Se consume un 13% menos de lácteos que hace 10 años

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Pasado el período de la teta, la mamadera y el primer vasito, los argentinos dejamos el consumo de leche en segundo plano. La merienda se saltea o se llena con una golosina y una gaseosa y como a la mañana se sale a las corridas, con suerte se desayuna un mate pelado o un café recién cuando se llega al trabajo. Este cambio de hábitos tiene su correlato: el consumo de lácteos cayó de 230,9 litros per cápita en 1999 a 202 litros en 2008, según estadísticas de la Secretaría de Agricultura: 13% menos en una década. 

A pesar de que las góndolas de los supermercados desbordan por la sobreoferta de leches enteras, descremadas y fortificadas, los nutricionistas advierten que el déficit es aún mayor: los chicos en edad escolar, los adolescentes y los adultos, consumen un 25% menos de la leche recomendada. 

El dato surge de un informe elaborado en el marco del Programa de Agronegocios y Alimentos de la Facultad de Agronomía de la UBA, en base a los datos de la Encuesta Nacional de Nutrición y Salud del ministerio de Salud de la Nación de 2007. La comparación entre lo que se consume versus lo que se debería consumir surgió de estadísticas para la Argentina de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y en estimaciones del programa de la UBA. Son 164 litros por año de leche y derivados cuando lo ideal sería consumir anualmente 219 litros. 

«Hasta los tres años no es un problema, pero a partir de los cuatro, y especialmente desde la edad escolar, el consumo de leche cae de manera notable. En la Argentina, a la pérdida de la costumbre de la merienda se suma el poco hábito de desayunar y eso opera como un reflejo: si el padre se toma un mate y se va a trabajar o se toma un café recién cuando llega a la oficina, ¿qué va a hacer el hijo?», dice a Clarín Sergio Britos, miembro del Programa de Agronegocios y Alimentos de la UBA, profesor de nutrición y Director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (Cesni). Según sus relevamientos, hasta los tres años los chicos toman tres vasos de leche -la cuota recomendable para esa edad- pero a partir de los cuatro baja a 2 vasos y a veces menos. Se estima que los adolescentes también consumen dos vasos diarios en lugar de tres.

«Hay un consumo bastante inferior de lácteos en todos los grupos de edad. En los chicos, es imprescindible porque aporta el calcio para terminar de constituir una adecuada estructura ósea, favorece la coagulación sanguínea y a la transmisión de información del sistema de nervioso. Además, ayuda a prevenir la obesidad del adulto», enumera Silvio Shraier, ex presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición y docente de la UBA. Y aunque muchos adolescentes la esquiven, verán su importancia con el tiempo: «Hasta los 20 años se adquiere la cantidad de calcio máxima con la que va a contar esa persona a lo largo de su vida. Si es una adolescente que consume poca leche va a tener poco calcio cuando tenga 50 y empiece la menopausia», dice. Una de cada 4 mujeres sufre de osteoporosis en la posmenopausia. 

Existiendo el mate, el café y el mate cocido, no es fácil encontrar adultos que incorporen el calcio que necesitan a diario: «Y deberían: el calcio, el magnesio y el fósforo de la leche son fundamentales para mantener en buenos niveles la presión arterial y favorecen la salud cardiovascular», avisa Shraier.

Si cuesta tomar agua, pensar en tomar tres vasos de leche por día puede parecer imposible. Lo esperanzador es que se le puede buscar la vuelta. «No es necesario que sea leche fluida. Por ejemplo, un vaso de leche y un yogur de 250 juntos equivalen a medio litro de leche. Se puede agregar un cuadradito de queso del tamaño de una cajita de fósforos y se completa el requerimiento diario. También sirven los flancitos, el puré de papas con leche, el queso derretido sobre la comida», dice Schraier. 

Y pese a que la sobreoferta en los supermercados haga creer que más que opciones saludables se ofrecen variables de marketing, los nutricionistas las consideran muy valiosas: «Hay muy buenos productos modificados que le agregan componentes benéficos. Por ejemplo, las leches fortificadas con hierro han significado una enorme contribución desde la industria para la prevención de la anemia por deficiencia de hierro», dice Britos. Las leches enriquecidas con calcio, además, permiten tomar menos de tres vasos y cumplir igual con el requerimiento de calcio diario. El mensaje, así, busca persuadir a quienes eligen el desayuno lavado y meriendan Coca: el consumo de leche no es cosa de chicos. 

 

 

Fuente: www.clarín.com

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