Nuevos trucos para pagar menos luz

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Desde que pagar la factura de la electricidad se volvió algo doloroso y la frase más popular en los hogares es “apagaaaaá la luuuuuz”, los electrodomésticos se convirtieron en objetos bajo sospecha. ¿Uso el microondas o caliento en la hornalla? ¿Plancho los jeans o los cuelgo bien empapados para que se desarruguen solos? Y lo cierto es que poco se sabe acerca del consumo real de cada aparato. Para desterrar mitos y falsas fórmulas y a propósito de una semana con actividades por los derechos del consumidor (ver aparte), Crítica de la Argentina ofrece una guía acerca de cuánto gastamos en la vida cotidiana y cómo consumir mejor.

 

En primer lugar, hay que desterrar la idea de que el insumo de electricidad va en relación con el tamaño del aparato: todo depende de su eficiencia energética. Un buen ejemplo es comparar la tostadora de pan y la plancha con el resto de los electrodomésticos. Ambas funcionan como resistencias que convierten la electricidad en calor y por eso consumen mucha más energía que, por ejemplo, un televisor. Claro que también hay que tener en cuenta el tiempo que se usa cada dispositivo. Mientras que la tostadora se usa por unos minutos, la plancha puede estar prendida una hora o más, convirtiéndose en uno de los electrodomésticos que más energía utilizan: 1.070 vatios por hora, junto con el microondas (1.520 vatios), la heladera (1020 vatios) y el aire acondicionado frío/calor (1.000 vatios).

 

Pero lo que más suma en la factura es la iluminación. Probablemente, cuando Edison encendió su primera lamparita, la vio más cercana a un calentador que a un artefacto de iluminación. Casualmente, sólo el 10% de lo que produce un foco incandescente es luz, el resto es calor. Según un informe de Electra Argentina, en una casa promedio la iluminación representa del 30% al 40% del costo del recibo bimestral: en una casa de tres ambientes con focos de 60 vatios en cada uno, el consumo cada dos meses es de 100,8 kilovatios.

 

¿Cómo ahorrar? Hasta la presidenta Cristina Kirchner salió a decir que las bombitas de bajo consumo eran la solución al aumento de los costos energéticos. Si bien es cierto que consumen cuatro veces menos de energía y duran hasta diez veces más, no son recomendables en los ambientes en los que el interruptor se prende y se apaga constantemente –los baños– porque se queman más pronto. Los focos de menos potencia (25 o 40 vatios) son otra opción, combinados con un truco: limpiar cada tanto la lamparita ayuda, ya que el polvo les quita luminosidad.

 

Al estar encendida ininterrumpidamente, la heladera es el electrodoméstico que más gasta. De ahí que haya que tomar precauciones como alejarla de estufas u otras fuentes de calor, evitar que le den los rayos del sol y revisar los burletes; si la puerta cierra mal, se puede generar un consumo tres veces mayor que el normal. Además, no todas las heladeras, como tampoco los aires acondicionados, cuentan con la misma tecnología: vienen con una etiqueta que los clasifica de la A a la G de acuerdo con el nivel de eficiencia del uso de la energía. En el caso de los aires acondicionados, los más modernos vienen con tecnología “inverter”, que regulan la temperatura sin necesidad de que el compresor se prenda y se apague. En cuanto a la computadora, lo más gastador es el monitor, por lo que accionar la opción para que se apague después de determinado tiempo de no estar en uso es una buena alternativa. En cuanto a la plancha, ahora que sabemos que es dilapidadora de electricidad, se pueden planchar las últimas prendas con el calor residual sin necesidad de que esté prendida. Así, lo que los ecologistas no lograron hasta ahora, el bolsillo sí: a ahorrar energía que la plata (y no el mundo) se acaba.

 

Fuente: Diario Critica de la Argentina

 

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