Sobre Arqueología de la Ausencia

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Sobre Arqueología de la Ausencia

Por Diego Genoud
Las fotos delatan el paso de un tiempo arrasador. Parecen haber sobrevivido a algún terremoto. Están ajadas, quebradas, rayadas, reconstruidas. Se resisten a dejar de ser, a desaparecer. Ahí están, a pesar de todo, esas fotos. Subsisten aunque no ilesas. Y ese barro es justamente lo que les otorga su potencia.
Ahora, padres e hijos se miran de reojo; ahora miran juntos hacia algún rincón; ahora se desconocen y desconfían. A través de las miradas entablan un nuevo, incipiente diálogo visual. Es un diálogo sin testigos ni intrusos pero con interferencias, con ruido. No terminan de entenderse esas dos generaciones. Un tornado los separa. Se miran desde las orillas de tiempos distintos. El terrorismo de Estado quiso imponer un abismo entre ellos. Pero las fotos (y no sólo ellas) suturan esa distancia en forma de un puente que todos los días se edifica.
Llaman esos padres con su mirada y fingen los hijos estar ahora ellos construyendo su propio tiempo.
Las fotos parecen húmedas, son hallazgos de un tiempo perdido. Nos ligan a ese tiempo, nos conminan a visitarlo. Queremos saber de aquel tiempo que a su vez no deja de interpelarnos.
Y a la vez, nos hablan de un momento, de un instante que remite a una época. ¿Están esos padres iniciando un camino sin saberlo? ¿Son conscientes ya a esa altura de la empresa en la que se embarcan? ¿Están a minutos del final? ¿Qué piensan… de la vida, de la lucha, de sus hijos? ¿Qué esperan? ¿Qué ansían? ¿Qué descartan? ¿En qué foto no se imaginan? ¿Que situación no conciben afrontar?
Miran los hijos como pidiendo explicaciones.
Se carga Verónica la estampa de su familia. Saca pecho y mira al futuro, con ellos detrás. ¿Los cubre? ¿Se adelanta a ellos? ¿Los contiene?
Laurita mira y es testigo de lo que no fue. Juzga con la mirada. Se confunde con ese otro tiempo que también la contempla
Paula sabe que su padre esta ahí atrás. Lo muestra con su gesto. Lo percibe y piensa en esa cercanía imposible; en ese juego que es posibilidad y es frustración. Ese juego que no lo es tanto. Ella y su padre están quietos. La inminencia sobrevuela la imagen. Algo va a pasar… o acaba de pasar.
La foto sorprende a Demian y a su viejo. Uno toma mate, el otro se prepara. El flash los desconcentra, los llama, los fusiona y los iguala. Los pone a mirar hacia el mismo norte.
Lucila mira con una mezcla de paranoia y temor. Sabe también que algo va a pasar. Ahí está Carlos, su padre, sonriendo. No puede Lucila advertir sobre lo que sabe inevitable. Carlos transmite confianza en su propia certeza. Sonríe con convicción.
Hay otra foto que los muestra juntos. Es una foto carnet. Carlos tiene cara de trámite, de rutina. Quiere terminar con eso y salir a la vida, a continuar con lo suyo. Lo están esperando para una reunión y se hace tarde. Lucila, en cambio, vuelve a aparecer violentada por la presencia de una cámara que la identifica, la vigila, la domestica. Para ella, la foto representa dispositivos de control e inminencia de castigo. Para su viejo, pura burocracia.
Guille mira con sorpresa, casi tratando de contener el flash que se le viene encima, se abalanza sobre ella. Su padre no hace lo mismo. Él elige qué y cómo mirar, posa su mirada en una lejanía que se acerca, que no es imposible de alcanzar. El padre sabe que (más temprano que tarde) llegara a ese lugar donde ahora, en el momento de la foto, sólo se asoma la confianza.
Las fotos han tomado partido en la lucha por el sentido. Gatillan una y otra vez contra los muros del olvido. La memoria de las imágenes se filtra entre las grietas de la oscuridad y se impone. Se burla del temporal que aseguraba haber arrasado con todo y para siempre. Hijos y padres sonríen desde las fotos. ¿por qué lo hacen? ¿será que intuyen haber burlado eso que algunos llaman destino?
Más de 25 años después, millones hicieron añicos los cristales de un espejismo y dieron a luz otro tiempo en las calles. Hubo un estruendo, una develación. Los que pretenden ver a la historia clausurada están incómodos. Por eso vuelven a hablar el lenguaje de la muerte, el único que conocen. Pero el nuevo tiempo no se lleva bien con la quietud. Las paredes gritan ¿que venga lo que nunca ha sido ¿Y vuelvo a pensar que sólo desaparece lo que no deja huella.

Diego Genoud

Periodista del diario Critica de la Argentina

Gracias Alejandra Erb, por tu aporte

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10 COMENTARIOS

  1. excelente foto…cuando las palabras dicen lo justo!!!!!!!felicitaciones Diego

  2. espectacular lo tuyo diego…dieguito genoud es uno de los periodistas baraderenses que debe enorgullecernos. leo todas sus notas en el diario de lanata, y sinceramente cada vez lo admiro mas. es un capo escribiendo. excelente tu trabajo diego, a seguir por este camino (y no le pierdas pisada a los kk).

  3. También está los sábados de 9 a 13 hs. en Radio Del Plata con Quique Pesoa.
    Muy buen programa, aunque él no aporta mucho.
    Saludos.

  4. siempre leo las notas de Diego Genoud, me parecen propias de un impresionante profecional.

  5. Valiente y culto, determinado y seguro, siempre con las palabras justas.
    Es lo bueno de no tener que pagar facturas y de tener la libertad de una conciencia limpia y clara.
    No lo conozco muy bien a Diego, pero su claridad habla a las claras de un gran periodista.
    Saludos

  6. coincido que Diego es un verdadero Capo, buen periodista y mejor persona. Pero estoy en total desacuerdo con todo lo que dicen Tachuela y el muerto.

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