Un tercio de los chicos de 2 años padece anemia

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La Argentina es uno de los pocos países por debajo del ecuador que puede exportar alimentos y energía. La disponibilidad promedio de energía es de 3200 kilocalorías diarias. Sin embargo, las estimaciones indican que uno de cada tres menores de dos años padece deficiencia de hierro, es decir, anemia.

Según datos de 2008 publicados por el Ministerio de Salud de la Nación, cada año nacen en el país 50.000 niños con bajo peso y alrededor de 174.000 con un peso que la Organización Mundial de la Salud considera insuficiente.

De hecho, una revisión de los problemas nutricionales de la niñez que ayer presentó el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil Doctor Alejandro O´Donnell (Cesni) muestra que el promedio del peso de nacimiento descendió 30 gramos en la última década. La cifra parece minúscula, pero hoy se sabe que puede condicionar el desarrollo cognitivo e incluso la salud de esos individuos muchas décadas más tarde en la vida…

«El hambre es urgente y exige dar comida, pero dar comida no implica resolver los problemas nutricionales -explicó durante su exposición el doctor Esteban Carmuega, nuevo director de esta ONG, la de más larga trayectoria en el país-. Esta distinción es importante a la hora de trazar políticas públicas y comprender la problemática que afecta el futuro de nuestros niños.»

Los últimos datos disponibles indican que entre el 7 y el 23% de los nacimientos en la Argentina tienen un peso insuficiente para un desarrollo adecuado.

«El 7% de los bebes nace con bajo peso -dijo Carmuega-. Esto quedará grabado como una cicatriz con consecuencias sobre la salud futura de esos individuos. Hay un 23% que nace con menos de 3000 gramos, un peso que para los más pequeños puede ser normal, pero que en la mayoría evidencia un crecimiento gestacional subóptimo.»

El dato no es intrascendente. Diferentes estudios de cohortes muestran un niño que nace con menos peso tiene hasta diez veces más riesgo de morir en los primeros diez años de vida. «Más del 60% de la mortalidad de la última década se concentró en los niños de menos de 2500 g -detalló el especialista-, es decir que se origina un enorme costo social y un incalculable costo familiar por un problema que puede prevenirse perfectamente durante la concepción y los primeros años de vida.»

Origen y destino

Una frondosa literatura sobre el tema indica que una vez que un bebe nace con bajo peso tiene, en promedio, cinco kilos menos de fuerza en sus manos, cinco puntos menos de capacidad cognitiva, cinco puntos menos de altura… «Esta es la cicatriz que lo acompaña y que de alguna forma define gran parte de su vida», subrayó Carmuega.

Trabajos de numerosos investigadores, entre los que sobresalen los de David Barker sobre la trascendencia de la nutrición en los primeros meses de gestación, muestran que ésta puede definir una cantidad de parámetros fisiológicos y metabólicos posteriores. Por ejemplo, la capacidad de adaptacióna a disipar la energía o acumularla en forma de grasa, explicó Carmuega. «Sabemos que los niños que nacen con bajo peso pierden parte de esa flexibilidad y tienen más riesgo frente a excesos en la alimentación», detalló.

Esto explicaría por qué la mortalidad cardiovascular, la hipertensión, y el accidente cerebrovascular son un 50% más frecuentes en los niños que han tenido bajo peso de nacimiento y sobreviven hasta los 40 o 50 años de edad. «Es curioso -destacó-, porque gran parte de la actual inversión en salud se dedica a tratar estas enfermedades que hubieran sido prevenibles con sencillas medidas bien orientadas.»

Para determinar las prioridades de inversión conviene tener en claro que el 27% del riesgo de padecer bajo peso de nacimiento depende de que la madre haya llegado muy delgada al comienzo del embarazo. El 8%, a que haya fumado, el 15%, al poco progreso de peso durante el embarazo. «Cuando una niña no crece adecuadamente por desnutrición crónica, su capacidad de gestar niños de bajo peso al nacer es mayor y la desnutrición se transmite transgeneracionalmente», subrayó Carmuega.

Mente y cuerpo

El bajo peso de nacimiento también condiciona otra enfermedad nutricional, que es el retraso crónico de crecimiento. Según datos de la última encuesta de nutrición, 200.000 chicos pueden estar afectados por este problema, que se evidencia en retrasos en la talla que pueden sumar 6 cm en total, o 3 cm a los seis años. Es la expresión de carencias de nutrientes que se derivan tanto de la cantidad como de la calidad de la alimentación.

«La anemia es la más emblemática de estas deficiencias -afirmó el especialista-, afecta a uno de cada tres menores de dos años e implica graves consecuencias sobre su desarrollo intelectual, su capacidad de defensa frente a las infecciones y su capacidad de trabajo muscular. Pero también se registran deficiencias de otros nutrientes, como el ácido fólico, el cinc, la vitamina A…» Una lamentable estadística muestra que mientras en la Argentina uno de cada tres lactantes es anémico, en Chile esto ocurre en aproximadamente uno de cada veinte chicos.

Distintas intervenciones realizadas en la región muestran que no hay una receta única para superar inequidades nutricionales y sociales, y que generalmente se requieren distintas estrategias complementarias y adaptadas a cada ciclo de la vida materna e infantil. Dijo Carmuega: «Se sabe lo que hay que hacer, el problema es cómo llevarlo a la práctica». Y agregó: «La mala nutrición no sólo es consecuencia, sino también causa de la pobreza».

Para los chicos, no abusar del mate
 
Que en el país con mayor consumo per cápita de carne roja los chicos tengan deficiencias de hierro es otra de las paradojas nacionales. Aunque se lo atribuye a varias razones, como medida práctica los especialistas aconsejan no abusar del mate sin leche: los taninos inhiben la absorción de este micronutriente esencial para el desarrollo del sistema nervioso.

La deficiencia de hierro es, la causa más frecuente de anemia en el niño.Según la encuesta Nacional de nutrición y salud, en Argentina, presentan anemia 16% de los menores de 5 años, 35%  de los niños de 6 a 24 meses de edad y un 20% de las mujeres en edad fértil. Esta prevalencia varía según a región del país, como por ejemplo en el noroeste Argentino, la prevalencia de anemia en menores a 2 años llega al 46%.

Un estudio sobre prevalencia en niños de anemia ferropenia realizado en el Gran Buenos Aires mostro que un 60% de los menores de dos años presentaban déficit de hierro y un 47% estaban anémicos; en el mismo grupo etario, en el Chaco, las cifras alcanzan un 66%.

El aporte de hierro en los primeros meses de vida ( y hasta los 18 meses) es fundamental para lograr concentrar las reservas del mismo y evitar la presentación de la anemia, y depende fundamentalmente del consumo dietario y de una adecuada profilaxis que la indica el pediatra a partir de los 4-6 meses según los antecendetes clínicos del niño y su peso o edad gestacional al nacer, como también a su alimentación.Es conocida la participación de la incorporación temprana de fórmulas artificiales que se fabrican a partir de leche de vaca modificada, como causa de pérdidas intestinales de hierro y mala absorción del mismo, por lo cual, la lactancia sigue siendo un factor nutricional protector de la misma.

Como dice el artículo anterior, existen alimentos en la dieta que compiten con el hierro y hacen que no se absorva adecuadamente, como por ejemplo los taninos que se encuentran en los tes y yerba mate.

Ya  se conoce el impacto sobre el desarrollo intelectual y la capacidad cognitiva del niño ante la falta de hierro y la anemia carencial, alteraciones que son irreversibles, que dificultarán el normal aprendizaje en su futuro y que, con un control mensual adecuado por parte de su médico puede prevenirse.

Fuentes: Intamed Noticias y Encuesta nacional de nutrición Ministerio de Salud de la Nación. 2006

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