Llegada del hombre a la luna: ¿una de las últimas hazañas científicas?

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El astronauta estadounidense Neil Armstrong pisó la superficie lunar el 20 de julio de 1969, 40 años atrás. ¿Fue esa misión espacial una de las últimas hazañas científicas y tecnológicas de la humanidad? Dos expertos argentinos reflexionan sobre esta cuestión.

(20/07/09 – Agencia CyTA-Instituto Leloir).- Hace 40 años, un 20 de julio, el astronauta estadounidense Neil Armstrong pisaba la superficie lunar y se inscribía la mítica frase “es un pequeño paso para el hombre, un gigantesco paso para la humanidad».

Desde entonces a la fecha, la tecnología espacial ha dado pasos enormes y el enfoque de las misiones exploratorias, más allá de la atmósfera terrestre, ha cambiado.

Para Guillermo Goldes, astrónomo y coordinador del museo del Observatorio Astronómico de la Universidad Nacional de Córdoba, la llegada del Hombre a la Luna podría ser analizada en una doble vertiente, “como hazaña tecnológica y como hecho político. Desde el primer punto de vista, comparemos por ejemplo este viaje con otro de los viajes de exploración épicos de nuestra historia: el primer viaje de Cristóbal Colón que realizó su viaje con un grupo de 85 marineros, distribuidos en tres navíos, durante unos setenta días, recorriendo alrededor de ocho mil kilómetros, en una dirección que le era en principio desconocida”.

Como comparación, Apolo 11 llevaba sólo 3 tripulantes, viajó durante algo más de cuatro días para recorrer la distancia de 384 mil kilómetros que nos separa de la Luna, en una dirección nunca antes tomada, aunque muchas veces soñada y, sobre todo, rigurosamente calculada, afirma el astrónomo. Y agrega: “Y si bien las computadoras usadas en 1969 eran verdaderas antiguallas comparadas, incluso con la más doméstica de las tecnologías actuales, había una labor de estudio y cálculo de centenares de personas durante años por detrás. Creo que resulta claro que el viaje de Colón era para la época enormemente más osado e impredecible: no se sabía que era lo que podía encontrarse”.

En cambio, el viaje a la Luna, desde su planificación y su realización tecnológica y como desarrollo de la ingeniería, resultó un salto adelante incomparable, permitiendo traer a salvo luego de siete días a la tripulación luego de sobrevivir en las hostiles condiciones del espacio.

“Desde el segundo punto de vista, el de la política, es indudable que el viaje a la Luna fue un capítulo más de la guerra fría, sin la cual probablemente no se hubiera llevado a cabo, o al menos no se hubieran invertido tantos recursos en tan poco tiempo: se trataba de mostrar simplemente quién tenía la supremacía en este mundo como para poder salir de él como avanzada de la humanidad. De hecho, luego de terminado ese capítulo, la euforia por la Luna se enfrió durante largos años”, indica Goldes, que también dirige el programa de divulgación científica de la Facultad de Matemática; Astronomía y Física.

Según Roberto Venero, astrónomo y secretario de Extensión de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad Nacional de la Plata, el viaje a la Luna de 1969 y los de la década siguiente, fueron la última aventura humana.

¿Por qué no volvieron a repetirse? ¿Por qué 40 años después nos encontramos como hoy, rememorando una fecha gloriosa, en medio de gente de generaciones que nunca sintieron a la Conquista del Espacio como una epopeya propia, que jamás compartieron la angustia por la vida del astronauta que sale al espacio, arriesgando su vida?, se pregunta Venero. Y responde: “Porque las estrellas no fueron hechas para el hombre. El espacio es la barrera de la humanidad. Cualquier intento para atravesarla será un caso aislado, una época loca, una descarga breve y esporádica de optimismo, en medio del campo árido de una especie pobre en ansias de aventura, que rebuzna detrás de la zanahoria del bienestar económico.”

Para Venero, “si Neil Armstrong hubiese encontrado oro en la Luna, seguramente hubiera ocurrido otra fiebre del oro, otro Klondike lleno de pioneros enfundados en trajes de oferta en cohetes caseros, revolviendo el pegajoso polvo lunar. Y quizás también se los podría hallar en Marte, en las lunas jovianas o en los asteroides.”

“Pero sin oro, no hay razón para invertir, porque la premisa humana consiste en que siempre el beneficio debe superar a la inversión. Eso cierra el último sello de esperanza. No hay gloria, ni laureles en los intereses humanos”, afirma Venero. Y agrega: “¿Cuál es la razón para el pesimismo cuando a diario aparecen tantos descubrimientos científicos que dan lugar a infinidad de estudios y nuevas aplicaciones que asombran de una generación a otra? Precisamente, todos los avances apuntan a mantener cálido y seguro al ser humano, en lugar de promoverlo hacia la aventura.”

Desde otro ángulo, Goldes opina que la inversión en misiones espaciales en el contexto mundial actual es exorbitante. “En la actualidad la NASA tiene en marcha planes para volver a la Luna hacia 2020, con vistas a establecer allí una base semipermanente que pueda a su vez servir de plataforma para la exploración del espacio más profundo, en particular del planeta Marte. ¿Cuáles podrían ser los propósitos de esta nueva etapa exploratoria, que costará enormes cantidades de dinero? Quizás se podría pensar en que la finalidad sería preparar a las personas para dejar la Tierra en un futuro, o sencillamente el impulso de conocer que hay más allá”, afirma.

Para el astrónomo cordobés, sin excluir esos propósitos “loables”, tales misiones espaciales lo que hacen es seguir estableciendo diferencias entre aquellos países “que pueden” llevar adelante esas hazañas tecnológicas, y aquellos que no pueden. “Por otra parte es clara la intención de explorar y explotar yacimientos minerales en otros planetas o satélites, y de esa forma poder prolongar la asociación entre ciencia, tecnología y capital, tan fuertemente unidos desde la revolución industrial. Mientras tanto, el mundo es azotado por diversas pandemias y hambrunas que amenazan a gran parte de la población”, enfatiza.

Viaje a las estrellas

El verdadero reto de la ciencia y la tecnología consiste en que el hombre deje la Tierra, asegura Venero. “Pero quedan pocas dudas de que, al menos durante este milenio, esa tecnología no será desarrollada. Se puede tener la esperanza de que ocurra en otro milenio, si sobrevivimos, pero la sensación es que, hoy, las estrellas no fueron hechas para los hombres. O cambiando de marco de referencia, los hombres no han nacido para las estrellas.”, destaca el astrónomo platense. Y subraya: “Esa es la respuesta que daremos a cualquier extraterrestre que descanse brevemente en este planeta y que asombrado pregunte. “¿qué diablos hacen acá todavía, después de 5 mil años de civilización?”

Para Goldes resulta difícil que la Luna pueda poblarse con grandes contingentes humanos. “El viaje a la Luna no se reduce a poder trasladarse, sino a sobrevivir en el ambiente Lunar, absolutamente hostil para el ser humano. ¿Quiénes serían los ‘privilegiados’ que podrían vivir en la Luna o en otro lugar del espacio? Quizás además de pensar en cómo permitir la vida de unos pocos lejos de casa, debiéramos preocuparnos más por facilitar la vida de los más, aquí en nuestra casa, que cada vez se torna más inhabitable.”

 

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