Propuestas en salud: de la exclusión a la inclusión

0
65

Hospital General de Agudos Dr. J. Penna.Bahía Blanca
Hospital General de Agudos Dr. J. Penna.Bahía Blanca

Encuadre ideológico

 

 

 Hay dos posiciones claramente antagónicas:

-la salud como derecho humano personalísimo y

– la salud como mercancía en la economía de mercado.

Para la primera, jurídicamente es un derecho positivo y en consecuencia una decisión política en tanto el Estado interviene activa y sustantivamente para asegurar a toda la población no sólo la promoción y protección de la salud sino el derecho a la atención de la enfermedad, en forma igualitaria en cantidad y calidad independientemente de la situación social, económica y cultural.
En cambio, para la segunda posición ideológica, la salud entra en el sistema de oferta y demanda. Es un derecho, en términos jurídicos negativo, esto es que el Estado simplemente tutela la promoción y protección de la salud, mientras que la atención de la enfermedad entra como mercancía en la economía de mercado.

Quienes poseen los medios económicos entran en ella y los que no, serán provistos por la beneficencia pública o privada.
En esta posición la salud de la población también es una decisión política pero enmarcada por las leyes del mercado. Conviene aquí recordar lo expresado por Kenneth Arrow, Premio Nobel de Economía en 1963: «La sola aplicación de las leyes del mercado hace a los enfermos más enfermos» (1)
En los últimos años se ha profundizado la brecha entre ricos y pobres (2) como producto de un proyecto ideológico neoliberal que instrumenta la economía para perseguir fines políticos y sociales con concentración de saberes, riquezas y poderes en unos pocos comensales insaciables con exclusión de muchos espectadores hambrientos.
Resultante de este modelo es que el 80% del gasto mundial en salud se concentre tan solo en el 20% de la población, teniendo que arreglarse el 80% restante solamente con el 20% de los recursos (3).
De tal manera que los así llamados «grupos de riesgo» para enfermarse son en realidad modelos de fragilización social y esta ideología imperante los convierte de víctimas en culpables de su situación (4).
Esta culpabilización de la víctima operando moralmente los estigmatiza con el mensaje, ya clásico, que se «merecen» estar enfermos: por no trabajar, por no estudiar, por no cuidarse, en fin por no estar «a la altura» de los sanos, son » candidatos» a enfermarse (5).

Propuestas desde la medicina antropológica

 

Adhiriendo a la primera de las posiciones ideológicas mencionadas,  La medicina antropológica considera al enfermo como un ser somato-psico-socio-cultural (6-7) y la antropología médica crítica nos muestra el proceso salud-enfermedad-atención como un cosntructo social y a su vez su producto, analizando y mensurando lo histórico, lo ideológico, lo político, lo económico, lo social y lo cultural en la génesis de dicho proceso (8).
Nada es el azar – en palabras de Borges: «todo encuentro casual es una cita» – por lo tanto debe abordarse el mencionado proceso como la articulación entre construcciones sociales y médicas con relaciones hegemónicas, para problematizarlo de esta manera como un escenario político con desiguales relaciones de poder y un «campus» (en el sentido de Bourdieu) de disputa entre distintos actores sociales (9).
En este aspecto toda decisión política necesita un encuadre ideológico para el reconocimiento crítico de la construcción social de la normatividad con sentidos morales de control y estigmatización. También el mismo reconocimiento para las relaciones de poder que estructuran dicha construcción (10).
De tal manera los así llamados derechos de los pacientes, son en realidad derechos humanos en tanto que los enfermos son primariamente personas y como tales, en el sentido kantiano, tienen dignidad y no precio, son sujetos y no objetos, son fines en sí mismos y no medios.
Articulando política y ética, (Aristóteles decía: «La política es la arquitectónica de la ética») la Medicina Antropológica propone las siguientes pautas para un programa de salud: (11)

1.- Universidad:
En tanto la salud es un derecho humano principalísimo ninguna persona puede quedar excluida bajo ninguna circunstancia. No hay para esto excusas válidas, ni económicas, ni políticas, más en nuestro país que gasta en salud el 8% de su Producto Bruto Interno, alrededor de veinte mil millones de dólares, lo que aseguraría una cápita anual de seiscientos dólares por habitante y por año, de no ser por el sistema inequitativo y corrupto de distribución de recursos que impera en nuestro país. Si para muestra basta un botón, Costa Rica con una inversión de quinientos dólares menos per cápita, tiene la mitad de mortalidad infantil (2).
En la distribución de recursos debe citarse cualquier «focalización» que políticamente tienda a un clientelismo cautivo. Asistencialismo sin justicia es humillación.

2.- Igualdad
No hay una salud de mínimos y una salud de máximos; es como decir una salud «villera» y una salud «VIP». Toda persona, independientemente de su condición social, económica y cultural tiene derecho a la mejor calidad de atención. La misma siempre es de máxima, no hay poca salud o mucha salud, hay salud o no hay salud.
Muchas veces la atención primaria de la salud se convierte en una atención «primitiva» de la salud, con niveles mínimos e insuficientes de atención, invocando escasez de recursos.
Según el gasto que hemos mencionado para Argentina cabe preguntarse: ¿escasez para quiénes? ¿Para todos o para los desposeídos?

3.- Equidad
Siguiendo el segundo principio de la teoría de la justicia de John Rawls, la equidad en la distribución de los recursos debe ofrecer algo menos a los que de por sí tienen más, para de esta forma poder dar más a los que de por sí tienen menos. Más aún, siguiendo el tercer principio de la teoría en cuestión, el de la diferencia, ésta es éticamente aceptable si beneficia al más desposeído (12).
No se trata de robar a los ricos para darle a los pobres tipo «Robin Hood», pero tampoco como ocurre ahora «Hood Robin», sacarle a los que menos tienen para darle a los que poseen más. Nuestro sistema fiscal estructuralmente regresivo con el agregado del último «impuestazo», es un ejemplo elocuente de esa inequidad distributiva..

4.- Participación
La comunidad es nuestra auditora «natural» y como tal debe participar en todas las etapas de una política de salud, tanto en la planificación, como en la ejecución y en la evaluación.
Pero participar significa intervenir en la toma de decisiones, de no ser así es retornar a viejas propuestas materialistas y funcionalistas que no hacen más que cumplir funciones de control social, legitimación de la subalternidad y abaratamiento (13).
En la experiencia de Oregon, en USA, se demostró que cuando la gente decidía cómo distribuir los recursos en salud, no solamente éstos alcanzaron sino que aumentó sustancialmente el grado de satisfacción de los propios usuarios (14).

5.- Solidaridad
Esta deberá implementarse en tres niveles
a.- Nivel macro:
La solidaridad debe constituirse en una estrategia política para una redistribución equitativa del ingreso a fin de revertir la penosa e inmoral situación en nuestro país que en los últimos diez años fueron transferidos al 20% más rico treinta y cinco millones de dólares y sustraídos veinticuatro millones al 20% más pobre (15).
Se necesita una decisión política para revertir esta situación, por ejemplo implementar la Tasa Tobin en las transacciones financieras sin fines productivos, volcando ese producto en educación y salud.
Otro ejemplo: en nuestro país los impuestos que gravan la producción y el consumo representan el 11% del Producto Bruto Interno, mientras que los que gravan la renta y la riqueza personales son el 2% del mismo.
Revertir esta situación sería una estrategia política de la solidaridad, como también implementar un I.V.A. discriminado con valores muy bajos o nulos para consumos de primera necesidad y altos para objetos suntuarios
b.- Nivel meso
Promocionar y proteger las redes sociales con las organizaciones intermedias elegidas y constituídas democráticamente.
Esta participación comunitaria debe encararse en términos de control político, para superar lo reivindicativo y constituirse en el eje central de la transformación socio-cultural y económica (13).
Como profesionales y técnicos nuestras funciones deben ser de promoción, asesoría y supervisión de dichas organizaciones, absteniéndonos de todo tipo de control social o ideológico, respetando sus procesos de autonomía y de autogestión.
Aquí también se necesita una decisión política de invertir en el tercer sector ya que se ha demostrado que por cada millón de dólares invertido en industria pesada se generan treinta empleos, mientras que la misma cifra invertida en el sector social crea trescientos cincuenta puestos de trabajo (16).
c.- Nivel micro:
Incorporar la solidaridad en nuestra cotidianeidad, tratando a compañeros de trabajo y a enfermos con la misma (o más) diligencia, dignidad y respeto con que nos dirigimos a nuestros superiores.
Generar estrategias de oposición a las injusticias sociales desde los mismos sectores marginados, sin copiar estructuras coercitivas del poder.
En el sentido de Foucault se trata de no enamorarse del poder resistiendo a sus mecanismos de seducción (17).
Como trabajadores de la salud se nos presenta una nueva función, una función profética, esto es denunciantes de las injusticias como primer paso al camino de la justicia.
Durante años hemos confortado a los afligidos y debemos seguir así, pero agregando la función profética de afligir a los confortados.

Fuente: Dr. Francisco Maglio.

http://www.sama.org.ar/

1. en: García Canclini: «La Globalización Imaginada». Paidós, Buenos Aires, 1999.
2. Informe PNUD, 1998.
3. Informe «La salud en el mundo». OMS 1999.
4. Almeida Filho N.: «A clínica e a epidemilogia». Apce Abrasco, Rio de Janeiro, 1992.
5. Frankenberg R.: «The impact of HIV-AIDS on concepts relating to risk and culture within British community epidemiology: Candidates or targets for prevention. Soc Sci Med 1994; 38:10-15.
6. Meeroff M.: «Medicina Antropológica». Asociación Médica Argentina, Buenos Aires, 1992.
7. Meeroff M.: «Medicina Integral. Salud para la comunidad». Catálogos, Buenos Aires, 1999.
8. Menéndez E.: «Grupo doméstico y proceso salud-enfermedad-atención». Cuadernos Médicas Sociales 1992; 59: 3-18.
9. Grimberg M.: «Teoría, propuestas y prácticas sociales. Problemas teóricos metodológicos en Antropología y Salud». En: Alvarez M., Barreda V (comp): «Cultura, Salud y Enfermedad. Temas de antropología Médica» Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Buenos Aires, 1995.
10. Grimberg M.: «De conceptos y métodos: relaciones entre epidemiología y antropología». En: Alvarez M. (comp): «Antropología y Practica Médica». Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Buenos Aires, 1997.
11. Maglio F.: «Etica y Sida». Quirón 1997; 28: 86-88.
12. Gracia D.: «Qué es un sistema justo de servicios de salud?». En: «Bioética. Temas y Perspectivas» Oficina Panamericana de la Salud, Washington DC,1990 (pág 187-201).
13. Menéndez E.: «Participación social en salud como realidad técnica y como imaginario social privado». Cuadernos Médicos Sociales 1998; 73:5-22.
14. Brody H.: «Plan de reforma del sistema de salud americano». II Seminario Internacional del Programa Integral hacia la Calidad Total. Fundación Osde, Buenos Aires, 1995 (pág. 27-9).
15. INDEC, 1999.
16. Chomosky N.: «Política y cultura a finales del siglo XX». Ariel, Barcelona, 1994.
17. Foucault M.: «Las redes del poder». Almagesto, Buenos Aires, 1991.

Comentarios de Facebook

[fbcomments]

DEJAR UN COMENTARIO

Por favor ingresa tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí