Formula K

0
31

formulak-640x480

Imagínese nuestro fútbol sin Boca ni River. O un Mundial sin Brasil ni la Argentina. Así está la Fórmula Uno hoy, al borde de una escisión histórica, cerca de un crash sin antecedentes, y con la firme posibilidad de que Ferrari, McLaren-Mercedes, Toyota y Renault dejen de competir en un torneo que, a 60 años de su creación, camina por la cornisa y vive su momento de mayor incertidumbre.

¿Qué tipo de Fórmula 1 vendrá a la Argentina el año que viene, siempre y cuando se cumpla el pavoneo del Gobierno? ¿La F-1 glamorosa y épica, la misma que forjó a mitos del deporte internacional como Juan Manuel Fangio, Ayrton Senna o Michael Schumacher, o un remache de equipos menores y pilotos secundarios, apenas conocidos por el gran público? Gran parte de la respuesta se sabrá este fin de semana en Montecarlo, en especial hoy, cuando se reúnan los principales dirigentes de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) y los propietarios de las automotrices. El lugar del encuentro dice mucho: será en las aguas del Mediterráneo, a orillas del principado, en el mismísimo yate de Flavio Briatore, el dueño de Renault. Tantos millones de dólares en juego, por supuesto, no se permitirían un escenario menos aristocrático.

El estallido surgió este año, cuando la FIA, sensible por la crisis económica internacional, intentó imponer de cara a 2010 un presupuesto anual máximo de 60 millones de dólares por escudería. Ferrari, por supuesto, se negó: cada año, los italianos gastan 250 millones. ¿Cómo mantener vivo a un gigante del deporte mundial con una cuarta parte del presupuesto actual? Imposible. Los dueños de Ferrari aseguran que su marca es tan omnipotente como la Fórmula Uno. Que sin Ferrari, la F-1 no sería F-1. Y razón, probablemente, no les falte. Pero, por lo pronto, lo que seguro no le falta a Ferrari es el apoyo de las otras grandes potencias, que ya se enfrentaron a la FIA y tampoco quieren un Mundial pobre: en este 2009, Toyota gastará 275 millones de dólares, Renault llegará a 200 y Brown anda por los 110. ¿Cómo bajar el presupuesto en más de un 75 por ciento? ¿Es posible? ¿O estaríamos ante el surgimiento de otra categoría, totalmente distinta de la actual F-1?

Por supuesto, no sólo los equipos gastan fortunas. También los países que intentan formar parte del fixture mundial desembolsan millones y millones y más millones para recibir cada año a las Ferrari, los Williams y los McLaren. No es casual, entonces que desde hace pocos años la F-1 haya empezado a ser realmente mundial, y no sólo occidental: antes, el 75% de las carreras se corrían en Europa. Ahora Asia, a fuerza de dólares, empezó a equilibrar esa cuenta. En 2009, por ejemplo, la temporada ya se corrió por los circuitos y las calles de Australia, Bahrein, Singapur y China, y recién hace 15 días empezó a competir en Europa.

Si se tiene en cuenta que la Argentina debe construir un autódromo, ya sea cerrado o callejero, los números a los que se enfrenta la administración Kirchner son escalofriantes. Vean cuánto gastaron los circuitos más flamantes del mundo, en los que ya se corre la Fórmula Uno: Shanghai gastó más de 300 millones de dólares en hacer su autódromo. Singapur, que tiene uno callejero como el que supuestamente se hará en Mar del Plata, invirtió cerca de 200 millones de dólares. Y en Bahrein y Malasia desembolsaron 150 millones, por separado.

Si es verdad que para construir un callejero en Mar del Plata hacen falta 50 millones de dólares –como estima el Gobierno–, estaríamos hablando del circuito más barato de la F-1. Si es que en 2010 todavía existe la F-1 como la conocemos hasta ahora, claro.

www.criticadigital.com

Comentarios de Facebook

[fbcomments]

DEJAR UN COMENTARIO

Por favor ingresa tu comentario
Por favor ingresa tu nombre aquí