Oposición kirchnerizada

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Por Alfredo Leuco -Muchos analistas se equivocaron al creer que el culebrón coprotagonizado por la presidenta Cristina y el Golden Boy Redrado era una versión 2010 de la Resolución 125. Incluso habían bautizado tantos despropósitos oficiales como “la 126”. En realidad, ahora que bajó el polvo y se pueden ver los daños con más claridad aparece la primera gran diferencia: el estallido de la crisis impactó tanto en el Gobierno como en la oposición. La irracionalidad de aquella pelea contra el campo desangró sólo al matrimonio K. En esta ocasión, también hicieron papelones históricos y retrocedieron varios casilleros por impericia e irresponsabilidad.

Pero en su rodada y su fragmentación también arrastraron al Acuerdo Cívico y Social, que redacta su certificado de defunción. No hay un solo dirigente opositor que crea que a partir de ahora Elisa Carrió y Julio Cobos puedan mantener una mínima base de convivencia. La líder de la CC, acompañada por Felipe Solá y el macrismo, reclamó que se investigue a todo el directorio del Banco Central. Ni el radicalismo ni el socialismo aceptaron sentarse en esa mesa. Es que ella castigó muy duramente tanto a Cobos (“Vieron que yo tenía razón…, el voto desnudó a Cobos, que siempre fue parte del Gobierno y representa lo peor de la UCR”) como a Hermes Binner. Eso obligó a que dos dirigentes moderados y cuidadosos en las formas hayan tenido que salir a cruzarla. Raúl Baglini, en nombre de Julio Cobos, se preguntó si Carrió tenía “mala información o mala fe” y Rubén Giustiniani, como presidente del PS, dijo que no necesitan que se les “marque la agenda desde afuera” y que “si algún dirigente metió la pata con lo que dijo debe hacerse cargo”.

El radicalismo tiene que despejar dos grandes incógnitas lo antes posible. Para eso se van a reunir la semana que viene en San Nicolás: cuándo y con qué argumentos van a romper con Carrió para reformular sus alianzas y cómo pueden hacer para disciplinar a Cobos y no tener que descartarlo como candidato a presidente, colocando en su lugar a Ernesto Sanz.

Como ejemplo de la imposibilidad de lograr acuerdos con Lilita un alto dirigente radical recordó que en su momento ella anticipó que no votaría por Cobos ni aunque ganase una elección interna y que los celos y la competencia casi infantil la llevan a pegarle más allá de cual sea su comportamiento. Ahora lo crucificó porque votó en línea con el oficialismo por la destitución de Redrado, y cuando el vice hizo acciones de mayor autonomía, lo acusó de tener intenciones golpistas asociado a Eduardo Duhalde.

Estas alegrías permitieron al Gobierno respirar un poco después de un mes de comportamiento errático y autodestructivo. No acertaron ni siquiera en el tono y el estilo de comunicación de Cristina. Fingir simpatía de la mano de chanchitos erotizantes o cascos de Penélope Glamour sólo produce mayor contraste (y visibilidad) cuando reta a periodistas, jueces, vicepresidentes y hace sonar el clarín con denuncias de complots antidemocráticos y lavadores de dinero.

La relación de Néstor con el dinero habla mucho de su estilo político. La forma en que se ganan o gastan los ingresos habla de los comportamientos y las convicciones más profundas. Varios de los antiguos compañeros de Río Gallegos que hoy huyeron del lado de Néstor Kirchner dicen que su comportamiento huraño, implacable, codicioso y carente de culpa, desconfiado, maltratador, que carece de amigos y sólo tiene intereses, tiene que ver con la lógica del usurero, que según la Real Academia es quien presta con interés excesivo o lucro desmedido. Cristina se autojustificó diciendo que Kirchner tiene “el drama de vivir en blanco”, cuando en realidad tiene la obligación de hacerlo. El diputado Juan Carlos Morán, que los acusó ante la Justicia cuando aparecieron los dos millones de dólares comprados en el 2008, fue feroz: “Más que pingüinos son buitres que van a ir presos”.

En la batalla del mes de enero, los Kirchner perdieron a Osvaldo Guglielmino (procurador del Tesoro) y a Mario Blejer (presidente del Banco Central nonato); mediante espasmódicos volantazos dejaron colgado del pincel y humillaron a Miguel Pesce, y, finalmente, coronaron a la honesta, capaz y verticalista extrema Mercedes Marcó del Pont. A la hora de fabricar enemigos, el caso de Alberto Fernández merece un párrafo aparte.

Néstor Kirchner le dice a todo el mundo que Alberto siempre fue más empleado de Clarín que kirchnerista. No se lo puede ni nombrar delante de Cristina. Hugo Moyano salió a decir que, si fuera por Alberto, Domingo Cavallo sería ministro, sin recordar que Néstor fue el gobernador preferido de Cavallo. O que la mano derecha de Cavallo, Juan Carlos Pezoa, hoy juega idéntico rol como secretario de Hacienda en la tarea de disciplinar gobernadores con la chequera K. El cruce con Aníbal Fernández fue más profundo. Uno acusó al otro de comprar tierras fiscales a precio vil en El Calafate a través de su socia y el otro le contestó que se trataba de un delirio. Nadie cree que Aníbal haya embestido contra Alberto sin la orden de Néstor Kirchner.

A medida que el Gobierno se va aislando y encerrando en su caparazón de leales multiplica sus gestos de sospechas conspirativas. La estrella de Amado Boudou se apagó con el ingreso de Marcó del Pont y Carlos Zannini está en la mira de todo el gabinete menos del matrimonio gobernante: sería como sospechar de su propio espejo. El día que Néstor y Cristina traten a Zannini como tratan a Alberto Fernández sabremos que es el final. Es increíble que a esta altura los Kirchner se sigan viendo a sí mismos como una suerte de río Jordan que purifica a los impuros. Los malos neoliberales menemistas como Redrado pasan a ser buenos nacionales y populares al lado del matrimonio y vuelven a ser demonios imperialistas cuando se van. O Cobos, que era el jefe de la Concertación Plural para acompañar en la fórmula a Cristina, pasó a ser un traidor que le tiene que mandar saludos a Vandor en la 125, y un golpista que dejó de serlo cuando votó como el Gobierno quería en el tema Redrado.

La revista Barcelona se lo pregunta con mordacidad: “¿Por qué ningún integrante del gobierno popular le avisó a Néstor Kirchner que Martín Redrado era un corrupto de derecha? El culpable de la omisión podría ser el mismo asesor inescrupuloso que no dijo nada sobre el carácter conservador de Cobos”.

Hay que encender una luz de alerta en el tablero institucional. El violento cruce de acusaciones entre los dirigentes políticos fue minando la confianza y el entusiasmo ciudadano. Hasta ahora eso afectaba sólo al Gobierno, pero empieza a manchar a los opositores.

Hay un reclamo creciente para que la dirigencia se ocupe de las asignaturas sociales pendientes (pobreza, desocupación, inseguridad, inflación) y menos de sus vanidades, internas y candidaturas. Esa exigencia se hace cada vez en voz más alta.

Quien quiera oír que oiga

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6 COMENTARIOS

  1. LA LISTA DE REDRADO

    Por Daniel Cecchini
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    A mediados del mes pasado, cuando todavía creía tener amigos que lo apoyarían hasta el final en su intento de resistir su destitución como presidente del Banco Central, Martín Redrado buscó la complicidad periodística del diario Clarín para amenazar al Gobierno. “Tengo las listas específicas de los amigos del poder que compraron dólares”, disparó desde las páginas del matutino que dirige Ernestina Herrera de Noble. El desplazado Golden Boy se refería, así, a una tendenciosa selección de algunos nombres entre los miles de particulares y empresas que figuran en el registro de compradores de divisas norteamericanas cuyas operaciones quedan asentadas en el Central. La continuación de esa historia es conocida: Redrado debió irse y nunca dio a conocer la famosa lista, aunque fue filtrada a la prensa.

    En las páginas que siguen, Miradas al Sur publica –sin ninguna selección previa– la nómina completa de las personas físicas y jurídicas que compraron dólares (desde un mínimo de 10.000 pesos al máximo de 2.000.000 de pesos mensuales, que es el tope que establece la ley) durante 2008 y 2009, así como los montos en pesos involucrados en cada una de esas operaciones. Se trata, en rigor, de dos listados: el primero, con más de 3.000 nombres, identifica a quienes adquirieron divisas norteamericanas para sacarlas del país con diversos fines; el segundo, de alrededor de 600, incluye a quienes dejaron los dólares en el país.

    Entre los protagonistas de esas operaciones se encuentran poderosos grupos empresarios, dirigentes políticos de todo pelaje, particulares de apellidos mediáticos, animadores y empresarios televisivos y, paradójicamente, el monopolio que hizo punta en la publicación de la amenaza de Redrado y que, todavía, continúa batiendo el parche de “las compras de los amigos del poder” en sus medios gráficos, radiales y televisivos. El Grupo Clarín –a través de diversas personas físicas y jurídicas– utilizó durante los dos últimos años más de 500 millones de pesos para adquirir dólares, la mayor parte de los cuales están hoy en el exterior.

    Los compradores. Mauricio Macri y Francisco de Narváez son los nombres que más suenan entre los personajes del mundo de la política incluidos en el listado, pero también se puede encontrar al ex senador cordobés Roberto Urquía, a los economistas Carlos Melconian y Eduardo Levy Yelati, a José Alfredo Mc Loughlin (ex secretario de Finanzas de Roberto Lavagna), a Nicolás Caputo (asesor de Macri), al ex ministro de Economía menemista Néstor Rapanelli.

    Entre las personas físicas y jurídicas ligadas a Clarín que hicieron millonarias operaciones de cambio de divisas se encuentran el propio Grupo, que cambió 105.910.600 pesos durante 2008 y 2009; José Antonio Aranda (accionista), con 65.315.375 pesos; Lucio Rafael Pagliaro (integrante del directorio y director general de Artear), con 45.127.840 pesos; Cablevisión, con 115.557.860 pesos; Multicanal, con 107.272.990 pesos; Artear, con 58.334.345 pesos; el gerente general de Clarín, Héctor Mario Aranda, con 1.417.734; Pemsa, con 6.770.000; Prima SA, con 15.942.925 pesos y Tinta Fresca Ediciones, con 778.950.

    También se registran compras de divisas por parte de La Nación S.A. y Editorial Amfin (editora del diario Ámbito Financiero).

    Otras personas vinculadas con los medios que hicieron compras de dólares durante el mismo período fueron el periodista Nelson Castro, el conductor y empresario Marcelo Tinelli, Mario Pergolini, Ari Paluch, Martín Köheler (Endemol, productora de Gran Hermano) y Ricardo Kirschbaum (editor general de Clarín).

    Entre las empresas, a la cabeza de la lista se encuentra LDC Argentina, con casi mil millones de pesos. La siguen Molinos Río de La Plata, Merril Lynch Argentina, Autopistas del Sol, Galeno Internacional, Laboratorios Abbot, Johnson y Johnson Argentina, Swiss Medical, Esso, Kraft, Quickfood, Metrogas, Sprayette, Bayer, Codere (empresa que maneja los bingos en la provincia de Buenos Aires), Cargill, Siemmens, Camussi, Iecsa y Edesur, entre otras.

    La lista incluye a empresarios como Gilberto Montagna (ex Terrabusi y ahora criador de caballos), Jorge Blanco Villegas, Santiago Soldati, Isaac Kiperszmid, Luis Pérez Companc; Carlos Pedro, Santiago, Ignacio, Luis María y César Alberto Blaquier; Luis Pulenta (Porsche), Fulvio y Alfredo Pagani (Arcor), Juan Carlos Bagó, Benito Roggio, Sergio Oppel (La Anónima), Andrés Meta (Banco Industrial), Néstor Ick (dueño de multimedios y de los bancos de Santiago del Estero y La Rioja), Leonardo Anidjar (Banco del Sur), Alfredo Román (anotado para la compra de Telecom) y el rey de la soja, Gustavo Grobocopatel.

    Otros nombres conocidos son el vicepresidente de la Daia, Ángel Schindel, Alejandro Gravier (marido y manager de Valeria Massa), el empresario futbolístico Gustavo Mascardi y el goleador histórico de Boca, Martín Palermo.

    Leyes. Todas las operaciones que figuran en el listado son, a primera vista, legítimas por el sólo hecho de haber sido registradas por el Banco Central. Difícil, en cambio, es saber si en algunos casos el origen de los fondos aplicados a la adquisición de las divisas pudiera ser consecuencia de maniobras de evasión o elusión fiscal. Una posibilidad que escapa por alcance y complejidad a las herramientas periodísticas.

    La historia argentina del último medio siglo abre las puertas a desconfianzas múltiples.

    El tipo de cambio y la fuga de divisas –esta última estrechamente ligada a la evasión y/o elusión impositiva– son temas que han marcado a fuego durante décadas la vida de los argentinos. Constituidos en temas centrales del debate nacional desde la reforma financiera de José Alfredo Martínez de Hoz, la cuestión se convirtió en un factor central de la lógica de acumulación para lo más concentrado del capital local. Un debate que cobró una dimensión directamente proporcional al vertiginoso endeudamiento externo que registró el país desde fines de los años setenta.

    Aunque en un sentido estricto no existe en el país lo que se conoce como “control de cambios”, el Poder Ejecutivo ha impulsado una política que puso límites a la adquisición de divisas. Además, incrementó los controles mediante el accionar coordinado del Banco Central, la Comisión Nacional de Valores y la Administración Federal de Ingresos Públicos. El objetivo: detener el drenaje y redoblar el control fiscal para detectar a personas físicas y/o jurídicas que realicen operaciones inconsistentes entre el monto de dólares adquiridos y la situación fiscal que declaran.

    Las medidas adoptadas por los organismos involucrados se inscriben en el Régimen Penal Tributario, una normativa que faculta al Poder Ejecutivo a definir las conductas cambiarias prohibidas; es decir: contrarias al punto de vista de los objetivos de la política económica. Una razón que explica con claridad que la norma haya caído en el olvido durante los años noventa, cuando rigió en el país una apertura irrestricta para el ingreso y egreso de capitales.

    Lejos de ser restrictivas, las regulaciones vigentes admiten que las personas físicas y jurídicas compren divisas en el mercado único de cambios (hasta un límite de dos millones de dólares mensuales) para atesorarlas en el país o, incluso, adquirir propiedades en el exterior, otorgar préstamos a no residentes y realizar inversiones directas. También habilitan, por ejemplo, el egreso de divisas para el pago de servicios –como fletes, seguros, etc.– y la importación de bienes, además del pago de utilidades y dividendos. En síntesis, un marco legal que no afecta los derechos individuales ni el normal desenvolvimiento de la economía y que protege los intereses colectivos.

    Trampas. Un repaso de las últimas décadas de la economía argentina muestra, sin embargo, que la remisión de dólares al exterior significa, la mayoría de las veces, una expatriación de ahorro interno, es decir, de partes de la renta social monetizada en dólar que no vuelve al circuito económico local. En muchos casos se ha tratado lisa y llanamente de fuga de capitales.
    Aún dentro del marco legal de la compra en blanco de moneda extranjera, la fuga de capitales es una empresa que cuenta con múltiples estrategias. Por ejemplo:

    • Sobrefacturando importaciones y subfacturando exportaciones. Un caso: se pueden comprar legalmente dólares para pagar facturas infladas de compras en el exterior.

    • Se pueden inventar cancelaciones de deudas o capitalizaciones. Éste fue el camino que privilegiaron los grupos económicos que, gracias a las privatizaciones menemistas, se hicieron de las empresas del Estado en los ’90. De esa manera, las empresas privatizadas de servicios públicos giraron al exterior –en promedio, durante esa década– 80 centavos de cada dólar ganado en la Argentina.

    • Instrumentando el pago de falsas prestaciones de servicios a empresas en el exterior que son generalmente propiedad de los mismos grupos económicos que dominan a las que pagan esos servicios. Éste fue otro de los caminos para la fuga de capitales utilizado por las privatizadas de servicios públicos durante los ’90.

    • Mediante la creación de fideicomisos en el exterior.

    • Las capitalizaciones son otra forma de inventar deuda. Se producen cuando alguien tiene acciones de una sociedad anónima propia pero que está a nombre de terceros y amplía capital. Para preservar la participación se compran acciones, acto que origina automáticamente la salida de los dólares.

    Los lectores de Miradas al Sur pueden repasar las listas de las próximas páginas, imaginar destinos y sacar algunas conclusiones.

    Colaboraron: G. Bencivengo y J. Mancinelli

    Fuente:

  2. Qué clara la información!!! Sirve para cotejar las versiones que salen a través de los diferentes medios, afirmando verdades «a medias» para formar opinión distorsionada. Basta de ser ingenuos!

  3. Alfredo Leuco es cordobés, trabajó durante once años en Clarín, fue jefe de redacción de El Cronista y subdirector de las revistas Somos y Gente. Hace años que trabaja en América TV y en distintas radios. En los años ’80 simpatizó primero con la Coordinadora radical (sobre la que escribió un libro laudatorio) y luego con el Movimiento Todos por la Patria (MTP), del que abjuró al producirse el asalto al cuartel de La Tablada. En los ’90 fue tibiamente antimenemista (ma non troppo, baste decir que escribió una biografía de Carlos Menem a la que tituló nada menos que El heredero de Perón) y en 2003, cuando Néstor Kirchner ganó las elecciones, no dejó espacio para que ningún otro periodista fuera más oficialista que él. No obstante, algo sucedió camino del foro porque Leuco, acaso tironeado por la lealtad a su patrón, Francisco De Narváez, fue declarado persona no grata por los kirchneristas y hoy parece pretender disputarle el lugar de los hipercríticos del gobierno a Joaquín Morales Solá, habitual vocero oficioso de la Embajada de los Estados Unidos. Desde hace años tiene un programa radial llamado Le doy mi palabra, pero en los últimos tiempos esa palabra aparece muy devaluada y pocos quieren tomarla.

  4. Que tiene de malo «estar, pertenecer» a cierto grupo de pensamiento y luego cambiar a otro cdo no se encuentran coincidencias en él? no es así la vida acaso? o te quedás inmóvil bajo una misma idea sin evolucionar toda la vida!!! eso, no me parece criticable, estemos de acuerdo o no con su posición política, prefiero alguien reaccionario a un obsecuente que no sabe ni donde se para!!!..la capacidad de este periodista es destacable, como otros que piensan o tienen estilos diferentes: victor Hugo, Nelson Castro, Lanata…son periodistas!
    Tomemos las palabras relacionadas al momento y al contexto, seamos capaces de analizarla desde nosotros y no, tragarnos todos los sapos que nos tiran(q son muchos, y a veces muy lindos!) saludos

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