Porqué discriminamos?

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Tres de cada diez argentinos fueron discriminados alguna vez. Cerca de cinco presenciaron un acto de discriminación. Pero apenas seis de cada cien hicieron alguna denuncia o conocen a alguien que la haya hecho. Estos son los datos centrales de una investigación que llevó a cabo el Inadi durante un año y medio en todas las provincias y la ciudad de Buenos Aires para conformar el primer mapa de la discriminación en el país. El estudio evidencia otra situación preocupante: el 70 % de la sociedad se caracteriza por tener pensamientos o prácticas discriminatorias. Es decir, siete de cada diez argentinos discriminan.

 Según el informe, la percepción de prácticas discriminatorias está presente en la sociedad argentina de manera muy fuerte: más del 80 % % de los consultados considera que en la Argentina se discrimina mucho o bastante. Entre las provincias con mayor percepción figuran Neuquén, Catamarca, Chaco, Formosa y La Pampa. En el otro extremo están Tucumán y Entre Ríos.
El grupo que más padece los prejuicios y la discriminación está conformado por las personas en situación de pobreza: alrededor del 75 % de los encuestados reconoció que se las discrimina “mucho” o “bastante”. El 67 % consideró que se discrimina “mucho” o “bastante” a las personas con sobrepeso; casi el 62 %, a las personas con enfermedades contagiosas, y el 52 %, a las personas con discapacidad.

“La alta discriminación por pautas estéticas, principalmente la obesidad, fue una sorpresa que brindó el estudio: no estaba en el imaginario que ese grupo concentrara una de las mayores percepciones de discriminación”La investigación también indagó en los ámbitos donde se discrimina. La escuela obtuvo uno de los valores más altos. “¿En qué medida la televisión reproduce prácticas discriminatorias?”, fue otra de las consultas. El 44,6 % respondió “mucho” o “bastante” .

Los grupos más segregados
A las personas pobres 75,7 %. A personas gordas 67 %, a los portadores de enfermedades contagiosas, el 61,8%.

la discriminación puede ser denunciada judicialmente, cerca de cinco de cada diez sabe de la existencia de una ley nacional contra la discriminación y más de siete de cada diez señala que el gobierno nacional debería darle una importancia significativa al tema.

Construcción social de la discriminación
Podría argumentarse en una lectura un tanto superficial, que discriminar es “natural”.Con nuestra ambigua naturaleza humana, en su dicotomía de lo malo-bueno, por  una parte se discrimina y por la otra se es solidario. Pero si esto fuera así, en todas las culturas habría discriminación; sin embargo, en muchas de ellas, tanto actuales como pasadas, es justamente la solidaridad el valor más reconocido y practicado. Valga como significativo ejemplo las culturas americanas precolombinas y algunas actuales, como  la toba y mapuche, donde se destaca el trabajo comunitario en beneficio de viudas, huérfanos y desvalidos. También podría argumentarse que discriminamos por falta de información, y puede ser  verdad, pero hasta cierto punto, ya que en ocasiones esa información puede ser usada justamente como legitimación. Un prejuicioso luego de un curso de psicología del prejuicio, saldrá igual de prejuicioso, pero con fundamentos. Consideremos entonces que la discriminación es una construcción social; esto es representaciones y prácticas sociales articuladas hegemónicamente en sectores de poder con sentidos de orden moral: normatividad social, disciplinamiento y estigmatización. Desde esas “redes de poder” en el sentido de Foucault, se construye la figura social del discriminado: El adicto, el homosexual, el pobre, la prostituta, el sidoso, el tuberculoso, el villero; en fin, todos aquellos que “huelen mal” para una sociedad que más que occidental y cristiana pareciera estar gobernada por un triunvirato pagano conformado por : Pluto, Dios de la riqueza; Apolo, Dios de la juventud y Mercurio, Dios de los ladrones. De ésta manera, los pobres, los viejos y feos, los buenos, quedan afuera del sistema.

En esta sociedad excluyente, las diferencias se construyen en desigualdades, en vez de construirse en convivencia en una sociedad incluyente.

 Ahora bien, adónde se originan estas redes de poder actualmente?. Según Negri y Hardt (2000), vivimos dominados por un imperio supranacional que no tiene fronteras; es globalizado y globalizante, principalmente financiero, pero que impacta en lo social, regulando, estructurando y gobernando las relaciones humanas. Su objetivo final es el control de la vida social en su totalidad: el biopoder.

El análisis histórico muestra que, grandes imperios han caído no tanto porque sus fuerzas revolucionarias poseyeran mayor poder en armas- de hecho, tenían mucho menos-, sino porque estaban impregnadas de una mística de las que las fuerzas imperiales carecían: la solidaridad.

Dan buena cuenta de ello, la Masada del imperio Romano, la revolución bolchevique, la francesa, la revolución pacífica de Gandhi que hizo retroceder al imperio Británico, la batalla de Ayacucho, que consolido la independencia americana, en las que las tropas realistas al mando del virrey de la Serna triplicaban en soldados y cañones a las revolucionarias de Sucre, que finalmente vencieron a pesar de su gran inferioridad bélica.

Este nuevo imperio al que hacíamos referencia, perfecto conocedor de éstos antecedentes históricos que hicieron de la solidaridad la fisura destotalizadora de los poderes hegemónicos, aplica una nueva estrategia: naturalizar la discriminación como opuesto social a la solidaridad.

Cuando algo se naturaliza no se lo problematiza, ni se lo cuestiona;  en definitiva, no se lo critica, entonces es natural que discriminemos y también natural es que no seamos solidarios.

Para efectivizar esa estrategia, el imperio “construye” culturas discriminatorias, culturas en el sentido de Harris: formadoras de sentir, de pensar y de actuar socialmente interiorizadas por los miembros de una comunidad.

Estas son , la cultura de la indiferenciación : Asistimos al Pánico amoral de la indiferenciación. Ahora resulta que “está todo bien” y cuando nos convencemos de ello, el mal ha triunfado, nos ha convencido de su existencia. Esta cultura ya la trovaba el genial Discepolín en su inmortal cambalache: No hay valores ni dobleces, da lo mismo ser derecho que traidor”. Esto nos lleva a una doble pérdida: la de los lazos sociales y la de los valores, entendiendo como tales a todos aquellos por lo cual, la vida merece ser vivida y es más, merece ser ofrendada.

Ya lo advertía Durkheim, que la principal causa de suicidio no es la miseria económica, (que la hay), sino una alarmante miseria moral, que una mala traducción del alemán wertloss (pérdida de valores) convirtió en anomia (pérdida de normas). Normas y leyes es lo que sobran, faltan convicciones íntimas (valores) que se trasladen a los lazos sociales…

..Los torturadores de ayer son ahora ciudadanos  inimputables  o indultados  y, como afirma Savater, el primer paso de la ética es no actuar de cualquier modo, dada  la convicción de que no todo es igual. Esta cultura de la indiferenciación construye una persona autista social.

La  Cultura de la inmediatez,  todo tiene que ser conseguido “ya”, perdiéndose la cultura del deseo, de la ilusión y, como sin ilusión no hay pasión, la fosilización se hace inevitable. Por el contrario, en la cultura del deseo y la ilusión el zorro le pedía al Principito: “si vas a venir a las cinco, avísame, así a las cuatro, empiezo a ser feliz”…

…la cultura de la inmediatez construye personas apáticas-sin deseos-y a- reflexivas , es decir, sin creatividad y, en consecuencia, sin posibilidad de pensamiento crítico.

La Cultura de la soledad, hoy pululan los no lugares que, en contraposición con los lugares, son aquellos espacios donde no hay historia, no hay relación personal en el sentido social del término; habrá muchedumbre, pero no hay reunión. Se trata de una imposibilidad de re-conocernos: es la solitud de Malreaux, nos encontramos solos en la multitud. Así, paradójicamente se practica, el ejercicio social de la soledad en los locales de juego en red, en discotecas, en shoppings y en tantos otros lugares. Las plazas están vacías de chicos. Porqué? Porque en ellas hay juegos que, como tales, necesitan ser compartidos…

Los shoppings, como los define Humberto Ecco, son “la estrategia de la ilusión”: todo está al alcance de  todos, pero en realidad solo lo pueden adquirir unos pocos privilegiados, pero aún, son los no lugares, que eliminan cualquier posibilidad de solidaridad: si alguien está tendido en el suelo, vienen los de seguridad: de necesitado, pasa a ser peligroso. Asistimos ahora a otro no lugar: Internet., si bien es el avance tecnológico más importante del último siglo, en términos de comunicación es una ficción, ya que, sin la presencia física, no hay relación humana posible en el sentido social del término. El chateo es un ejercicio de soledad, estar juntos es real, si podemos mirarnos, tocarnos, pelearnos y reconciliarnos en un abrazo.

Para el mencionado imperio, temeroso de la solidaridad, la mejor forma de que la gente no la practique, es construir personas solitarias, y en consecuencia, no solidarias.

Así, el gran peligro del no lugar es pasar al no-yo, porque la única forma de construir la yoidad es a través de la otredad.

Yo no soy el otro, pero necesito al otro para ser yo, en las sabias palabras de Levinas.

Por último, la cultura del consumismo. Séneca-en los tiempos en que la economía era una rama de la ética- advertía que, quien gasta más en lo superfluo, termina vendiendo lo necesario. Epicuro, por su parte, recomendaba a sus discípulos que antes de comprar algo pensaran más bien en las ventajas de no tenerlo.

Hoy, en camio, la consigna pareciera ser: hay que tener la mayor cantidad de cosas, en el menor tiempo posible y a cualquier costo.

Es natural que las 245 personas más ricas del mundo, tengan los mismos ingresos que las tres millones más pobres?

 Esto claramente construye personas egoístas, con un individualismo exacerbado sin límites ni ética. No nos extrañemos entonces, si surgen posibles choques entre unos consumidores insaciables y muchos  espectadores hambrientos.

 

 

En este excelente capítulo de su libro : “la dignidad del Otro”, Francisco Maglio propone como salida frente a la discriminación el arma más letal: la SOLIDARIDAD

 

“ Con la renovada esperanza de que aún debajo de la baldosa más ruin podemos asistir al milagro de un yuyito que nace, en la invencible convicción de redes solidarias que entretejen innumerables corazones”…Una sola estrella, aún la más pequeña, convierte una noche cerrada, en un cielo..”

 

¿Qué temas se pueden denunciar?

 Las prácticas discriminatorias son diversas y engloban un espectro muy amplio.
El INADI esta facultado para recibir denuncias respecto de los actos discriminatorios enumerados en la Ley Nº 23.592, donde se establece lo siguiente:

  “Quien arbitrariamente impida, obstruya, restrinja o de algún modo menoscabe el pleno ejercicio sobre bases igualitarias de los derechos y garantías fundamentales reconocidos en la Constitución Nacional, será obligado, a pedido del damnificado, a dejar sin efecto el acto discriminatorio o cesar en su realización y a reparar el daño moral y material ocasionados.
A los efectos del presente artículo se considerarán particularmente los actos u omisiones discriminatorios determinados por motivos tales como raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos”.

 Frente a una denuncia que se refiera a alguno de los actos descriptos, el INADI podrá producir un dictamen en que el que se expresará si el hecho constituyó o no una situación discriminatoria.

Si bien el  centro de llamadas  0800 INADI no es un medio que permita el inicio de una  denuncia formal, sí  recibe consultas telefónicas y vía correo electrónico, las cuales son derivadas según las particularidades de cada caso a otras áreas del Instituto o bien a otros organismos pertinentes. Si usted desea realizar alguna consulta, comuníquese con nuestro teléfono gratuito de orientación: 0800-999-2345 (las 24 horas todos los días del año)

Fuentes:

Maglio, Francisco. La dignidad del otro: puentes entre la biología y la biografía-1era ed-BsAs.Libros del zorzal, 2008.

Osvlado Parrondo.Boletín Argentino.www.boletinargentino.com/principal/?p=425

Instituto Nacional contra la discriminación, xenofobia y el racismo. INADI

http://www.inadi.gov.ar/inadiweb/index.php

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5 COMENTARIOS

  1. La discriminacion es un trato desigual que se da a las personas, por lo que todos en algún momento hemos sido y somos discriminados y además, hemos hecho lo mismo y lo seguiremos haciendo seguramente como también lo cotinuaremos recibiendo.
    No debemos preocuparnos tanto por esta palabrita, que la mayoría de las veces queda en eso.

  2. ¿Discriminación?, vaya tontería. Los humanos nos olvidamos que somos mortales y que, en un osario común, la calavera de un rey puede encontrarse aplastada por el fémur de un lacayo y no habrá protestas. Discriminen, pero es en vano porque no será para siempre. Afortunadamente, la muerte es la gran niveladora. La discriminación es una estúpida forma de perder el tiempo que no permite la participación de ingenios desconocidos que mucho podrían aportar para la mejora de este mundo miserable.

  3. a vardile..esa «palabrita», no es inocente, como no le es ninguna de nuestras palabras,etimológicamente, la palabra discriminar es SEPARAR.
    discriminar
    1. tr. Seleccionar excluyendo.
    2. tr. Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.
    RAE (2001) Diccionario de la lengua española

    Ovbio que dependerá de su contexto, ya que podés discriminar entre acciones, entre precios, entre cosas, en el sentido de seleccionar. Esta palabra cdo se usa para seleccionar personas excluyendo, deja de ser una «PALABRITA» MAS DE NUESTRO DICCIONARIO, nadie merece, como persona entrar en un rango selectivo determinado por otros.QUE NO QUEDE EN ESO…MEJOS QUE DECIR, ES HACER..

  4. Lenita, me parece que lo que el pibe quiso decir es que por mas que sepamos cual es el significado de la palabra discriminar, igual vamos a seguir discriminando, esta en la escencia del hombre

  5. hE ENTENDIDO, PERO QUISE DEJAR EN CLARO EL VALOR DE UNA «PALABRITA»; LAS PALABRAS MARCAN, DETERMINAN, CONDICIONAN, Y SON MUY JODIDAS..COMO DICE CUN REFRÁN: TENEMOS 2 OÍDOS Y UNA BOCA…DEBERÍAMOS ENTONCES ESCUCHAR EL DOBLE Y RESERVARNOS LA PALABRA PARA CUANDO SEA ABSOLUTAMENTE NECESARIA.

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