Veredas ocupadas: Con todo tipo de obstáculos, es difícil caminar

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Artículo publicado por Clarín y enviado por Mario

 

Salvando la distancia, si recorremos nuestra ciudad, nos encontraremos con una gran cantidad de comercios que ocupan sus veredas para colocar la mercadería que venden, caso verdulerías, ventas de motos, juguetes,  etc. y en algunas veredas, donde los vecinos plantan plantas que no son aptas para el lugar y llegan a obstruir el paso de la gente, que debe bajar a la calle para seguir su camino. El Municipio debe tener reglamentado como en cualquier ciudad normal, (como lo tiene Bs. As. de acuerdo a lo que dice el artículo del diario) la ocupación de un espacio público como son las veredas. Puede ser material de investigacion. Te dejo la inquietud. Uds muchas veces han conseguido lo que los ciudadanos comunes no hemos podido. Gracias 

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Veredas ocupadas: Con todo tipo de obstáculos, es difícil caminar

 

 

Pese a que no está permitido, los comerciantes invaden las veredas. Hay venta callejera ilegal, obras en construcción y hasta vecinos que las ocupan. Y nadie paga las multas.

 

Por: Silvia Gómez

Las hay anchas y angostas. Anchas como las que recorren Avenida del Libertador, en Palermo, o angostas como las que caracterizan a las del Microcentro. Hay veredas arboladas y otras deforestadas. Como las de Senillosa, en Caballito, en donde los árboles, altos y frondosos, casi se tocan las copas de lado a lado de la avenida. O las de San Telmo: allí los árboles se cuentan con los dedos de la mano. Hay muchas que están deterioradas, como las de los barrios del sur de la Ciudad, con Parque Patricios a la cabeza; y otras que son un sueño, como las de Puerto Madero. Y por algunas pasó el «Haciendo Buenos Aires»: entregaron las baldosas para mostrar un revestimiento que luce como si no tuviera terminación, un cemento cepillado, ordinario.

 

Pero indistintamente de su tamaño, aspecto y ubicación, hay algo que las identifica: son la pista de una carrera de obstáculos. Aquí y allá están regadas de maceteros gigantes, mesas y sillas, motos y bicicletas de delivery, todo tipo de artículos a la venta -desde colchones, verduras y frutas, hasta inodoros y autos-, cajas de tendido eléctrico y telefónico, puestos de flores, diarios y paradas de colectivos con una medida desproporcionada, artesanos y manteros, músicos, entre otras cosas y personas. Además sirven de extensión para algunas actividades comerciales, por ejemplo, lavaderos de autos, concesionarias, talleres mecánicos y obras en construcción. Y por estos días son, además, el escenario propagandístico preferido por los políticos. Los partidos diseminaron en las esquinas las típicas mesas y sombrillas con folletería proselitista que terminan, justamente, tapizando las veredas.

 

Unos y otros se disputan el espacio público. Los comerciantes por un lado y los peatones por el otro. En una recorrida por la Ciudad Clarín realizó un registro fotográfico de algunos de los ejemplos que se repiten en todos los barrios y centros comerciales. Ejemplos que no pasan desapercibidos para nadie.

 

«No existe ninguna ley, ni permiso, ni ordenanza de ningún tipo que le permita a los comerciantes invadir las veredas. Se trata lisa y llanamente de una ocupación indebida del espacio público. En muchos casos es escandaloso», le dijo a este diario Alicia Pierini, la Defensora del Pueblo de la Ciudad. El máximo responsable de lo que sucede en las veredas de la Cuidad es el ministro de Ambiente y Espacio Público, Juan Pablo Piccardo. En una entrevista con este diario analizó: «Durante años hubo un abandono de las autoridades respecto al control. Mejor dicho, fueron cómplices de esta situación. Distintas áreas del gobierno tenían injerencia sobre el mismo tema y esto terminaba por diluir los controles. Así los vecinos y los comerciantes avanzaron sobre las veredas para sacar provecho».

 

Ahora, con una única base de datos, este ministerio recibe 1.820 reclamos mensuales y destina casi 40 inspectores específicamente para este tipo de faltas. Y, organizados por cuadrillas, un total de 110 inspectores recorren, cada cuatro meses, todas las calles de la Ciudad. Para Piccardo son suficientes: «Lo importante es que tengan presencia, que los comerciantes y los vecinos sepan que en tres o cuatro meses ese inspector vuelve».

 

En las veredas porteñas hay 2.300 quioscos de diarios habilitados. El 10% está en infracción, porque ocupan más lugar de lo que les corresponde. Y alrededor de 160 puestos de flores, de los 800 que existen, también están en falta por copar las veredas. Otro factor de ocupación son las mesas y sillas de los bares y restaurantes.

 

San Telmo, Las Cañitas, Palermo y Caballito son algunos de los barrios en donde los vecinos tienen que caminar sorteando estos obstáculos: «El barrio está descontrolado. Y con la ampliación de las veredas tenemos miedo de que las mesas y las sillas terminen adueñándose de todo», le contó a Clarín Alejandra Rodríguez, de Las Cañitas. Junto a un grupo de vecinos presentó una queja ante la Comuna para denunciar los problemas de convivencia que genera este polo gastronómico.

 

Respecto a mesas y sillas, la ley es muy clara: las mesas rectangulares no pueden tener más de 75 cm x 50 y el diámetro de las redondas no puede superar los 60 cm. Si la vereda tiene un ancho de entre 3 y 4 metros sólo se puede colocar una hilera de mesas con dos sillas y nunca pegadas a la línea de edificación. Es decir, entre la vidriera y la hilera de mesas tiene que haber 1,80 metro. Otro detalle: si el local tiene toldo, no puede colocar parasoles o lonas, tipo carpa. El gobierno tiene otorgados 2.800 permisos para la colocación de mesas y sillas y alrededor del 30% están en infracción. En los últimos meses decomisaron 8.900 mesas y sillas.

 

«Para que el control sea efectivo tienen que haber mecanismos de concertación. Además de los inspectores, los vecinos tienen que protestar en donde corresponda. Más allá de que el control es una función indelegable del Gobierno, la proximidad de los vecinos es la clave», opinó el arquitecto y urbanista Andrés Borthagaray, director de proyectos para América Latina del instituto Ciudad en Movimiento. Y ubica el conflicto en la riqueza de opciones que ofrecen las veredas y en su atractivo: «El uso de las veredas está en los genes de las ciudades. Tenemos que lograr que todos los usos convivan armónicamente. El equilibrio es difícil, pero se puede lograr», aseguró.

 

Otro problema en las veredas son los vendedores callejeros. «El Gobierno tiene responsabilidad directa sobre este tema. Por un lado están los artesanos, que van a seguir en las calles si no reciben contención social y laboral. Y por otro lado está la venta clandestina. A esta última hay que decirle, no, nada, nunca. Simplemente hay que combatirla y el brazo de aplicación es la Policía Federal. No puede ser una excusa no tener policía propia», opinó Silvana Giudici, diputada de la UCR y ex secretaria de Control Comunal.

 

Otro problema que termina por habilitar este tipo de faltas es que, pese a que los comerciantes reciben las multas, no las pagan. No funciona como con las infracciones de tránsito, que hay pagarlas para renovar el carnet de conducir o para vender el auto. Sin esta contrapartida, hacen oídos sordos.

 

Fuente: Clarín.com

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