Primero la Patria, después el Movimiento y por último los Hombres

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Imágen gentileza de Huadi (en La Nación)

 

 

Los argentinos nos jactamos de ser absolutamente democráticos, sin embargo es llamativa la virulencia con que reaccionamos cuando alguien expresa un punto de vista que difiere del nuestro; no solamente lo desestimamos, sino que lo descalificamos, lo etiquetamos y lo ponemos fatalmente en la lista de los enemigos acérrimos.

Es por eso que me invade cierto temor al tratar de reflexionar sobre un tema, que creo, no nos vendría nada mal, hacerlo a todos, teniendo en cuenta la difícil e insólita realidad que hoy soportamos.

Se trata del nacimiento e instalación hasta nuestros días del Movimiento Nacional Justicialista o Peronismo.

Tal vez estas pobre líneas sean, con justicia, rechazadas o descalificadas, porque no son las de un historiador ni las de un encumbrado analista político, solo expresan la visión de una ciudadana de a pié, que nació en 1959, es decir, que no vivió aquel período inicial, que creció en el campo, en una familia completamente apolítica, que no se afilió ni militó en partido político alguno, que vivió con asombro desde los 70, todos los avatares que nos pasaron por encima, que se informó como pudo y que no es culpable de cómo le contaron la historia; solo me avala el derecho, que tengo como cualquiera, de preguntarme de tratar de entender y de expresarme.

Con los escasos conocimiento que poseo, creo que nadie puede negar que, en su nacimiento, el movimiento liderado por Juan D. Perón, tiene el mérito de haber interpretado una gran necesidad de aquel momento histórico: incluir en el protagonismo de la vida nacional a las masas trabajadoras, sacarlas de la postergación y convertirlas en parte fundamental de un proyecto de grandeza para una Nación que tenía todo para transformarse en un país moderno, próspero y soberano.

Las banderas de progreso, igualdad, justicia social, independencia económica y soberanía política que propuso llevar adelante Perón, son totalmente válidas, tanto que hoy, por lo menos en los discursos las han hecho suyas todos los gobiernos que se sucedieron, hasta los de facto, todos los partidos, todos los funcionarios, todos los candidatos, todos los punteros, todos, todos, todos.

Lo decían los mismos peronistas, surgía un gran movimiento revolucionario, y lo fue, ya que desde su aparición los cambios que produjo marcaron hasta el presente la vida nacional; es innegable que a partir de la instalación de aquel fenómeno político y cultural con sus nuevos valores, nada volvió a ser igual.

Lo que vino después, lo que provocó la interrupción  de aquella transformación que soñó Perón y que no logró llevar a cabo en su totalidad, se presta a miles de interpretaciones, dependiendo del historiador que consultemos, y no es lo que nos ocupa hoy. Es sabido que en este país no solo el accionar del movimiento justicialista fue interrumpido, sino la misma democracia lo fue varias veces.

El peronismo tal como se generó se desarrolló, se fracturó, se modificó y logró perdurar, nos condicionó, nos influenció y nos marcó fuertemente, de eso no hay duda; la pregunta es: ¿ PARA BIEN O PARA MAL?.

Desde el resurgimiento de la democracia hemos tenido 18 años de gobiernos peronistas, incluido éste que sufrimos actualmente; ¿Cómo, Cuándo y Porqué degeneró aquel movimiento, cuyo gran proyecto era transformar una sociedad que necesitaba ser mas justa y equitativa, en lo que hoy vemos como el juego tramposo de la utilización de aquellas banderas para acrecentar y consolidar el poder de una banda que se ha instalado en el gobierno con miras a permanecer de prepo y a avanzar como una topadora, sin tener en cuenta la opinión de vastos sectores que expresan descontento y sin atender a los resultados de una gestión que, aún para un niño de pecho, es escandalosamente negativa?.

Donde quedaron los legítimos derechos de la clase trabajadora que hoy con asombro vemos representada por impresentables dirigentes,  auténticos impostores, adueñados de las organizaciones sindicales, atornillados a sus tronos, llenos de poder y de dinero, reconocidos y apañados por el gobierno, mientras que otras expresiones de los trabajadores, por medio de las cuales intentan hacerse escuchar y organizarse, son ninguneadas, perseguidas y hasta reprimidas.

Según los postulados más sagrados del justicialismo, el trabajo y la organización son los caminos para el progreso de TODOS los argentinos. “El acceso a la cultura y al bienestar es un derecho de todos y el compromiso mas ineludible para un gobierno es el que tiene, antes que nada, con su propio pueblo”. “Se equivoca aquel gobierno que no hace la voluntar de su pueblo”. Estos eran enunciados de Perón.

Si yo fuera una peronista de aquellos comienzos, me sentiría totalmente defraudada e indignada ante el accionar de este gobierno que no deja de invocar el legado de Perón y Evita y el realidad actúa como verdadero impostor, bastardeando banderas que solo usa para colgarse del poder que le confiere el simular que las defiende.

Creo que nunca puede ser malo el proyecto de engrandecer un país, de transformarlo en digno de defenderlo y honrarlo y de soñar con el bienestar y la felicidad del pueblo, pero creo que el camino que eligió Perón para llevarlo a cabo, nos dejó ciertos vicios que aun hoy, nos siguen perjudicando; parió un movimiento de corte paternalista, basado exclusivamente en su figura única, indestructible, poderosa y excluyente, de la cual emanaba todo: el poder, la sabiduría, la fuerza y las formas; la filosofía misma del movimiento excluía toda otra posibilidad de realización y de perdurabilidad que no fuera con EL y por EL. Toda la estructura del movimiento estaba teñida con su color y con ningún otro y más allá de sus dotes innegables de líder, de conductor, me pregunto que espacio había para cuestionar o discutir alguno de sus mandatos. Pareciera que la lealtad era un compromiso, no para con el movimiento y su proyecto, sino para con él.

Ha llegado a mis manos hace unos días, un libro de texto escolar, para los niños que cursaban 1er grado superior, titulado “El alma tutelar”, con texto aprobado por el Ministerio de Educación de la Nación e impreso en el año 1954. El él dos de cada tres lecturas están dedicadas a ensalzar la obra de gobierno y los postulados doctrinarios de Juan Domingo Perón y su esposa, ya fallecida en ese entonces.

Repasando las lecturas, no pude más que pensar que por aquellos días primaba la idea, sobre todo en la clase trabajadora, de que la mejoría de su condición, el reconocimiento de sus derechos y su participación en los beneficios de la economía del país se debía mas bien a una gracia concedida por la magnanimidad de Perón,  que a la materialización de sus legítimos derechos, garantizados por la constitución nacional.

Esa concepción que quedó instalada fue nefasta; es la idea de que no podemos ser artífices de nuestro destino como país,  de que todos los logros solo podrán llegar a través o gracias a un dirigente supremo e iluminado, sin el cual ningún proyecto es posible, es la que nos llevó a encolumnarnos sin pensar, detrás de otros mesiánicos que vinieron después, encima sin la inteligencia y la capacidad de gestión que, sin duda, tenia Perón.

En las últimas décadas hemos padecido varios gobiernos que han funcionado como monarquías absolutas, colocándose incluso por encima de las instituciones y la mismísima constitución nacional. Hoy tenemos un cachivache fundamentalista como Néstor Kirchner, a quien nadie le saca de la cabeza, que si no es él, nadie puede llevar el país adelante y vemos que está dispuesto a hacerlo como sea, sobre quien sea y pese a todo. Conduce una banda de forajidos,  que encaramada en el gobierno, envuelta en la más escandalosa corrupción, nos está conduciendo a un precipicio insondable; sin duda así nunca lograremos la unidad nacional y seguiremos este camino de bancarrota, sabrá Dios hasta cuando y hasta donde.

Perón decía: “La dignidad nacional es la suma de las dignidades individuales”. Este gobierno que se dice peronista, ni siquiera recuerda estas palabras, mucho menos las tiene en cuenta; tengámoslo bien claro y bien presente nosotros, los ciudadanos que vemos pasar este corso, atónitos e impotentes.

A aquellas banderas, hoy hechas andrajos, no las pisoteamos nosotros, a aquella marcha, hoy vaciada de contenido, no la bastardeamos nosotros. Si a alguien le enojan estas líneas, vaya y pídale cuentas a quien corresponda.

“Primero la Patria, después el Movimiento y por último los Hombres”.

¡Qué la inocencia les valga!.

 

                                              Inanbú Carrasquero

 

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2 COMENTARIOS

  1. «con miras a permanecer de prepo»

    De donde sacaste eso?, no te olvides que a Cristina la voto el pueblo… y esta donde esta por la eleccion popular… quien te dijo que va a permanecer de prepo? La quisieron sacar de prepo que es muy diferente.

    «Los argentinos nos jactamos de ser absolutamente democráticos, sin embargo es llamativa la virulencia con que reaccionamos cuando alguien expresa un punto de vista que difiere del nuestro; no solamente lo desestimamos, sino que lo descalificamos, lo etiquetamos y lo ponemos fatalmente en la lista de los enemigos acérrimos»

    TU «DE PREPO» ES DESCALIFICANTE Y DESESTIMANTE DE LA VOLUNTAD POPULAR

  2. rata laly…¿y ustedes los peronachos que hicieron con alfonsin, y con los demas gobiernos que no fueron peronistas, desde el 55 en adelante??…los sacaron de PREPO bajo presion, no sean hipocritas.

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