Un día como hoy, Onganía era reemplazado por Levingston

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Llevaba casi cuatro años conduciendo el país el teniente general Juan Carlos Onganía cuando fuera depuesto el 8 de junio de 1970 por el mismo partido militar que lo había entronizado como presidente de facto el 29 de junio de 1966 tras el golpe de estado que destituyera al primer magistrado constitucional, el radical cordobés Arturo Umberto Illia.

Onganía, quién fuera reemplazado por el también general Roberto Marcelo Levingston, había nacido el 17 de marzo de 1914 en la localidad bonaerense de Marcos Paz, tenía fama de militar democrático por haberse opuesto en 1963 al derrocamiento del presidente José María Guido con lo que facilitó la elección de la que resultó electo Illia.

Juan Carlos Onganía

Su alejamiento dispuesto por el Ejército estuvo ligado a la serie de protestas públicas que alcanzaron su cenit el 29 de mayo de 1969 con el estallido de “El Cordobazo” cuyo primer efecto sobre el gobierno nacional fue el alejamiento del entonces ministro de Economía, Adalbert Krieger Vasena en un marco de enorme rechazo popular a la dictadura cívico-militar.

Había iniciado su carrera militar en 1931 y luego de su prolongada trayectoria cuando en 1962 siendo comandante de la guarnición de Campo de Mayo encabezó la fracción de los “azules” que frustró la intentona de los “colorados”, entre los que la Armada tenía un gran peso, y así Guido pudo convocar a elecciones nacionales.

En virtud de haber frustrado el golpe Onganía fue designado por el propio Guido como comandante en jefe del Ejército. Si bien aparecía como una suerte de simpatizante del peronismo y por ello se opuso a la frustrada operación de los “colorados”, tiempo después, ya ejerciendo la presidencia, firmó el decreto que proscribiera al Partido Comunista.

Cuando Illia llegara al gobierno gracias al apoyo de fuerzas minoritarias que le dieron sus votos en el entonces Colegio Electoral, Onganía comenzó a alejarse progresivamente de las políticas oficiales y así en noviembre de 1965 renunció a su cargo siendo reemplazado por el general Pascual Ángel Pistarini, pasando a retiro. Se dice que lo hizo para preparar el golpe.

Concretado el mismo bajo la denominación de “Revolución Argentina”, el 8 de julio se oficializó la justificación del derrocamiento de Illia. En el “Acta de la Revolución” se dio a conocer el programa de pasos a seguir por las nuevas autoridades apoyadas por diferentes sectores políticos, entre ellos los que varios años después crearan el Frente para la Coincidencia Patriótica.

Levingston

Su permanencia en el cargo durante cuatro años fue la segunda más prolongada entre los gobiernos de facto. La primera, durante cinco años, fue la del teniente general Jorge Rafael Videla, entre el 24 de marzo de 1976 y el 29 de marzo de 1981, quién tras destituir a la peronista riojana María Estela Martínez implementó el terrorismo de estado que generó 30.000 muertes.

Al explicar Onganía a la población las razones del golpe señaló: “Argentinos, he asumido el cargo de Presidente de la Nación que las Fuerzas Armadas han coincidido en conferirme, con brevedad de la circunstancia nacional que nos impone obligaciones inexcusables. Acepto ésta responsabilidad excepcional persuadido de que es menester producir en la República un cambio fundamental, una verdadera revolución que devuelva a nuestros argentinos su fe, su confianza y su orgullo”. Un argumento cuyo final tiene coincidencias con dichos gubernamentales más recientes.

A poco de asumir, entre sus “cambios fundamentales”, el 29 de julio de 1966 reprimió duramente a los universitarios, tanto alumnos como docentes, de la Universidad de Buenos Aires que se oponían a dar marcha atrás con la Reforma Universitaria vigente desde 1918. “La noche de los bastones largos”, como se recuerda la brutal represión, provocó una fuga de cerebros del país.

Los hechos más violentos generados por las fuerzas policiales se produjeron en las facultades de Ciencias Exactas y Naturales y de Filosofía y Letras. Se destruyeron bibliotecas y laboratorios y fueron detenidas unas 400 personas. La “fuga de cerebros” hizo que centenares de científico optaran por el exilio.

No solamente el ataque a los universitarios o la posterior proscripción del comunismo constituyeron los efectos de la patente antipopular, y sobre todo anti izquierda, de una deformada visión del catolicismo detentada por Onganía y varios de sus acompañantes. También el arte sufrió las consecuencias de la misma.

Entre sus prohibiciones estuvieron las representaciones del ballet “El mandarín maravilloso” del compositor húngaro Béla Bartók, nacido en Rumania como Béla Viktor János Bartók y también de la “Consagración de la primavera” del ruso Ígor Fiódorovich Stravinsky. Quizá fundamentado ello por sus orígenes étnicos ya que eran oriundos de países socialistas aunque terminaron falleciendo en los Estados Unidos de América.

También los argentinos Alberto Ginastera y Manuel Mujica Lainez fueron víctimas de sus censuras cuando se prohibió en el Teatro Colon de la hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires la ópera “Bomarzo”, ya estrenada en Washington. Y tampoco se salvaron el cine al impedirse la exhibición de “Blow Up”, un filme del italiano Michelangelo Antonioni, ni el teatro, varios de cuyos espectáculos programados no fueron autorizados, algunos de ellos en el Instituto Di Tella.

Cuando Onganía se refirió a los pasos a seguir dijo que primero iba a estar el “Tiempo económico”, luego el “Tiempo social” y finalmente el “Tiempo político”. Sus cuatro años estuvieron concentrados en el primero y así, las reacciones populares que reclamaron por el segundo provocaron su caída y una aceleración posterior que devino en las elecciones y la llegada del peronista Héctor José Cámpora a la presidencia el 25 de mayo de 1973.

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