Los abuelos de paseo

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La Residencia Geriátrica «SAN GABRIEL» despidió el año en «La Mutua», junto a los residentes y su familia, en una jornada recreativa. Compartieron mates, ricas tortas y facturas, además del hermoso día (soleado y sin mosquitos!!)

La propuesta de realizar la recreación en un lugar «cerca del río» surge en el Grupo de Reflexión, espacio semanal, en el cual los adultos mayores realizan comentarios sobre sus deseos, inquietudes y preferencias. Ellos son los protagonistas.

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Aprovechamos para saludar a todos los familiares, por confiar en nosotros, y por comprometerse para mantener la calidad de vida de sus seres queridos. FELICIDADES!

La Residencia Geriátrica «SAN GABRIEL» agradece al Sr. Héctor Matías, del SOERM, por facilitarnos el camping «La Mutua» y a todos los que colaboraron para disfrutar del paseo.  MUCHAS GRACIAS!

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Queremos compartir con UDS. una historia para pensar… y un mensaje para incorporar a nuestra vida…

EL TAZÓN DE MADERA…

El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Ya las manos le temblaban, su vista se nublaba y sus pasos flaqueaban. La familia completa comía junta en la mesa, pero las manos temblorosas y la vista enferma del anciano hacia el alimentarse un asunto difícil.

La comida caía de su cuchara al suelo, y cuando intentaba tomar el vaso, derramaba la leche sobre el mantel.
El hijo y la nuera se cansaron de la situación. ‘Tenemos que hacer algo con papá’, dijo el hijo.

‘Ya he tenido suficiente. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo’.

Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor.

Ahí, el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer.

Como el abuelo había roto uno o dos platos, su comida se la servían en un tazón de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahí sentado solo.

Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía eran fríos llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.

El niño de 4 años observaba todo en silencio.

Una tarde antes de la cena el papá observó que el niño estaba pegando trozos de madera. Le preguntó dulcemente  ¿Qué estás haciendo?

Con la misma dulzura el niño le contestó: «Ah, estoy haciendo un tazón para vos y otro para mamá para que cuando yo crezca, ustedes coman en ellos». Sonrió y siguió con su tarea.

Las palabras del pequeño golpearon a sus padres que se quedaron sin habla.

Las lágrimas rodaron por sus mejillas.  Y, aunque ninguna palabra se dijo al respecto, ambos sabían lo que tenían que hacer.

Esa tarde el papá tomó la mano del abuelo y lo guió de vuelta a la mesa de la familia.

Por el resto de sus días ocupó un lugar en la mesa con ellos.

Y por alguna razón, ni el esposo ni la esposa, parecían molestarse más cada vez que el tenedor se caía, la leche se derramaba o se ensuciaba el mantel.

Del mismo modo que nosotros tratamos a los viejos, seremos tratados en nuestra vejez

RESIDENCIA GERIÁTRICA «SAN GABRIEL»

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2 COMENTARIOS

  1. Es hora de que Baradero cuente con un colectivo que pueda trasladar a los abuelos en silla de ruedas, ellos tienen derecho a seguir disfrutando la vida y a seguir viendo a «su Baradero»

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