La vigencia de Jauretche

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Billetes, monumentos y aparato cultural

El escritor y periodista Osvaldo Bayer, es un hombre de gran integridad moral e intelectual y nadie puede sospechar que haya impulsado causa innoble alguna en su vida. Dotado de un profundo humanismo, se alguien que abraza la libertad humana como hecho fundamental de la vida y, por lo tanto, su actitud en nuestra sociedad es merecedora de todo el respeto posible. En el plano de las ideas, en cambio, podemos disentir sin que ello le reste mérito alguno a Bayer y menos si quienes disentimos somos nosotros, nada más que periodistas de pueblo.

Decimos lo anterior porque hemos leído y escuchado que Bayer es el impulsor de una campaña destinada a denigrar la figura del general Julio Argentino Roca a quien lo acusa de genocidio por su Campaña del Desierto y se propone quitar su figura de los billetes de $ 100 reemplazándola por la de Juana Azurduy, cambiar el nombre de las calles que lleven el del general tucumano y eliminar los monumentos erigidos en su homenaje.

Más allá de la valoración que pueda hacerse del personaje histórico, que comenzó como soldado federal y fue dos veces Presidente de la República Argentina, la de Roca es una figura muy interesante sobre la cual nuestros historiadores aún no se han puesto de acuerdo. Así como están quienes lo detestan y lo hacen responsable del crecimiento y afianzamiento del poder oligárquico, otros hay que ven en él al caudillo que terminó con años de guerras civiles federalizando Buenos Aires, acabando así con las ventajas del puerto e incorporando al patrimonio de la nación, mediante su expedición al desierto, miles de hectáreas que estaban en peligro de perderse para siempre en manos de los caciques aborígenes que se entendían con dirigentes y militares como Bulnes, del país trasandino al que además arreaban cabezas de ganado ajenas por millares. Concluía así una visión estrecha del país al que “lo aquejaba el mal de la extensión” según Sarmiento, en esta ocasión, se hacía precisamente de la extensión la razón de ser de un Ejército Nacional que necesitaba de lo primordial para su existencia: fronteras.

Don Arturo Jauretche, (revalorizado y muy nombrado en los últimos meses) quien en sus trabajos escribió algunas líneas favorables a Roca, siempre decía que el prócer de nuestra historia más favorecido era Bartolomé Mitre y lo afirmaba por el hecho que había sido el único en dejar un diario que lo defendiera de cuanto ataque sufriese. Recordamos ese comentario a raíz del tema de Roca ya que, si hay alguien de nuestra historia que con su accionar probadamente ha perjudicado a la Argentina, fue precisamente Bartolomé Mitre, pero nadie se atreve con él.

El general de Buenos Aires fue responsable de la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay, verdadera masacre que terminó con un pueblo entero, (esto sí que fue genocidio) y única guerra inicua de la que tomó parte nuestro país en toda su historia.

Cuando derrotados los paraguayos por las fuerzas conjuntas de Brasil, Uruguay y Argentina y regresaban nuestros soldados a sus casas, Mitre dijo: “Saluden a los paladines de la libertad de comercio”, en cuyo nombre se había librado la guerra.

En otro de sus discursos, este hombre al que la historia oficial tiene por importante estadista, dijo que “todo lo que de importante tenemos hoy en la Argentina se lo debemos a una sola cosa: el capital inglés”.

Después de la batalla de Pavón Mitre y sus enviados a las provincias, como Wenceslao Paunero, sembraron el terror y fue por orden una suya que el caudillo provinciano más bondadoso de cuantos hayan existido, Ángel Vicente Peñaloza, fuera cobardemente asesinado y expuesta su cabeza en una pica durante días.

Para rematar todo un accionar en contra de los intereses nacionales, basta con saber que, en oportunidad de la más épica y emocionante batalla librada por nuestras fuerzas nacionales, la de la Vuelta de Obligado, en uno de los buques de la anglo-francesa e invasora escuadra navegaba, especialmente invitado y en carácter de “observador”, el general Bartolomé Mitre.

Tal vez el poderoso aparato cultural que respalda el accionar del general que no ganó una sola batalla, obre como amortiguador de críticas y resulte entonces más fácil pedir que sea Roca el “castigado”.

La reflexión que salta a propósito de este asunto es por qué Roca y no Mitre. ¿Será porque el peso del aparato cultural y periodístico que cuida las espaldas a este último es muy grande?

 

 

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