Sindrome de indefensión adquirida o de desesperanza inducida, una respuesta a la violencia.

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 El síndrome de indefensión aprendida (SIA)  o de «desesperanza inducida».

 La Indefensión aprendida, o adquirida, es una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil.  Como resultado de un proceso sistemático de violencia, la víctima permanece pasivo frente a una situación displacentera o dañina, incluso cuando dispone de la posibilidad real de cambiar estas circunstancias. A pesar de esto, son muchas las víctimas de maltrato condenadas a oír, cómo se les cuestiona por el hecho de creerles a sus victimarios  El desconocimiento de la complejidad en el tema, muchas veces impide nos comprender qué ocurre en la mente de aquellos sometidos a violencia recurrente. Los expertos refieren este síndrome como una «adaptación psicológica», una salida posible que encontraron las víctimas para procesar tanto dolor: Cuando se ha sufrido violencia – en todas sus manifestaciones – ciertas situaciones se presentan como «sin salida» y antes de intentar cualquier acción para revertirla, se asumen como tal, en pleno convencimiento de que nada ya puede hacerse para mejorar dicha realidad, que no hay otra salida… El más perfecto estado de la indefensión es aquel que conlleva la renuncia al intento mismo del cambio.

           Le creo, permito que me manipule…

           Me domina cuando me grita,

           pero también cuando me pide perdón…

          Tengo que dejarlo, pero no puedo…

            Nunca voy a poder …

           ¿Para qué intentarlo, para sufrir aún más?

             El perfil de quien cree

 Vale resaltar que no hablamos aquí de una persona que sufrió aisladamente un hecho de violencia. Sino, que por el contrario, la agresión y la mentira protagonizan su vida cotidiana. Sólo siendo concientes de la humillación que esto implica, entenderemos por qué les creen a sus victimarios y siguen a su lado.

 Indefensión aprendida: Tras fracasar en su intento por contener las agresiones, prevenirlas, evitarlas o alejarse de ellas; y en un contexto de baja autoestima – reforzado día a día por la incapacidad por acabar con esa situación- las víctimas asumen lo que les pasa como un castigo merecido. Nadie podrá ayudarlas a salir, ni a cambiar sus vidas.

 Una frase de la periodista Soledad Cruz expresa claramente esta idea: «Esto no hay quien lo tumbe, pero tampoco quien lo arregle».

 Pérdida del control: Consiste en la convicción de que la posibilidad de revertir la situación le es ajena, es una creencia infantil de que alguien decidirá por ella, con seguir y librarse de su agresor. Como ella nada puede hacer, frente a otro que todo lo puede, es mejor no intentar y esperar que todo pase.

 Baja respuesta conductual: Es tal el abatimiento, que ya dejó de buscar estrategias para evitar las agresiones. La tristeza tomó el timón de su barco y la pasividad es la respuesta a todo estímulo, tanto interno como externo.

Es probable que viéndolo desde afuera, califiquemos esta conducta como una aparente indiferencia; sin embargo, se trata de una defensa que le permite autoexigirse y culpabilizarse menos por las agresiones que sufre. Claro que el costo por utilizarla es muy alto: se anula su capacidad de revertir situación.  Llega a tal punto su adaptación, que se convence que merece vivir junto a quien la maltrata, e incluso lo justifica ante quienes le dicen lo desenmascare.

 La intermitencia de las agresiones y el paso constante de la violencia al afecto, refuerza las relaciones de dependencia, que empeoran cuando la dependencia lo es también económica. No olvidemos que las mentiras del agresor apuntan a convencerla de su amor, que todo lo hace por el bien de ambos y que sólo él podrá hacerla feliz.  Para dimensionar tal sometimiento, hay que destacar que la víctima llega a esa actitud, cuando a lo largo del tiempo, se han ocupado de destruir su autoestima, a través de métodos de lo más diversos: empleando el terror, los presagios de fracaso, el desaliento, la desconfianza de uno mismo y de los demás, la amenaza constante y todas las formas de división y sospecha.  La máxima expresión de este dominio, se da cuando la logran convencer «de que la vida no vale la pena», pues todo está perdido y nada ni nadie merece el esfuerzo por cambiar la historia.

Orígenes de SIA

 La Indefensión aprendida fue postulada por el psicólogo Martin Seligman . Él exponía a dos perros, encerrados en sendas jaulas, a descargas eléctricas ocasionales.

Uno de los animales tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga, mientras el otro animal no tenía medios para hacerlo. El tiempo de la descarga era igual para ambos, ya que la recibían en el mismo momento, y cuando el primer perro cortaba la electricidad, el otro también dejaba de recibirla. En cualquier caso, el efecto psicológico en ambos animales era muy distinto; mientras el primero mostraba un comportamiento y un ánimo normal, el otro permanecía quieto, lastimoso y asustado, con lo que la importancia de la sensación de control en el estado de ánimo parecía demostrada. Incluso cuando la situación cambiaba para el segundo animal, y ya sí podía controlar las descargas, era incapaz de darse cuenta y seguía recibiendo descargas sin intentar nada para evitarlo.

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 Rasgos de una Víctima de Maltrato

 •  Cree todos los mitos acerca la dependencia absoluta victima-victimario.

•  Baja autoestima.

•  Se siente culpable por haber sido agredida.

•  Se siente fracasadas en su esencia.

•  Siente temor y pánico a cualquier tipo de cambio.

•  No tiene control sobre su vida.

•  Buscan soluciones mágicas para sentirse mejor.

·          Tienen sentimientos encontrados: odia ser agredida pero cree que lo hacen

Por su propia culpa, pues lo merecía.

•  Cree que nadie la puede ayudar a resolver su problema.

• Cree en la superioridad absoluta de su agresor .

 

Fases del Síndrome de Indefensión Adquirida

 

1 -Desencadenante, provocada por los primeros malos tratos;

2-De Reorientación, la víctima no tiene redes sociales y está aislada;

3- De Resistencia Pasiva, donde se autoinculpa asumiendo el modelo mental

Del compañero;

4- Adaptación, ya no tiene fuerzas ni recursos psicológicos para salir de la

Violencia y suspende todo juicio crítico sobre el maltratador, adaptándose a

la situación para salvar su vida o la de sus hijos.

De este estado, no se sale sin asistencia psicológica y gran apoyo social.

 Es así como la fortaleza de los poderosos, se construye en la impotencia de quienes le delegaron ese poder.

 El manipulador nos miente y, en tanto le creemos, permitimos que siga dominándonos.

Sin embargo, cuando el mentiroso toma confianza y nos cree inofensivos; olvida un detalle clave: Una persona acorralada, llega a un punto tal, donde no le queda nada por perder.  La debilidad se transforma en fortaleza y allí logra cambiar su historia.  Como en una partida de Ajedrez, un peón se convirtió en dama y se animó a gritar «Jaque al Rey».

amor

 

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6 COMENTARIOS

  1. En Baradero Uds. tienen a una excelente psicóloga que es especialista en este tema, la LIC. NANCY DUCRET. Realmente sabe mucho. Aprovechenla.
    Mi saludo a toda la gente de esa linda ciudad y mi respeto a esa gran profesional que es la Lic. Ducret.

  2. !!TENIAMOS A ALICIA FARIAS EXCELENTE PROFESIONAL EN EL TEMA,PERO SABEN QUE EL SR INTENDENTE PREFIEREN AHORRAR PRESUPUESTO PARA LA CAMPAÑA..HAY TANTA VIOLENCIA FAMILIAR EN BARADERO QUE NO SE CONOCE SOBRE TODO EN HOGARES HUMILDES,UNA PENA QUE NADA FUNCIONE…SUSANA ARIAS.

  3. Me parece estupendo el artículo. Deseo ver la posibilidad de intercambiar comentarios al respecto con el autor (a), ya que estoy terminando mi trabajo de tesis doctoral en educación acerca de La Reeducación de la Jefa de Familia, como factor para reducir la pobreza.

  4. Esta teoría fue investigada y desarrollada por el psicólogo Martín Seligman, quien realizó experimentos con dos perros en una jaula, a los que se les daba choques eléctricos. Uno de ellos, tenía la posibilidad de cortar la corriente, con un golpe de hocico; el otro, no. El primer perro, mantuvo la alerta y la energía, mientras que el otro, vivió asustado, nervioso y cayó en una depresión. Su actitud fue de completa indefensión, aun cuando cambiaron las condiciones y ya tenía la posibilidad de cambiar la situación.Seligman, Martin (1991). El optimismo es una ventaja y un placer que se adquiere. Buenos Aires. Atlántida.Se le conoce principalmente por sus experimentos sobre la indefensión aprendida y su relación con la depresión. En los últimos años se le conoce igualmente por su trabajo e influencia en el campo de la Psicología positiva.

    Desde finales de 2005, Seligman es director del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania.
    El articulo-que es informativo-lo fui construyendo en base a lo encontrado por internet, y en base a comentarios de una «sobreviviente» que me alcanzó por escrito sus experiencias y quien me hizo buscar información sobre tal sindrome.Deberías conectarte con algún especialista de psicología para profundizar.

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