¿Qué está haciendo Save the Children?

Con la campaña Todos Contamos buscamos lograr, para los próximos cinco años:

Doblar nuestra inversión en programas de supervivencia infantil para llegar a los 50 millones de mujeres y niños para el año 2015.

Presionar a los gobiernos para que respondan a sus promesas en torno al Cuarto Objetivo de Desarrollo del Milenio.

• Movilizar a 60 millones de personas (tanto de los países ricos como de los países en desarrollo) para que exijan actuar a sus gobiernos.

La muerte de millones de niños y niñas pequeños cada año es un escándalo moral, comparable a los peores abusos y los males sociales más extremos del pasado. Cada uno/a de nosotros/as tiene un papel que desempeñar para solucionar este problema. Cualquier demora o inacción adicional es inexcusable.

LA SITUACIÓN EN NÚMEROS

6/ Número de países en los que tiene lugar más de la mitad de todas las muertes de niños y niñas: India, Nigeria, República Democrática del Congo, Etiopía, Pakistán y China a

57 /Evaluación de la Organización Mundial de la Salud del número de países que acusa una “escasez crítica” de trabajadores/as de salud – 36 de ellos en Áfricab

6 /Número de países de la Unión Africana que asignaron el 15 por ciento de sus presupuestos al sector salud en el 2006 – pese a que los 53 Estados miembros prometieron hacerlo en el 2001c

15 /Veces menos de probabilidades que tiene un/a bebé de fallecer de neumonía si es amamantado en forma exclusiva durante sus primeros seis meses de vida, frente a un/a bebé que no lo es

28% Porcentaje de muertes de niños y niñas que están vinculadas a la falta de saneamiento adecuado y al consumo de agua insalubre

200.000–400.000 Posible número de niños y niñas adicionales que morirán cada año hasta el 2015 como consecuencia de la crisis financiera mundial, de acuerdo al Banco Mundial

36–45 mil millones de dólares Fondos adicionales totales requeridos antes del 2015 para poder cumplir con los Objetivos de Desarrollo del Milenio en materia de mortalidad infantil y materna – menos de la mitad de lo que invierten los consumidores/as a nivel mundial en comprar agua embotellada cada año

8.8 millones Número de niños y niñas que murieron antes de cumplir los cinco años en el 2008

Todos los niños y niñas – no importa dónde nacen ni quiénes son sus progenitores – tienen el mismo derecho a, y merecen la misma oportunidad de, sobrevivir. Y todos nosotros/as tenemos la obligación de facilitarles esta oportunidad. Es hora de iniciar la segunda revolución por la supervivencia neonatal e infantil.

Existe un amplio consenso en torno a las acciones que se requieren para reducir los niveles de mortalidad neonatal e infantil a escala masiva. El escándalo es que los gobiernos y otras instancias influyentes han fracasado hasta ahora en proveer el liderazgo, los recursos y el sentido de urgencia que se requieren para hacer que dichas acciones se lleven a cabo efectivamente. En el año 2000, los y las líderes mundiales se comprometieron a cumplir el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) 4, que hace un llamado a reducir en dos tercios la tasa de mortalidad entre los/las menores de cinco años entre 1990 y el 2015.

Los altos niveles de mortalidad infantil pueden explicarse a tres niveles:

1. Hay un número reducido de enfermedades y afecciones que son causantes directas de más del 90 % de las muertes de menores de cinco años. Se trata de: neumonía, sarampión, diarrea, malaria,VIH y SIDA, así como afecciones neonatales que ocurren tanto durante la gestación como durante e inmediatamente después del parto. Éstas últimas son especialmente significativas como causa del fallecimiento de recién nacidos/as. Las infecciones severas, la asfixia y los nacimientos prematuros son culpables del 86 % de las muertes de recién nacidos/as.

En casi todos los casos, las enfermedades y afecciones que son las causas directas de muertes infantiles son prevenibles y tratables por medio de intervenciones probadas y comprobadas. Pero dichas intervenciones no están disponibles o son inaccesibles para muchos de los niños y niñas más pobres del mundo.

2. Hay una serie de factores intermedios que exacerban la susceptibilidad de algunos niños y niñas a caer presas de estas enfermedades o afecciones de salud y limitan sus posibilidades de recuperarse de ellas. Dichos factores incluyen: ausencia de atención de salud básica o incapacidad de muchas madres y sus hijos e hijas para acceder a ella; altos niveles de desnutrición materna e infantil y prácticas deficientes de nutrición; falta de acceso a agua limpia y saneamiento seguro; analfabetismo materno; así como acceso limitado a métodos anticonceptivos.

3. Las muertes de niños y niñas no constituyen eventos azarosos que están fuera de nuestro control. En gran medida, son el resultado de políticas y decisiones políticas tomadas por los gobiernos. Asimismo, ejerce influencia en ellas una serie de factores culturales, económicos, medioambientales, políticos y sociales que los gobiernos, las instituciones internacionales, el sector privado y la sociedad civil podrían ayudar a forjar o mitigar. Éstas son las causas subyacentes de la mortalidad neonatal e infantil.

De estos últimos factores, la pobreza, la desigualdad y la discriminación son especialmente importantes.

En muchos países, las mujeres y las niñas son objeto de discriminación generalizada, y sus derechos y oportunidades les son negados. Es por eso que un compromiso con la equidad y la justicia – reduciendo las disparidades, haciendo efectivos los derechos y empoderando a las mujeres más pobres y marginadas – es absolutamente primordial para reducir las tasas de mortalidad infantil.

La falta de gobernabilidad, los conflictos violentos y tendencias al deterioro ambiental tales como el cambio climático son factores subyacentes adicionales que tienen un impacto en las posibilidades de supervivencia de la niñez. Ocho de los 10 países con las peores tasas de mortalidad infantil han sufrido conflictos, violencia o inestabilidad política últimamente8 y el cambio climático ya está incrementando la frecuencia de desastres naturales que le cuestan la vida a la infancia pobre.

Las posibilidades de supervivencia de la niñez se ven afectadas asimismo por la situación de la economía global. El Banco Mundial estima que entre el 2009 y el 2015 podría producirse un aumento de muertes infantiles de entre 200,000 y 400,000 al año a consecuencia de la crisis financiera y económica global. Y una nueva pandemia global como el virus AH1N1 (la gripe porcina) podría propagarse más extensa y rápidamente, o mutar hacia formas más virulentas, desbordando sistemas de salud ya de por sí frágiles e incrementando los niveles de mortalidad entre los niños/as y los recién nacidos/as.

¿ENTONCES QUÉ DEBEMOS HACER?

Save the Children considera que se necesita un verdadero impulso para expandir la cobertura de intervenciones probadas, que reduzcan la mortalidad materna, neonatal e infantil.

Éstas incluyen:

Disponibilidad de personal experimentado para apoyar a las madres durante el parto; atención postnatal temprana; tratamiento preventivo y curativo de la neumonía, la diarrea y la malaria; así como apoyo a la nutrición, incluyendo lactancia materna, nutrición suplementaria, transferencias en efectivo y programas de protección social más amplios.

Estas intervenciones deben llevarse a cabo a través de sistemas fortalecidos, de modo tal que las familias más pobres y marginadas puedan recibir la atención de salud, nutrición y otros servicios que necesitan. Dichas acciones deben tener lugar paralelamente a políticas que combatan las causas subyacentes de la mortalidad infantil.

Las políticas para reducir la mortalidad neonatal e infantil deben ser flexibles, ya que necesitarán ser aplicadas en estados frágiles y azotados por conflictos, así como en emergencias crónicas y desastres de ocurrencia rápida.

En vista de la difícil situación económica y ambiental que está atravesando el mundo, sería fácil enfrentar con pesimismo las perspectivas de alcanzar el ODM

4. Y sin embargo sabemos que una reducción realmente dramática del número de fallecimientos infantiles es posible. ¿Por qué? Porque todos los países desarrollados lograron enormes reducciones de sus tasas de mortalidad infantil en el transcurso del siglo XX. En 1900, el índice de mortalidad infantil en el Reino Unido era de 140 de cada 1,000 nacidos/as vivos,11 y, en Estados Unidos, de 100.12

Estas tasas son peores que las de Liberia hoy (93 de cada 1,000).13Y, lo que es más importante aún, sabemos que es posible porque muchos países de ingreso bajo y medio han reducido sus tasas de mortalidad significativamente durante las últimas décadas, y muchos lo han logrado más rápidamente que las economías desarrolladas durante el último siglo.14 Aunque se necesitan mayores avances, desde 1990 más de 60 países han reducido su tasa de mortalidad infantil en un 50 %. 15 No necesitamos un descubrimiento tecnológico de envergadura para solucionar este problema. Lo que sí necesitamos es:

Σ empujar la salud y la nutrición de las madres y los niños y niñas pequeños a un lugar más prominente de las agendas nacionales e internacionales, generando mayor conciencia y comprensión acerca de cómo la muerte y la enfermedad siguen siendo un fenómeno generalizado en los países pobres, y canalizando la ira y la indignación en acciones decididas

Σ poner al descubierto los falsos supuestos que aún ensombrecen el debate en torno a la mortalidad infantil en los países pobres, creando un pretexto para la inacción y el cinismo en algunos círculos

Σ propagar los logros de algunas comunidades y algunos países, así como las respuestas en términos de políticas e intervenciones que han demostrado

funcionar, y demostrar cómo se puede replicar dicho éxito en otras partes

Σ subrayar la pérdida que representan para el mundo los altos niveles de mortalidad infantil y los beneficios que nos reportaría a todos/as el salvar vidas infantiles.

Contrarrestar los mitos

Mucha gente adopta una actitud cínica frente a la posibilidad de hacer algo para combatir la mortalidad infantil. Algunos/as creen que el costo sería demasiado alto; otros/as, que reducir la mortalidad infantil aceleraría aún más el crecimiento demográfico, en un planeta ya de por sí superpoblado. Muchos/as creen que los intentos por mejorar la salud y la nutrición infantil inevitablemente se verán frustrados por la corrupción y el desgobierno en los países más pobres, y que mantener vivos a los niños y niñas reportará escasos beneficios si el futuro que les espera es de pobreza extrema.

Estos argumentos están todos equivocados.

Muchos países pobres han reducido sus índices de mortalidad infantil. Los costos de lograr el ODM 417 son reducidos en términos globales. Las reducciones de las tasas de mortalidad infantil fomentan la reducción de las tasas de fertilidad y sirven para ralentizar y estabilizar el crecimiento demográfico. Aunque la corrupción y la falta de gobernabilidad son problemas importantes, en muchos países se ha demostrado que no constituyen una barrera insalvable para reducir la mortalidad infantil. Y mientras que mantener vivos a los niños y niñas no es el final de la historia – y debería complementarse con políticas para ayudarlos/as a crecer sanos, educados, debidamente alimentados y seguros – las mejoras en los índices de mortalidad infantil llevarán a sociedades más prósperas y productivas.

Aprender de experiencias exitosas

Varios países, entre ellos Bangladesh, Brasil, Egipto, Indonesia, China, México, Nepal y Filipinas, se encuentran en camino de lograr el ODM 4, y hay

lecciones concretas que extraer de su experiencia. Algunos de estos países han logrado reducciones en sus tasas de mortalidad a pesar de enfrentar problemas tales como gobiernos débiles o corruptos y, además, en el contexto de una profunda pobreza.

Compartir los beneficios

Cuando un niño o una niña muere, quedamos todos/as disminuidos – económica y moralmente.

La influyente Comisión sobre Macroeconomía y Salud de la OMS estimó el impacto global de las muertes maternas y neonatales en US$15,000 millones al año en pérdida de productividad.

Además, se ha estimado que entre el 30 y el 50 % del crecimiento económico de Asia entre 1965 y 1990 puede ser atribuido a mejoras demográficas y de salud, entre ellas reducciones de la mortalidad neonatal e infantil, acceso mejorado a servicios de salud reproductiva y reducción de las tasas de fertilidad. La evidencia obtenida de estudios más recientes demuestra que las mejoras en el área de desarrollo humano están estrechamente vinculadas a niveles más altos de crecimiento económico, y que la reducción de cinco puntos porcentuales de las tasas de mortalidad infantil está asociada al incremento de un punto porcentual del crecimiento económico durante la década subsiguiente. En una coyuntura en la que los gobiernos están ansiosos por revitalizar sus economías, invertir en los primeros años de la infancia es un argumento poderoso.

Un llamado a la acción

La fecha programada para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, entre ellos los ODM 4 y 5, es el 2015. Si nos guiamos por las tendencias actuales, estas metas no podrán ser cumplidas. El próximo año, el 2010, es por lo tanto absolutamente fundamental para encarrilar al mundo en la senda conducente al cumplimiento de sus promesas a favor de los niños y niñas más pobres del mundo y sus madres

Save the Children, trabajando en estrecha colaboración con otras instituciones, y utilizando evidencia reciente y nuevos argumentos, está decidida a poner fin a la flagrante injusticia que representan los elevados niveles de mortalidad materna, , neonatal e infantil, y a propagar y defender respuestas políticas, programáticas y de políticas públicas que ayuden al mundo a alcanzar los ODM 4 y 5. Necesitamos nada menos que una nueva “revolución por la supervivencia infantil”, que termine el trabajo iniciado por Jim Grant y UNICEF en la década de 1980 y ayude a generar reducciones

masivas de las tasas de mortalidad infantil. Nuestro objetivo superior es que los gobiernos nacionales y las instituciones donantes rindan cuentas en mucho mayor grado respecto de su desempeño en reducir la mortalidad materna, neonatal e infantil, especialmente entre la gente más pobre. Para ello se requerirán organizaciones de la sociedad civil fortalecidas – a nivel internacional, nacional y local – cuyo trabajo esté enfocado en esta problemática, y en presionar y persuadir a los gobiernos y otras instituciones para que tomen las medidas necesarias.

RECOMENDACIONES

Hacer de la supervivencia materna, neonatal e infantil el parámetro central para medir el éxito de los resultados de desarrollo Las tasas de mortalidad entre las comunidades más pobres constituyen un indicador mucho más revelador de los avances en términos de desarrollo (o la falta de ellos) que el ingreso per cápita.

Plan de siete puntos de Save the Children

1. Implementar planes nacionales creíbles. Los países en desarrollo necesitan implementar planes nacionales de reducción de la mortalidad materna, neonatal e infantil.

Algunos de estos planes ya existen sobre el papel pero no están siendo puestos en práctica con eficacia. En otros casos, es necesario elaborar planes nuevos o fortalecer significativamente los que ya existen. Los planes nacionales deben estar respaldados en su totalidad por presupuestos específicos y establecer claramente los indicadores en función de los cuales se evaluarán los avances.

Los planes deben enfocarse en el logro de la cobertura universal en el caso de intervenciones probadas de reducción de la mortalidad, junto con medidas para fortalecer sistemas y mecanismos de prestación de servicios. Las instituciones donantes y los organismos internacionales deben ayudar a los países a diseñar y ejecutar dichos planes, y deben empeñar su palabra en el sentido que no permitirán que ningún país con un plan creíble ya diseñado, y con el compromiso inequívoco de ejecutarlo, fracase por falta de recursos. Las instituciones donantes deben acelerar el envío de recursos a estos países.

2. Focalizar la atención en los recién nacidos/as. Se necesitan intervenciones para fortalecer la salud, la nutrición y el bienestar de las mujeres y apoyar a las madres y sus hijos/as tanto durante como inmediatamente después del parto (el período más vulnerable para el niño/a y la madre). La mejor forma de dar apoyo es a través de un “continuo de atención” que se prolongue durante todo el ciclo de vida, desde la atención a las mujeres en edad reproductiva, pasando por el parto hasta la temprana infancia, y desde la atención domiciliaria hasta aquella proporcionada en hospitales y otros centros de salud.

3. Priorizar la equidad. Este punto se refiere a establecer metas para reducir los déficits de cobertura de las intervenciones de salud y nutrición y otras intervenciones en beneficio de la madre, el niño/a y el recién nacido/a, y para acortar las brechas existentes en las tasas de mortalidad entre ricos/as y pobres/as. Para ello es preciso eliminar las barreras financieras y no financieras que interfieren con la atención (por ejemplo, las tarifas al usuario/a y los cobros informales) y combatir las causas subyacentes de las elevadas tasas de mortalidad, entre ellas la desigualdad, la discriminación y las violaciones de derechos.

4. Movilizar recursos adicionales. Se estima que, para llegar a los objetivos de desarrollo acordados en materia de mortalidad materno-infantil en los países más pobres del mundo, las instituciones donantes, los gobiernos nacionales y otras instituciones tienen que duplicar (y un poco más) el gasto anual actual en intervenciones de salud y otras intervenciones asociadas, de aproximadamente US$31,000 millones en el 2008 a entre 67,000 y 76,000 millones de dólares en el 2015

5. Capacitar y poner a trabajar a más trabajadores/as de salud. Parte de la inversión adicional requerida para alcanzar los ODM 4 y 5 debe ser asignada a reclutar, capacitar, equipar y poner a trabajar a más trabajadores/as de salud. Es necesario establecer metas para ampliar el número de trabajadores/as de salud calificados y debidamente equipados en cada país, especialmente para atender las necesidades de las comunidades más pobres y marginadas.

6. Combatir la desnutrición. La nutrición debe privilegiarse mucho más como un área prioritaria y se debe brindar apoyo a intervenciones probadas, entre ellas los suplementos de micronutrientes, la lactancia materna exclusiva, la alimentación suplementaria y la fortificación de alimentos, al igual que las transferencias en efectivo y los programas de protección social.

7. Incrementar la focalización en la niñez en situaciones de emergencia.

Cuando los países en desarrollo no puedan hacer frente a situaciones de emergencia por sí mismos, las instituciones donantes y otras entidades deben brindar asistencia para salvar la vida de niños y niñas y sus familias en situaciones de emergencia, fragilidad y conflicto.

Los gobiernos han hecho muchas promesas a las personas más pobres del mundo, en forma de convenios internacionales de derechos humanos y declaraciones políticas. Los siguientes instrumentos internacionales contienen compromisos claros de salvaguardar la vida de los recién nacidos/as y los niños y niñas pequeños: la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño (CDN), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Por ejemplo, el Artículo 6 de la CDN alude al derecho inherente de la infancia a la vida, la supervivencia y el desarrollo, mientras que el Artículo 24 hace un llamado a los gobiernos a adoptar “las medidas apropiadas para reducir la mortalidad infantil y en la niñez y asegurar la prestación de la asistencia médica y la atención sanitaria que sean necesarias a todos los niños”.

Pero los gobiernos están incumpliendo sus obligaciones legales frente a la niñez.

Más recientemente, en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, los y las líderes mundiales establecieron ocho objetivos para reducir la pobreza y fomentar el desarrollo. Uno de ellos, el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM) 4, es la promesa de reducir en dos tercios la tasa de mortalidad entre los y las menores de cinco años entre 1990 y el 2015. En este aspecto ha habido cierto progreso. En el 2006, por primera vez desde que se tiene registro, el número de niños y niñas que fallece cada año antes de cumplir los cinco años de edad descendió por debajo de los 10 millones. La cifra actual es de 8.8 millones,21frente a los aproximadamente 20 millones de muertes de menores de cinco años en 1960. Pero el progreso global general sigue siendo escandalosamente lento y desigual.

DE QUE SE MUEREN LOS NIÑOS?

Tan solo el 28 % de los niños y niñas con diarrea recibe terapia de rehidratación oral adecuada, y apenas el 33 % con signos de neumonía es llevado a un operador de salud apropiado. Menos de la quinta parte de los niños y niños es amamantado en forma exclusiva.

Un pequeño número de enfermedades y afecciones ocasiona más del 90 % de las muertes de menores de cinco años. Éstas son: la neumonía, el sarampión, la diarrea, la malaria, elVIH y el SIDA, así como una serie de afecciones neonatales que se producen durante la gestación y tanto durante como inmediatamente después del parto.40 Infecciones severas (como la sepsis, la neumonía, el tétano y la diarrea), la asfixia y los nacimientos prematuros son responsables del 86 % de las muertes de recién nacidos/as.41 En casi todos los casos, las enfermedades y afecciones de salud que están costando la vida de tantos niños y niñas son prevenibles y tratables.

La neumonía y la diarrea – juntas, responsables de 3.5 millones de muertes infantiles al año – son las mayores asesinas de niños y niñas menores de cinco años fuera del período neonatal.43 Un millón de bebés adicionales fallece de infecciones graves, entre ellas neumonía, durante el período neonatal. Esto, a pesar de que la mayoría de las infecciones puede ser prevenida o tratada con antibióticos, y que las técnicas de rehidratación oral, de bajo costo y fácil administración, pueden acelerar la recuperación de la diarrea. La incidencia tanto de neumonía como de diarrea podría reducirse aún más si más bebés fuesen amamantados/as con leche materna y más niños y niñas fuesen vacunados.

La malaria, que es responsable del 18 % de las muertes de niños y niñas en el África subsahariana, podría reducirse considerablemente si todos los niños y niñas en países de alto riesgo durmieran bajo mosquiteros tratados con insecticida, y si los que se enfermaran fuesen tratados con celeridad y de manera apropiada.

Vacunar a todos los niños y niñas contra la difteria, la tos convulsiva y el tétano, la hepatitis B, la poliomielitis y el sarampión, es una medida que salva vidas. Vacunar a las mujeres embarazadas contra el tétano salva la vida tanto de las madres como de los recién nacidos/as. De hecho, los avances en supervivencia infantil durante la última década se deben en gran medida a la expansión de la inmunización, además de otras medidas preventivas.

La terapia con antirretrovirales podría reducir el riesgo de transmisión del virus delVIH de las madres a sus bebés – una intervención esencial si se considera que más del 90 % de las infecciones de VIH en lactantes es transmitido por la madre durante la gestación, el trabajo de parto, el alumbramiento en sí o la lactancia materna. La transmisión madre-hijo/a delVIH es actualmente responsable de cerca de 350,000 muertes de niños y niñas cada año.48 La mayoría de los niños y niñas con VIH y SIDA fallece de neumonía o diarrea, y muchos de estos episodios pueden ser fácilmente tratados.

Entre las estrategias probadas para ejecutar intervenciones salvadoras de vidas a favor de las mujeres embarazadas y los recién nacidos/as se encuentran la atención prenatal focalizada y la atención postnatal temprana. El riesgo de fallecimiento de los recién nacidos/as y las madres puede ser reducido aún más por una rápida derivación a una instalación de salud que cuente con el personal y el equipamiento adecuados si surgen complicaciones durante el trabajo de parto. Una asistencia experimentada durante el parto es esencial, así como lo es el inicio inmediato de la lactancia materna y la atención postnatal. Y sin embargo, a pesar de que estas intervenciones probadas podrían salvar millones de vidas de niños y niñas cada año, siguen siendo inexistentes o inaccesibles para millones de madres y sus hijos/as.

CAUSAS INTERMEDIAS

Adicionalmente a las causas directas de fallecimiento infantil, hay una serie de factores intermedios que tienen injerencia en las posibilidades de supervivencia de la niñez. Se trata de:

accesibilidad y calidad de los sistemas de salud básica

prácticas nutricionales y de alimentación

disponibilidad de agua limpia y saneamiento seguro

educación de la niña

acceso a, y uso de, métodos anticonceptivos, así como edad de la embarazada

Sistemas de salud débiles

Como mínimo, los sistemas de salud deben contar con el equipamiento, el personal y la organización necesarios para ejecutar intervenciones probadas con eficiencia y equidad a favor de las madres, los recién nacidos/as y los niños/as que las requieran, especialmente en las comunidades más pobres y marginadas. Dichos sistemas tienen que operar a todo lo largo de lo que se denomina el “continuo de la atención”. Hay dos dimensiones inherentes a este concepto – tiempo y lugar. Es necesario brindar servicios a las mujeres en edad reproductiva, a todo lo largo del embarazo y durante el parto, así como en los primeros días y años de vida de un niño o una niñas asimismo, debe haber una articulación entre la atención provista en el hogar, a nivel local en el seno de la comunidad y en los hospitales y otros centros de salud.

Y, sin embargo, en muchos países y comunidades pobres simplemente no existen sistemas de salud fuertes – que operen a todo lo largo del continuo de la atención. Los centros de salud a menudo se encuentran muy alejados o la atención es muy cara.

En muchos casos, aquellos que sí existen no cuentan con el personal adecuado y carecen de medicinas y equipos básicos. Por eso, las personas de bajos ingresos se resisten a invertir su valioso tiempo, esfuerzo y dinero en la búsqueda de una atención que posiblemente no esté a su alcance o es de muy mala calidad. Otras personas posiblemente no reconozcan los síntomas de enfermedades potencialmente serias o recurren a curanderos/as tradicionales o espiritistas.

Las políticas y los sistemas de salud deberían, en la medida de lo posible, llevar la atención de salud a las comunidades y hogares donde ocurre la mayor parte de las muertes maternas e infantiles.

Teniendo en cuenta el costo de acceder a atención de salud es también un tema sumamente importante.

7 Desnutrición materno-infantil

La muerte de 3.2 millones de niños y niñas cada año – cerca de un tercio de todos los niños y niñas que fallecen antes de cumplir los cinco años de edad – está asociada a la desnutrición.

El daño puede empezar cuando el niño/a todavía se encuentra en el vientre materno, un efecto indirecto de la deficiente ingesta nutricional de la madre.

A nivel mundial, cada año vienen al mundo 18 millones de bebés con bajo peso al nacer, ya sea porque son prematuros/as o por la deficiente ingesta nutricional de la madre durante la gestación. 7 Las probabilidades de que un niño o una niña con un peso severamente inferior al promedio fallezca son 10 veces más altas que las de un niño/a con el peso promedio para su edad, e incluso más de dos y medio veces más altas si el niño o la niña presenta un peso moderadamente bajo.

La ausencia de ciertos micronutrientes(administración de hierro y vitaminas) clave en la dieta también puede afectar la salud materna, neonatal e infantil y exacerbar el riesgo de mortalidad materno-infantil. Por ejemplo, el 42 % de las mujeres embarazadas sufre de anemia a nivel mundial – desde el 24 % en el continente americano hasta el 57 % en África – aumentando el riesgo de nacimiento prematuro, bajo peso al nacer, hemorragia y sepsis.

La desnutrición debilita el sistema inmunológico del niño/a, tornándolo más susceptible a la enfermedad y mermando sus defensas contra la infección. Un período especialmente crítico para el desarrollo cognitivo y físico del niño/a es aquel comprendido entre las primeras semanas en el vientre materno y el segundo año de vida. Si un niño o una niña adolece de desnutrición crónica o atrofia durante dicho período, los efectos serán irreversibles.

Uno de los mejores medios para garantizar la supervivencia de un niño o una niña, fortalecer su sistema inmunológico y fomentar su crecimiento saludable es la lactancia materna. Los y las lactantes que son amamantados en forma exclusiva durante sus primeros seis meses de vida son 10 veces menos propensos a morir de diarrea, y 15 veces menos propensos a fallecer de neumonía, frente a aquellos/as que no son amamantados.60 Pero muchas mujeres desconocen los beneficios de la lactancia materna exclusiva y pueden introducir otros alimentos líquidos y sólidos que no son necesarios durante los primeros seis meses de vida. Otras madres tienen que hacer frente a exigencias rivalizantes de trabajo y labores domésticas – tales como recolectar agua y preparar la comida – lo cual reduce tanto la frecuencia como la duración de la lactancia. Los y las bebés a menudo permanecen al cuidado de hermanos y hermanas o una abuela y son amamantados solo parcialmente. Cuando un niño/a recibe alimentos distintos a la leche materna durante sus primeros seis meses de vida, el riesgo de muerte se triplica. La evidencia indica asimismo que las prácticas de lactancia materna que no cumplen con los estándares internacionales recomendados (en relación con la duración y la frecuencia de la lactancia y la introducción de otros alimentos) son responsables de 1.4 millones de muertes de niños y niñas cada año.

Las presiones de los fabricantes de sucedáneos de la leche materna pueden desalentar la lactancia materna y exacerbar el riesgo de mortalidad infantil.

En muchas regiones del mundo en desarrollo, las condiciones generales de preparación de la leche son antihigiénicas, o bien las madres se ven forzadas a utilizar agua contaminada y por lo tanto poco segura para preparar la fórmula infantil. Más aún, el/la bebé es privado de la inmunidad que se transmite a través de la leche materna. Existe un código de conducta internacional para empresas, el mismo que contiene directrices para la promoción de la fórmula infantil, pero no siempre se cumple.

A pesar de su importancia para vencer la mortalidad neonatal e infantil, la nutrición materno-infantil es un área que ha sido descuidada por muchos gobiernos de países en desarrollo y donantes internacionales.

Acceso limitado a agua limpia y saneamiento seguro

La OMS estima que el 28 % de las muertes de menores de cinco años está vinculado a la falta de saneamiento y al consumo de agua insegura.

Muchas de estas muertes están asociadas a la diarrea, que se propaga rápidamente en entornos antihigiénicos o en lugares donde las prácticas de higiene son deficientes. La falta de agua limpia y saneamiento seguro incrementa asimismo la incidencia de enfermedades respiratorias agudas, otra importante causa de mortalidad infantil.

Los niños y niñas de estratos sociales bajos tienden a tener un acceso limitado al agua limpia y a servicios higiénicos seguros, los pobladores/as de los asentamientos urbano-marginales y las familias rurales pobres de probablemente carezcan de instalaciones higiénicas y tengan acceso a una cantidad de agua muy inferior a los 20 litros diarios que necesita cada persona.69 De hecho, la mayoría de los 1,100 millones de personas categorizadas como carentes de acceso a agua limpia solo utiliza unos cinco litros al día

Las mujeres y las niñas soportan una doble carga, ya que desaprovechan la educación y otras oportunidades debido a que tienen que pasar varias horas al día recolectando agua.

Aunque ha habido un progreso considerable en lo que respecta a la oferta de agua limpia, la inversión en saneamiento seguro y los avances hacia las metas internacionales de saneamiento siguen presentando un preocupante retraso. En el 2006, 2,500 millones de personas seguían careciendo de acceso a saneamiento seguro.

Déficit de educación de la niña

Además de tener un efecto desastroso para la educación de la niña, la incapacidad de la misma para acceder a escolaridad de buena calidad tiene al mismo tiempo un impacto negativo severo en la supervivencia de la madre, el niño y el recién nacido.

Los resultados de 35 encuestas nacionales demográficas y de salud (EDS) sugieren que los hijos e hijas de madres sin educación formal tienen el doble de probabilidades de fallecer o sufrir de desnutrición que los hijos e hijas de madres que cuentan con educación secundaria o superior.

Asimismo, las madres con alfabetización limitada y niveles bajos de educación son mucho menos propensas a recibir asistencia experimentada durante la gestación y el parto.

En términos más generales, hay varias formas en que las oportunidades educacionales restringidas de la niña tienen un impacto negativo, tanto en su propia salud como en la de sus futuros hijos e hijas. Éstas incluyen: no poder leer información acerca de buenas prácticas de salud, falta de confianza en sí mismas y de autoridad para tomar decisiones e incapacidad para negociar con la burocracia estatal respecto de los servicios a los que tienen derecho.

Acceso limitado a planificación familiar y embarazo prematuro

Existe una relación muy fuerte entre los niveles altos de mortalidad neonatal e infantil y la incapacidad de las madres y sus parejas para obtener y utilizar anticonceptivos modernos. Los niños y niñas que nacen menos de dos años después que sus hermanos/as inmediatamente anteriores tienen el doble de probabilidades de fallecer que los niños y niñas que nacen al cabo de tres años. El uso efectivo de anticonceptivos puede ayudar a las madres a controlar su fertilidad y espaciar sus embarazos de forma tal que repercuta en beneficio de su salud y la de sus bebés

Las tasas de mortalidad neonatal, infantil y materna se ven afectadas asimismo por la edad de la madre. Las estadísticas más recientes de las Naciones Unidas sugieren que el embarazo a temprana edad contribuye a cerca de 70,000 muertes maternas entre las niñas de 15 a 19 años de edad cada año, y que el riesgo de que un/a bebé fallezca durante su primer año de vida es 60% mayor cuando la madre es menor de 18 años.75 El matrimonio precoz – generalmente de una niña con un hombre mayor – da lugar a un alto número de embarazos adolescentes y pone en grave riesgo la vida de dichas jóvenes madres y sus hijos e hijas.

CAUSAS SUBYACENTES

Detrás de las causas directas de mortalidad neonatal e infantil, y de los factores intermedios que exacerban el riesgo de que un niño o una niña fallezca prematuramente, existe una variedad de causas subyacentes.

Pobreza, desigualdad y exclusión

Son los niños y niñas más pobres de las comunidades más pobres de los países más pobres quienes se encuentran en mayor riesgo de morir antes de su quinto cumpleaños. Su pobreza refleja la falta de oportunidades de sustento o la falta de bienes de sus padres y madres, o la mayor vulnerabilidad de sus hogares a los golpes económicos y medioambientales.

La pobreza puede ser causada o exacerbada por la desigualdad y la exclusión. Desigualdad no solo se refiere a disparidades en el ingreso. La discriminación por razones de género, casta, etnicidad y religión puede generar también un incremento de las tasas de mortalidad entre los niños/as y los recién nacidos/as. En muchos países, la falta de poder relativa de las mujeres y las niñas les impide acceder a servicios sin el consentimiento de sus esposos o parientes varones. Luchar por los derechos de la mujer y la niña y fortalecer su posición, poder y oportunidades es clave para lograr avances en el área de supervivencia materna, neonatal e infantil

VOLUNTAD POLÍTICAY RENDICIÓN DE CUENTAS

Hay otros dos factores importantes que afectan las tasas de mortalidad infantil. Se trata de voluntad política y rendición de cuentas. Si no se están llevando a cabo intervenciones probadas, si no se dispone de agua limpia y saneamiento seguro, si las niñas carecen de acceso a educación y si ciertas comunidades son discriminadas y objeto de prejuicios, esto se debe en gran medida a que aquellos/as que tienen influencia y poder carecen de la voluntad para combatir estas inequidades y no consideran que tienen que rendir cuentas por la generación de mejores resultados de salud y nutrición a favor de las madres pobres y sus hijos/as.

La sociedad civil tiene un papel fundamental que jugar, en el sentido de movilizar la voluntad política necesaria y obligar a los gobiernos y otras entidades a responder por sus acciones.

La campaña de Save the Children ha sido diseñada para ayudar a generar este resultado.

EN ESTA REVOLUCIÓN TAN URGENTE E IMPOSTERGABLE:

TODOS CONTAMOS!

//www.savethechildren.es/Publicado a nombre de la

Alianza Internacional Save the Children por Save the Children UK Primera edición 2009

©Alianza Internacional Save the Children 2009

“Save the Children se encuentra a la delantera de los esfuerzos para movilizar la atención y la acción para eliminar los escandalosos e inaceptables niveles de mortalidad neonatal e infantil en los países pobres alrededor del mundo. Este nuevo informe será una herramienta efectiva en la lucha por mejorar la salud de las mujeres, los recién nacidos/as y los niños y niñas, poniendo al descubierto las necesidades y estadísticas, identificando claramente las prioridades y presentando argumentos eficaces, que prueban por qué es esencial actuar de inmediato.” Ann M. Starrs, Copresidenta de Partnership for Maternal, Newborn and Child Health

www.savethechildren.es/docs/Ficheros/265/La-siguienteRevolucion.pdf

 

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