Opinión: El Coronavirus, las clases sociales y la empatía

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Por Mayra Arena

Primero están los chetos inconscientes y después venimos el resto de los pelotudos. Siempre fui soberbia para las pestes. Quiero decir, soy esa gente que te dice ‘yo no me enfermo’ y si estás engripado te saludo igual con un beso porque me considero inmune. Y lo asocio directamente a mi pobreza, qué querés que te diga.

El miedo a lo invisible no es algo que vaya de la mano con ser pobre*. ¿Le tendrá miedo a la gripe A un tipo que cirujea desde que aprendió a caminar? ¿Pensará en la salmonella una mujer que viene tirando a mate hace dos días? ¿Qué dice del coronavirus José, que arrastra con su cuerpo flacucho 120 kilos de cartón? Cuando se nace en cierto barrio, los sueños se cambian rápido por realismo duro. Los miedos también.

Se está propagando una peste que ya mató a unos cuantos por todo el mundo, y abundan los memes que idealizan la fortaleza que tenemos los pobres. Por supuesto que son graciosos y por supuesto que soy víctima de toda esta pseudo filosofía**, pero veamos las cosas como son: el virus arrancó por tomar sopa de murciélago, algo no muy común en las clases privilegiadas. Entonces resulta que ¡oh! el pobre también se enferma. Debajo de estas pieles curtidas y muy adentro de estos cuerpos alimentados a lo-que-sea-que-haya, no hay más que un sistema inmunólogico igual que los del resto de la humanidad.

Poco me importa la estupidez de los privilegiados que se quejan porque no quieren aburrirse o el egoísmo de los que vaciaron las góndolas ignorando que, si los demás se enferman, ellos también corren riesgos. Lo único que me importa es que pare la ola de apestados. Y para eso, lo único que tenemos que hacer es seguir las reglas más básicas. Salir sólo a laburar y a los lugares estrictamente necesarios, no besar ni darle la mano a nadie (¡tampoco el codo porque ahí estornudás!), lavarse muy bien las manos (¡a cada rato!) y no ir a lugares concurridos.

Los que laburamos toda la vida en negro lo sabemos bien: la salud es un derecho, pero no enfermarse es una obligación. Y acá viene lo que nos concierne: no importa que no tengas miedo, hay que ser responsable y cuidar a toda la gente que te rodea. A tus viejos, a tus compañeros de laburo, a tus amigos, a tus hijos. No importa que nunca te enfermes, podés andar portando el virus, enfermar a los demás y causar una tragedia.

No es momento de mostrar que uno no se enferma, ni de pensar que es una enfermedad de chetos (!) ni de empezar a joder con qué huevada es o no es privilegio de clase, ni de quejarse porque “tu” causa tiene más muertos que esta pandemia y nadie se preocupa tanto y eso te indigna. Es momento de ser solidario para que no tengamos el saldo trágico que tuvieron otros países. Es tu momento para demostrar que no te cagás en el otro.
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*Santos Vargas lo resumió hace unos años haciéndose la genial pregunta: “¿Sueña con vampiros el chico que te limpia el vidrio?”
**No hay evidencia científica. Sé que si viene el fin del mundo seremos los criados a polenta los que bancarán los trapos, lo que no tengo es cómo probarlo.
***No hay tercer llamado sólo te pido que te laves las manos, por el amor de Tom Hanks que ya está contagiado LAVATE LAS MANOS.

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