Marcelo Araujo, La “Nueva” cara del futbol gratis

1
346

Por Federico Bassahun

“Vuelve el fútbol, pero el fútbol ahora es para todos”, anunció ayer minutos antes de las 19 el flamante coordinador y relator estrella de Canal 7 en la primera transmisión oficial de fútbol. Sin embargo, el ex conductor de “Fútbol de Primera” no tiene un historial caracterizado por su defensa del Estado. Por el contrario, reivindica las privatizaciones de Menem, apoyó a (y festejó con) Macri en la última elección para jefe de Gobierno porteño y escribió en su blog –en marzo de este año– que la administración K “sigue manejando como propio un canal que es del Estado”.

Por Federico Bassahun

El regreso. Ayer en La Plata, a las 19, en una de las cabinas de transmisión de la cancha de Gimnasia. No relató pero sí presentó el primer partido de esta “nueva era”.

Idolatra a Carlos Menem “porque modernizó el pensamiento peronista”, aunque le reprocha “no haber profundizado ese cambio en su segundo mandato”. Evalúa que “Macri es lo mejor que le pudo haber pasado a la Ciudad”. Admira, a la vez, a Fidel Castro “porque transformó a los seres en humanos”. Reclama “la pena de muerte para Videla.”

Los entrecomillados pertenecen a Marcelo Araujo, flamante coordinador de las transmisiones futbolísticas de Canal 7. En limpio: el relator estrella de la televisación K (o de “la familia Kirchner”, como la llama en su blog) es admirador de Menem y de Macri y cuando este último se impuso en las elecciones de 2007, lo festejó en el búnker de PRO.

Ateo e hijo único. Lázaro Jaime Zilberman nació el 12 de junio de 1947, en Villa Crespo. Madre, ama de casa; padre, fabricante de zapatos. Polacos judíos, ellos, habían huido de la Alemania nazi (los hermanos de ella murieron en el intento). Cuando niño, jugaba al fútbol: “Era zurdo y goleador, pero pecho frío.” Trabajó como empleado administrativo de una fábrica metalúrgica, como vendedor de zapatos y como ayudante de un agente de bolsa estadounidense. Aunque la madre quería que estudiara contaduría, él (ateo desde adolescente) se inscribió en el Círculo de Periodistas Deportivos (y también en la Facultad de Derecho, pero apenas si fue). Allí conoció a Mauricio Goldfarb. Juntos le pidieron trabajo en la Oral deportiva, de Radio Rivadavia, a José María Muñoz, que les asignó las coberturas de ciclismo y de polo (Zilberman tenía una mínima experiencia: en 1963 había entrevistado boxeadores para Radio Porteña). Goldfarb ya era Mauro Viale, y Zilberman, Marcelo Araujo (“Araujo, por un corredor de autos”), porque temían que los discriminaran.

Hijo de un radical que detestaba a Perón por “sus actitudes antisemitas” al permitir la entrada a la Argentina de dirigentes nacionalsocialistas tras la caída de Hitler, Araujo militaba en la Juventud Peronista. Sin embargo, lo decepcionó la última presidencia de Perón. Pero su militancia recién lo perjudicaría en 1978, tras el Mundial, cuando lo despidieron de ATC, aunque había escrito en un artículo que la organización y obtención del Mundial “fue el milagro argentino. Su organización lograda contra los presagios, sorprendió al mundo. Se disolvía el prejuicio que traían los colegas extranjeros merced a la insidiosa propaganda de las organizaciones subversivas”. Lo despidieron igual.

Al tiempo, volvió. Trabajó en Radio Mitre, como parte del programa Sport 80, con Víctor Hugo Morales (the best), Niembro, Adrián Paenza, Néstor Ibarra y Diego Bonadeo, entre otros. Cuando Niembro asumió en 1989 como interventor de Canal 11, Araujo se hizo cargo de la gerencia de noticias. Pero no allí, sino en Fútbol de Primera, junto a Enrique Macaya Márquez, dejaría, no sin histrionismo mediante, su sello en el relato.

Loco, no; ‘crazy’. “Estaba harto. Me aburría como un hongo. Era un relator insoportablemente formal y solemne”, explicaba Araujo, en 1993, cuando se le preguntaba por sus latiguillos “ligados a lo sexual”: por ejemplo: “¡Lo que te devoraste!”, cuando un jugador erraba un gol, o “Se te salió, hermano, a veces pasa”, u “¿Hoy no piensan mojar?”. Pero desde Canal 13, que transmitía el programa desde 1991, se le pidió que los evitara, porque “muchos chicos miraban el programa”. Araujo juzgó entonces que el reproche provenía de un sector “castrado sexualmente”. Y se justificó: “Uso el lenguaje de los hinchas.”

Pero Araujo no se detuvo, en su afán por “ser como Mario Pergolini”: también incorporó el “¿Estoy crazy, Macaya?”, que, como él mismo confesó, derivó en un aumento de sueldo y en su consagración como relator. Sin embargo, se lamentaba: “Muchos se quedan con eso, pero a mí me pone muy mal. El crazy tapa otras cosas. Por ejemplo, mi profesionalismo”. Pero él sabía que la ortodoxia no era lo suyo: en su primer relato televisivo, en 1974, lo reprendieron porque había imitado a su admirado Matías Prats, un relator español que se limitaba a nombrar a los jugadores y a decir gol con el mismo énfasis. A años luz del “estoy cagado”, durante el partido de 1993 ante Australia, que clasificó a Argentina al Mundial del año siguiente, o del: “Andá a vender ajo y limones” a un futbolista boliviano (“cuando juega Argentina, soy premeditadamente chauvinista”). O del anuncio que realizó durante una transmisión, un sábado de 1997: “Voy a festejar con ‘champú’ con Chiche (Duhalde)”. Al otro día, la esposa de Duhalde perdería la elección legislativa con Graciela Fernández Meijide.

En 1999, Santiago Segurola, entonces editor de Deportes del diario español El País, lo criticó en un artículo titulado “El festejo de la estupidez”, tras un relato de Araujo durante un partido en que Martín Palermo se lesionó. “Nooo. Lo van a cambiar a Martín. ¡Me voy, me voy! Macaya, decile que noooo. ¡Ponele el chup chup en la rodilla” (en alusión a un analgésico), sobreactuó Araujo. En su artículo, Segurola lo calificó como el “rey del chiste fácil y del irrespetuoso trato a los jugadores. Allí estaba un delantero con los ligamentos rotos, y este Araujo dándoselas de gracioso pueril. (…) La patochada agresora de Araujo, desgraciadamente convertido en la voz del fútbol argentino”.

Un personaje, Araujo, que consideraba en 1996 que TyC no era un monopolio, aunque concedía, irónico, que “el periodista que está afuera puede tener varias razones para criticar: la envidia, una de ellas”. En 2004, sin ambages, fue despedido de Fútbol de Primera. Cuando Gabriel Mariotto, el interventor del Comfer, explicaba en marzo en qué consistiría la futura Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, Araujo juzgó en su blog: “Todo ser humano por el simple hecho de nacer tiene derecho a sus necesidades básicas(…) ¿también a ver un partido de fútbol por televisión?”. Juzgó, además, que la promovía “un gobierno que sigue manejando como propio un canal que es del Estado”. Lógico: Araujo, como él mismo se define, es “un privatista”.

Perfil.com

Comentarios de Facebook

[fbcomments]

1 COMENTARIO

  1. Excelente artículo. Parece mentira que una vez más, tengamos que soportar a éste fantoche menemista, soberbio, insolente y mal educado.

DEJAR UN COMENTARIO

Por favor ingresa tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí